Dominio público

¿Cree Barack Obama en la ONU?

RICHARD GOWAN

Tras su comparecencia de hoy en la Cumbre de los Objetivos del Milenio, el presidente de EEUU, Barack Obama, se dirigirá mañana jueves a la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero, diga lo que diga, sus críticos argumentarán que no ha conseguido defender la soberanía de EEUU en la ONU.
Los conservadores opinan que el talante diplomático de Obama es una simple cuestión de imagen. Tras su aplaudido discurso ante la ONU del año pasado, el republicano John Bolton declaró que hablar de cooperación internacional era un "símbolo de la debilidad estadounidense". Ataques como este pueden gustar al Tea Party, pero demuestran un gran desconocimiento acerca de la política exterior de Obama. El presidente cree en una teórica cooperación multilateral, pero en Washington es un secreto a voces que las conferencias internacionales le aburren soberanamente.
Mientras el cuerpo diplomático norteamericano ha hecho enormes esfuerzos por mejorar su imagen en la ONU, la Administración de Obama ha realizado una aproximación demasiado pragmática a la organización, presionando en busca de apoyo a sus prioridades. La más obvia, nuevas sanciones a Irán. Sin embargo, el equipo de Obama ha demostrado estar listo para relegar, o simplemente ignorar, a la ONU cuando lo considere necesario. En asuntos que van desde la crisis financiera hasta las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos, la Administración de EEUU ha evitado trabajar a través del sistema de la ONU. En cambio, ha fijado su interés en el G-20 –que ha ganado protagonismo a partir de la crisis financiera– como un foro en el que dialogar con China e India.
Durante una reciente aparición en el Consejo de Relaciones Exteriores, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, se refirió a la ONU como "la más importante de las instituciones globales" pero añadió que "nos recuerda constantemente sus limitaciones". La Administración de EEUU todavía no ha olvidado que las conversaciones sobre el cambio climático –auspiciadas por la ONU– del pasado diciembre en Copenhague casi terminan en desastre.
Pero esto no significa que la ONU sea una institución inútil para EEUU. Desde el terremoto de Haití en enero, por ejemplo, EEUU ha logrado persuadir a otros países para que impulsen la misión de paz de la ONU en este territorio. Por otro lado, los consejeros de Obama, y especialmente el vicepresidente Joe Biden, están impresionados por el trabajo de la ONU en Irak, que incluye la mediación entre los kurdos y los líderes árabes. La ONU también juega un importante papel en una de las mayores iniciativas de la política exterior del presidente: tratar de preparar el terreno para un eventual desarme nuclear global. Pero todavía hay un fuerte sentimiento entre los diplomáticos y analistas de Nueva York de que EEUU hace una aproximación instrumentalista a la ONU, dirigiéndose a ella sólo cuando lo necesita. Como consecuencia de ello, no ha habido un efecto Obama en la ONU, lo que supone una decepción para aquellos que esperaban que el presidente de EEUU revitalizara esta organización.
Cualquiera podría concluir que esto refleja la desconfianza de EEUU en el multilateralismo, pero sería injusto. Una reciente encuesta del Consejo de Chicago para Asuntos Globales declaró que el 54% de los americanos quiere una ONU más fuerte, y a un 64% incluso le gusta la idea de un ejército de paz global. Entonces, ¿por qué Obama mantiene una actitud ambigua con respecto a la ONU? Una respuesta posible sería que tiene otras prioridades. La Asamblea General nunca hubiera sido un escenario útil para discutir la crisis financiera, al contrario que el G-20. Y, por si esto fuera poco, EEUU afronta unas dinámicas diplomáticas difíciles de llevar a cabo a través de la ONU. Mientras China y Rusia reafirman su poder en el Consejo de Seguridad, potencias emergentes como Brasil e India también están deseando desafiar a Occidente. Brasil y Turquía irritaron a Washington al negarse a votar a favor de nuevas sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad de junio.
La crisis de Irán seguramente dominará la diplomacia de la ONU durante el resto del mandato del presidente Obama. Si, como parece, Israel presiona en favor de una acción militar contra las instalaciones nucleares de Irán en 2011 o 2012, EEUU se encontrará con un dilema. ¿Debería tratar de conseguir una resolución del Consejo de Seguridad para usar la fuerza, o acaso esta está abocada al fracaso? Si EEUU estuviera dispuesto a atacar Irán sin la aprobación de la ONU, esto no sólo traería a la memoria el encarnizado debate sobre Irak en 2003, sino que quebraría la credibilidad del Consejo de Seguridad. No obstante, si la tensión con Irán sigue creciendo, el presidente podría decidir que la fuerza es la única alternativa. Barack Obama podría terminar actuando sin la aprobación del Consejo de Seguridad –tal y como hizo Bill Clinton con Kosovo o George W. Bush en Irak–.
La Administración de EEUU quiere evitar esta situación a toda costa. Sin embargo, mientras los líderes mundiales escuchen a Obama mañana, deberían recordar que el presidente de EEUU no es un gran partidario de la ONU. EEUU puede –y lo hará– actuar por la fuerza y unilateralmente si lo necesita.

Richard Gowan es investigador principal del European Council on Foreign Relations

Ilustración de Patrick Thomas