Opinion · Dominio público

¿Hacia dónde vamos?

Miren Etxezarreta

Doctora en economía y economista crítica

El sábado 24, en la TV de un canal autonómico, se proyectó la entrevista con el señor Benjamin Harnwell, de la extremísima derecha,  al que presentaron como seguidor y compañero favorito de Steve Bannon, el estadounidense que tras asesorar a Trump ha venido a Europa para guiar a las derechas europeas a fortalecerse y ganar todas las elecciones. Al acabar la entrevista me preocupaba mucho la sociedad que la misma proyectaba. Pensé en mis nietos y sentí mucha tristeza por ellos. ¿Qué les espera?

Definió su posición como nacionalismo populista que explicitó en qué consistía. Destacó la necesidad de sociedades que defendiesen los valores judeocristianos -¿desde cuándo no habíamos oído presentar un programa en estos anticuados términos?-, que cada persona es exclusivamente responsable de su suerte y, sobre todo, que en el mundo cristiano occidental no hay lugar para la tercera parte de  los 1.800 millones de africanos que quieren invadirlo…

No dijo muchas más cosas distintas a las habituales de la extrema derecha si bien fue más claro que otros muchos en su aparente sencillez, aunque más bien expresaba prepotencia. Pero entre tantos aspectos preocupantes, dos puntos a destacar: Uno, ya habitual entre las derechas, -la ‘normal’ y la extrema-, acerca de la conveniencia de disminuir impuestos. Fue la única medida concreta de tipo económico que propuso y a la que se refirió insistentemente: No hace falta pagar impuestos. Que siempre suena bien a los oídos de todos los que ven el mundo desde la única perspectiva de sus propios bolsillos. Que completó con un segundo elemento, menos habitual pero que le permitía mantener su coherencia con el anterior: tuvo que dar muchas vueltas para justificar que él, como cristiano, cree en la solidaridad, pero que es mucho más importante que esta se realice individualmente mediante la caridad. Señalándose el corazón apuntó a la trascendencia que esta se hiciese porque uno quiere y cuando quiere y no cuando el Estado, mediante los impuestos, absorbe los recursos necesarios para sostener el gasto social. Una caridad voluntaria es mucho más humana y cálida, dijo,  que el derecho que proporciona la fría voluntad del Estado.

Dijo más cosas que a pesar de ser conocidas son preocupantes porque están trabadas en un discurso que puede parecer lógico a una parte sustancial de la ciudadanía. Era un discurso muy estudiado y bien trabado, no los gritos estridentes de algunos exagerados de la extrema derecha de otros lares que más hacen reír que dar miedo. Lo que atemorizaba era la naturalidad con que exponía su mensaje y su convencimiento de la validez del mismo para la ciudadanía de a pie. Y lo peor es que recorren Europa- eso sí, desde arriba, asesorando a las élites porque para ellos lo necesario es controlar el poder político e institucional-, aunque tampoco desprecien el expandir su mensaje en todas los ámbitos y oportunidades posibles.

Se percibía claramente cómo se están organizando a nivel mundial. No sólo tratan de crear conexiones entre los partidos políticos de su línea  de los distintos países, sino que explicó claramente cómo se proponen ahora establecer en Europa potentes focos de pensamiento entre todo tipo de movimientos. Además, magníficamente financiados (señaló que no necesitan fondos públicos de ninguna clase sino que gozan de suficientes donaciones privadas). ¿Para cuándo una lista de donantes de estas instituciones?

Alguien en el debate señaló que estos programas atraen porque la izquierda no ha respondido a su papel. Es posible que sea así, aunque seguramente la réplica necesitaría de argumentos más amplios. Pero, es verdad ¿cuál está siendo el papel de la izquierda en esta confusa sociedad?

No sólo en la sociedad. También en este programa. Pues a modo de contraparte a una extrema derecha tan acentuada, los dos invitados de la cadena eran un poco sorprendentes. Uno de ellos de la fundación del magnate Soros y otro del movimiento DIEM25 dirigido por el exministro griego Varoufakis. ¿No hay más izquierda en España para invitarlos que estos movimientos que, sí, son modernos, pero que más? Soros, aunque su capacidad filantrópica individual sea bien conocida, es uno de los principales especuladores financieros del mundo, habiendo hecho su enorme fortuna a base de hundir las divisas de países como el Reino Unido, España y otros. Y no ha abandonado sus actividades. ¿Puede su fundación contraponerse a un duro ideario de extrema derecha? Es como si se le otorgáramos la categoría de izquierda a un filántropo porque haga un donativo millonario a Caritas… Un poco más próximo a la izquierda parece DIEM25, pero ¿era necesario que la representara uno de los ediles de cargo más alto del ayuntamiento? La pregunta de donde está la izquierda y la potencia de su mensaje era una de las que merecían haber estado presentes también en el debate.

Curiosamente hay que señalar un gran ausente del programa: ni del de la derecha, ni de los que se presentaban como sus replicantes: ni uno sólo de ellos pronunció la palabra capitalismo. Los males de la sociedad actual, su falta de validez para la ciudadanía y sobre todo para las clases populares en las que se basaban todos los discursos, eran el resultado de múltiples causas, pero en ningún momento se adscribían a lo que subyace en todas ellas: un sistema económico y social que sólo busca el beneficio para unos pocos sobre la base del trabajo y la explotación de los muchos. ¿Y si se tratara en los debates este tema de fondo?

La entrevista del sábado fue muy preocupante. La derecha se refuerza, se organiza y se presenta orgullosa. Y atrae a mucha gente. Su exposición presagia un cruel capitalismo distópico. No es para tomarlo a la ligera. ¿Seremos capaces de contrarrestar su atractivo?