Opinion · Dominio público

La economía bipolar

COLECTIVO TODOAZEN

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Catarro. Al parecer, la economía mundial anda un poco bastante constipada, con flujos nasales y estornudos que expanden ruidos y gérmenes nocivos. Pero no debemos alarmarnos; es como un catarro cíclico, se pasa solo, si acaso con algún frenadol para acortar su molesta presencia. Los Bancos Centrales, que vigilan la salud económica del cuerpo del negocio, han acudido, raudos, en su auxilio y les han proporcionado los necesarios pañuelos públicos a los bancos privados e instituciones de crédito afectadas, y la cosa no va a pasarse ni a la garganta, ni mucho menos a los pulmones. Un constipado. Que alguien abrió en USA demasiado las ventanillas de las hipotecas y se les colaron varios pobres, o por mejor decir: activos susceptibles de riesgo, que eso de pobres ya no se lleva. Y además, que hoy la economía es bipolar y un resfriado de la financiera no tiene repercusión alguna en la real, que como mucho se van encarecer las garantías y los intereses de los créditos para que los insolventes no sigan defraudando las expectativas que tan desinteresadamente en ellos depositaron los bancos y entidades de crédito.

Bipolar. Antes, si el jefe de uno era uno de esos jefes maleducados, como casi todos, que un buen día te saludaba campechano y al siguiente no te daba ni los buenos días, se le disculpaba comentando, aunque fuera en voz baja, “es que es muy suyo”, o “es que tiene sus días”, si bien para sus adentros todos supieran que lo que era realmente era un hijo de la Gran. Ahora, tal conducta, nacida de la arbitrariedad como atributo del poder, se diagnostica científicamente como síndrome de personalidad bipolar, sin que los empleados entiendan muy bien por qué es tan bipolar con ellos y tan monopolarmente dinámico, eficiente y positivo con su inmediato
superior.

Miénteme, dime que me quieres. El dinero es como el amor: una promesa compartida, una confianza mutua, un siempre estaré a tu lado. El horizonte de la economía real es llegar a fin de mes. La meta de la economía financiera es la multiplicación del dinero, el mantenimiento cotidiano del milagro de los panes y de los peces. Para eso se requiere fe, verosimilitud, un horizonte de bienestar, amor, es decir, expectativa de beneficios, promesas de felicidad. La estética del realismo capitalista. La economía norteamericana está endeudada hasta las cejas (propias y sobre todo ajenas), pero el relato exige que todos cuiden la tela con que se viste el rey desnudo.

Quien parte y reparte se lleva la mejor parte. Los intelectuales orgánicos del Capital escriben y publican las tramas que tienen como protagonista a Don Dinero. La Reserva Federal, por ejemplo, abarata durante años su precio y el dinero se expande, los bancos y cajas dan créditos fácilmente y, atraídos por la burbuja negra de la felicidad prometida, los sujetos reales (ustedes, nosotros, compañeros y compañeras de trabajo) se hipotecan, comprometen un futuro que a partir de la firma del crédito estará, y ya para siempre, blowing in the wind. Las instituciones financieras venden y revenden esos futuros y en cada paso el dinero y los beneficios medran hasta llegar al ‘exceso de liquidez’, mar gruesa entonces, bandera amarilla y la Reserva Federal incrementa el precio del dinero, suben las tasas de interés, resaca.

Empiezan las ‘turbulencias’, el abróchense los cinturones y el enfriamiento. Cuando la ley del estruje marginal entra en acción el primer o la primera hipotecada que no aguanta se convierte en el señuelo que avisa de que se ha sobrepasado el límite, lo que antes era riesgo ahora es un abismo. La última ficha del dominó se desploma y puede arrastrar en su caída a toda la fila desmoronando fianzas, confianzas y finanzas. La barca del amor se ha estrellado contra el euribor.

No corráis, que no viene el lobo. El barco hace aguas, pero el galeote, amarrado al duro banco, debe seguir remando con entusiasmo. Si la cosa se para puede sobrevenir el vuelco, y no olvidemos los grilletes. Que los encadenados somos muchos y los chalecos salvavidas son pocos. Mientras el capital se apresura a protegerse a sí mismo e inyecta en el sistema el fruto de impuestos y plusvalías para que al dólar no le entre el mono, sus voceros repiten que no hay peligro de que la gripe financiera se contagie a los humanos. Que no cunda el pánico.

Si quieres que sea feliz como me dices, no me tranquilices, no me tranquilices. Solbes dice que la exposición del sistema financiero español a la crisis es “extremadamente reducida”. La ministra Chacón aclara que las tasas de interés “han tocado techo”. Almunia afirma que las turbulencias podrían afectarnos “unas décimas”. “Es una crisis estacional”, enuncia Vegara. Zapatero y Botín se fotografían juntos y revueltos y optimistas. Tú tranquilo, la incertidumbre es cosa de los ricos. El dinero, pobrecito, tiene miedo, está desorientado por culpa de unos insolventes que por no haber pagado sus hipotecas han resfriado el sistema. Tú tranquilo.

La retribución anual de los gestores de fondos de alto riesgo de Wall Street multiplica por 22.255 la de un empleado. La deuda de los españoles crece un 56,1 % en seis años, pero entre 1999 y 2006 las empresas españolas han visto aumentar su beneficio neto en un 73%, más del doble que la media de la zona euro (36,6%), mientras que los costes laborales han aumentado en ese mismo periodo un 3,7% en España, cinco veces menos que en la Unión Europa (18,2%), y el 70% de los nuevos empleos generados lo han sido con un salario inferior al salario promedio. Virgencita de mi vida que me quede como estoy.

Mercado de futuribles. Todo lo que no mata engorda y los pesos pesados se repartirán los restos del naufragio.

Colectivo Todoazen. Autores de El año que tampoco hicimos la revolución.