Opinión · Dominio público

Haití, un año después

 

TRINIDAD JIMÉNEZ

 El 12 de enero del pasado año Haití sufrió un terremoto que ha provocado una de las peores crisis humanitarias conocidas hasta la fecha. Fue una catástrofe de dimensiones sin precedentes, no sólo porque no es la primera vez que este país padece los efectos de huracanes, tormentas y otros desastres naturales, sino también porque Haití es el país más pobre del hemisferio occidental, marcado por una enorme desigualdad y por una situación de crisis económica, social y política. Es verdad que los efectos devastadores del terremoto de Haití hubieran sido menores en un país con unas infraestructuras más adecuadas, unas condiciones de vida más dignas y una planificación que amortiguara la violencia del seísmo. En Haití te golpea la pobreza, pero también te admira la increíble capacidad para la lucha diaria por la vida de sus gentes que se esfuerzan por seguir adelante contra viento y marea.

El terremoto en Haití generó en España un impresionante movimiento de solidaridad. Desde el Gobierno hasta las ONG de desarrollo, pasando por comunidades autónomas, ayuntamientos, universidades y miles de ciudadanos anónimos, nuestro país se volcó en la ayuda de emergencia durante varias semanas. Sin duda, la solidaridad del pueblo español se vio reflejada en nuestro compromiso con América Latina y en nuestra presencia en el país caribeño: España es el tercer donante de ayuda internacional desde hace años y el primero de la Unión Europea. El hecho de contar con una Oficina Técnica de Cooperación, que coordina los proyectos de las numerosas ONG españolas presentes en el país, nos ha permitido canalizar esa solidaridad. España ya ha destinado un total de 170 millones de euros, que se financian con los impuestos de todos, y han sido utilizados en Haití para reparto de alimentos, proyectos de agua y de saneamiento, rehabilitación de escuelas, mejora de la atención sanitaria o programas de empleo. A esta ayuda pública habría que sumar los 106 millones de euros de donaciones, tanto de empresas privadas como de ciudadanos particulares.

Mucha gente se pregunta si la cooperación de España llega realmente a las víctimas de Haití, si los fondos de ayuda sirven para la reconstrucción del devastado país y si el esfuerzo de solidaridad vale la pena. Me parece especialmente importante subrayar que la ayuda llega; que los controles para verificar el destino de los fondos son exhaustivos tanto por parte de organismos internacionales como de España; y que Haití viviría una situación mucho más grave sin la cooperación de los países donantes. Es cierto que la vida cotidiana para la mayoría de los cerca de 10 millones de habitantes de Haití es aún desesperada: cientos de miles de personas viven en campamentos de refugiados y el reciente brote de cólera ha agravado la situación sanitaria de la población. Pero también es cierto que la actividad escolar se ha reanudado y que los niños comen en los centros educativos; que muchas pequeñas empresas y autónomos han vuelto a abrir sus negocios en Puerto Príncipe; que la cooperación internacional presta servicios públicos básicos como la distribución de agua potable; y que se ha reforzado la atención sanitaria. En este sentido, en respuesta a la epidemia de cólera, España ha hecho cinco envíos de material sanitario que en total suman ya cerca de 95 toneladas.

A todos nos preocupan la lentitud en la reconstrucción y las dificultades para lograr con rapidez unas condiciones de vida dignas para los haitianos. Todos compartimos un mismo objetivo pero, sin duda, tenemos que llevarlo a cabo de la mano de los haitianos, de sus dirigentes políticos y sociales, de su Gobierno y de sus instituciones, si queremos que el proceso de reconstrucción sea sólido, sostenible y exitoso. Se trata de una tarea para una década y no para unos meses.

Por ello, cuando hoy se cumple un año del terremoto de Haití, quiero reafirmar que el compromiso del Gobierno y de la sociedad española es firme y sigue en pie.
También quiero reconocer especialmente la labor que realizan las decenas de cooperantes españoles desplazados en ese país caribeño y que están resultando imprescindibles para hacer llegar la ayuda a todos los que la necesitan, así como la colaboración que están prestando las comunidades autónomas y los ayuntamientos aportando recursos y personal.

Haití figura entre los países prioritarios para la cooperación en América Latina y vamos a continuar apoyando los esfuerzos para la reconstrucción del país. Se trata de un gran desafío para la cooperación española porque es uno de los países más pobres del mundo, pero las nuevas generaciones de haitianos se merecen un futuro mejor. Y España estará a su lado.

Trinidad Jiménez es Ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación.

Ilustración de Gallardo