Dominio público

La inhumana caza y tráfico de las especies salvajes

Roser Garí Pérez

Delegada del Proyecto Gran Simio en Asia

El covid-19 ha puesto en el punto de mira el tráfico de animales salvajes, ya que la hipótesis más probable es que el virus pasase a los humanos por el consumo de animales en venta en el mercado húmedo de Wuhan, posiblemente por el consumo de carne de pangolín. El pangolín es un mamífero con escamas que se encuentra en las áreas tropicales de Asia y África. Tanto su carne como las escamas se consumen por sus supuestos poderes curativos y porque denota cierto estatus social, principalmente en Asia. Ello ha llevado a que sus ocho especies se encuentren en peligro de extinción por lo que su explotación y tráfico están prohibidos en gran parte de países. Sin embargo esto no evita que sea el mamífero más traficado del mundo. Cazado prácticamente hasta la extinción en Asia, son ahora las redes mafiosas africanas las que han tomado las riendas de la mayor parte de su tráfico ilegal y legal. Estas redes que ya estaban operativas desde hace décadas dedicándose principalmente al tráfico de marfil, rinoceronte y reptiles, son responsables también del tráfico de drogas y personas. Con sus beneficios las mafias financian grupos paramilitares para asegurar el control del territorio y la realización de sus actividades frente a posibles injerencias gubernamentales, en el caso de autoridades no corruptas, o de asociaciones civiles.

Redes mafiosas internaciones

Este fenómeno que se repite en el sudeste asiático, particularmente en Indonesia, en Oriente Medio y en diversos países latinoamericanos. Su objetivo es crear zonas "liberadas" bajo su control al margen del poder estatal en el caso de no tener suscritos acuerdos de "colaboración" con gobernantes y grandes corporaciones de diversos sectores. Hay casos en los que la connivencia delictiva de las mafias con las fuerzas policiales o militares y las autoridades políticas es todavía mayor mediante una división del trabajo. Por ejemplo, en el caso de Indonesia matones aterrorizan a los que se oponen a las explotaciones mineras, plantaciones de palma y madereras o a la construcción presas y otras infraestructuras e industrias en áreas protegidas y así se intenta acabar con la oposición social ante estas actuaciones sin que el gobierno tenga que reprimir directamente. Las mafias por su parte logran realizar sus actividades ilegales e incluso en ocasiones la legalización de las mismas.

Centro de rescate de macacos en Indonesia de Wildlife Watch Dogs / Jakarta Animal Aid Network
Centro de rescate de macacos en Indonesia de Wildlife Watch Dogs / Jakarta Animal Aid Network

Por ello son frecuentes las agresiones a guardas forestales o miembros de ONG. Tal ha sido el caso del asesinato de 17 personas el pasado viernes 24 de abril en el Parque Nacional de Virunga en la República Democrática del Congo (una de las pocas selvas dónde todavía habitan gorilas y chimpancés) o el asesinato en su casa esa misma noche del líder social  Alejando Llinás, defensor del Parque de Tayrona en Colombia, y también del asesinato (encubierto como accidente) el pasado octubre de 2019 en Sumatra del activista indonesio Golfrid Siregar de la ONG Walhi organizador de la oposición a la construcción de una presa hidroeléctrica que destruirá el hábitat de toda la población de la última especie de orangutanes tapanuli identificada en 2017.

La actuación de los paramilitares sume a la población civil en interminables guerras y hambrunas, lo que provoca masivas emigraciones a la desesperada o empuja a muchos campesinos y pescadores a buscar sus subsistencia en la caza o pesca ilegales para vender animales o sus partes a esas mismas mafias por un par de dólares aunque su precio final puede ser superior al del oro, como es el caso de los cuernos de rinoceronte (cuyo consumo se ha disparado como supuesta terapia alternativa para combatir el covid-19) o algunas aletas de tiburón para las mesas de la nueva burguesía china.

El negocio de la vida salvaje mueve tanto dinero anualmente que diversos estados hacen la vista gorda ante aberraciones como la caza en Taiji (Japón) de delfines para acuarios y espectáculos, o consigue que países como Botsuana que habían prohibido la caza de algunas especies en grave peligro de extinción como los elefantes, vuelvan a dar la bienvenida a cazadores internacionales que solo se quieren llevar de ellos los colmillos como trofeo. La industria de la moda peletera está fomentando la pesca de rayas en peligro de extinción, comprando pieles de serpientes a turbias empresas indonesias y ha llevado a la extinción de especies de zorros y visones  europeos cuando sus pieles se pusieron de moda para abrigos.

Lucrativos bussines

El negocio del tráfico ilegal de especies salvajes, se calcula que es el tercero que más dinero mueve tras las armas y las drogas, también se ve indirectamente, y a veces directamente, apoyado por grandes empresas, como las madereras y cárnicas que operan en el Amazonas o las de aceite de palma indonesias. Estas empresas ven la vida salvaje como una peste de la que deshacerse y alientan a sus trabajadores a encargarse de ello, de hecho la mayoría de los orangutanes traficados o asesinados de las últimas décadas son los que se encuentran en los alrededores de plantaciones de palma. Estas plantaciones de aceite de palma están creciendo descontroladamente en casi todos los países de los trópicos por la desmesurada demanda mundial de este aceite, y están poniendo en peligro no solo a todos los grandes simios y a gran parte de los animales selváticos más icónicos, sino que condenan a la pobreza a sus trabajadores, que acaban cazando la vida salvaje que les rodea para poder subsistir tal como se ha señalado, y también desplazan a las poblaciones indígenas de sus territorios milenarios razón por la que ofrecen la resistencia más fuerte tanto en los tribunales como en primera linea a la destrucción de los hábitats naturales.

Pero no solo se trafica con animales, también con plantas. Y podemos constatar que el futuro de muchas de las especies vegetales está en riesgo. El tráfico de flora, como árboles por su madera y raíces,  plantas medicinales o decorativas como orquídeas y cactus está llevando a la desaparición de miles de especies, por ejemplo, se calcula que casi un tercio de las especies de cactus se encuentran en peligro de extinción. Las autoridades de países con selvas milenarias confiscan a menudo grandes cantidades de madera talada ilegalmente. En Myanmar la primera semana de abril del 2020 fueron intervenidas más de 846 toneladas métricas y en Indonesia en el año 2019 se requisaron 422 contenedores llenos procedentes de la isla de Papúa, la mayoría de estos contenedores provenían de tres empresas madereras que usaban sus permisos para blanquear madera ilegalmente talada. A pesar de que suele haber leyes para proteger la biodiversidad, a menudo estas zonas deforestadas ilegalmente acaban siendo zonas de mono cultivos como la palma o bosques de teca para la futura exportación. Son tan poderosos los lobbies de la madera en estos países, que poniendo como excusa el covid-19 Indonesia acaba de retirar el requerimiento de permisos para la exportación de madera, en un estado en el que la tala ilegal es el principal motivo de la deforestación de este selvático país que cada año pierde miles de kilómetros cuadrados de selva por incendios, habiendo perdido 4.000 km2 solo en el año 2019 tras los peores incendios sufridos desde hace dieciséis años, cuya gravedad se ha multiplicado por la sequía inducida por los últimos cambios ocurridos en el comportamiento de la corriente de El Niño.

Las grandes empresas de aceite de palma, madereras, mineras y cárnicas tienen estrechos vínculos con los gobiernos –incluido el que representantes suyos formen parte de la administración al más alto nivel- en los países donde operan. Ello explica que haya autoridades gubernativas que hagan muy pocos esfuerzos para perseguir el tráfico de vida salvaje incluso desoyendo leyes o recomendaciones internacionales. De hecho el comercio ilegal de especies se hace a menudo en las redes sociales que todos usamos, con anuncios semi encubiertos de venta de animales en Instagram y Facebook o en foros especializados pero abiertos al público y con 365 especies de plantas protegidas siendo  ofertadas en Amazon y EBay.

A pesar de que la venta de vida salvaje se encuentra regulada internacionalmente por el Convenio sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES en sus siglas en inglés), acuerdo suscrito por muchos actores, tanto gobiernos como ONGs, cuya finalidad es evaluar la vulnerabilidad de las diferentes especies y establecer la normativa sobre la compraventa de animales y plantas, lo cierto es que en la práctica hay una desregulación a nivel mundial y demasiado a menudo los negocios legales de vida salvaje se emplean para blanquear ejemplares capturados ilegalmente. Se ha llegado al punto de que hay más tigres viviendo en cautividad en Estados Unidos que en libertad en Asia y que tras décadas de descontrol no se sepa ni un número aproximado de los que se encuentran en cautividad en Europa, y seguramente ese es el caso para muchas especies si se cuentan todos los animales que se encuentran repartidos por los zoos del mundo y en colecciones privadas.

El caso español

Por su situación geográfica entre África y Europa así como por su relación histórica con América latina, el Estado español es un punto estratégico de entrada y distribución del tráfico mundial de especies salvajes. Ya en los años noventa la Interpol estimaba que un 30% del total de tráfico de vida salvaje mundial pasaba por España. Actualmente es, por ejemplo, un importante punto de tránsito del marfil proveniente de África con destino en la Unión Europea y Reino Unido y a otros puntos de distribución asiáticos como Hong Kong y Singapur. En las incautaciones realizadas tanto por los servicios aduaneros de otros países como por los españoles se estima que casi un tercio de las pieles de reptil con las que se trafica en el mundo pasan por España.

Igualmente ocurre con una buena parte de los animales vivos con los que se trafica por el mundo, como simios, aves exóticas y tortugas. Hasta un 75% de estos animales llegan muertos a su destino, no sobreviviendo a su transporte o almacenamiento y en el caso de la mayoría de los mamíferos, traficados principalmente cuando son bebes, esto significa la muerte de al menos sus madres y a menudo de varios adultos más del grupo.

Así mismo en el Estado español hay importantes productores-exportadores de vida salvaje, principalmente angulas y aletas de tiburón destinadas para su consumo en China y aves rapaces para Oriente Medio. España es también el primer exportador mundial de halcones con 400 criadores de halcones, que sólo en el año 2018 vendieron el mercado internacional 2.800 aves, cuyo precio oscila entre los 400 y decenas de miles de euros.  España es también una de las principales potencias en la pesca de tiburón, cuya aleta es un bien muy preciado en la cultura china, situada solo por detrás de India e Indonesia en la captura de escualos. Las flotas españolas vulneran a menudo los convenios internacionales de especies protegidas y así como leyes nacionales que regulan la cantidad de carne de tiburón que debe de ser llevada a puerto junto con las aletas, para controlar que no se llene la capacidad de carga del barco únicamente de aletas desechando el resto del cuerpo del animal. El tráfico de anguila también es preocupante, cuando son crías o angulas son transportadas a China para su engorde allí ya que el mercado asiático paga mucho más que el español o europeo. La insaciable demanda asiática ha disparado la pesca y tráfico ilegal poniéndolas en peligro de extinción. A pesar de que el comercio de las aves rapaces, los tiburones y las angulas es legal, a menudo encontramos desde infracciones leves a delitos penales, como el blanqueo de especies capturadas en la naturaleza y haciéndolas pasar como criadas en cautividad en el caso de las aves, ocultando kilos de aletas sin el cuerpo de tiburón, o llevándolas directamente a Hong Kong para su distribución o bien mediante redes mafiosas que usan "muleros" para que transporten botellas llenas de angulas en su equipaje en los vuelos a Asia.

Aunque es difícil saber el verdadero alcance del tráfico de especies silvestres ilegal en el Estado español, tanto el que pasa por su territorio como el que se produce en el país, cabe señalar que durante el año 2019 el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) confiscó casi 4.000 animales terrestres (mamíferos, aves o reptiles) protegidos por el convenio CITES, unos 3.000  especímenes de especies marinas como peces, corales y moluscos, 20.000 kilos de partes de los mismas (escamas, aletas etc...) y se contabilizaron 273 infracciones administrativas y 75 penales. Y, sin embargo, España no dispone de un centro especializado de rescate para estos animales, que a veces acaban en santuarios y centros de acogida nacionales que no reciben ninguna ayuda del estado, y casi nunca son devueltos a sus países de origen. Varias ONG del país llevan reclamando una mayor acción por parte del gobierno y las autoridades. Se necesita más investigación y con mejores medios, así como una aplicación clara de la normativa existente y el entrenamiento específico a los diferentes funcionarios que intervienen en la persecución de estos delitos. Cabe destacar que para subsanar estos déficit se elaboró en el 2018 un Plan de Acción Español Contra el Tráfico Ilegal y el Furtivismo Internacional de Especies Silvestres denominado TIFIES dependiente del Ministerio de Transición Ecológica. Más de treinta ONG (entre las que se encuentra el Proyecto Gran Simio España) son entidades colaboradoras del TIFIES con el objetivo de que la implementación del Convenio CITES en el país sea una medida eficaz en la lucha contra el tráfico de especies.

Es hora de que la humanidad se tome muy en serio los problemas que acarrea el comercio de vida salvaje y la deforestación y exterminio que ese tráfico conlleva. Es necesario actuar en todos los países para erradicarla, ya que esto no es un problema lejano de un mercado húmedo chino, sino un entramado internacional que actúa en todos los países, incluido el nuestro.

Referencias: