Dominio público

Epidemias y confinamiento de clase. De aquellos barros, estos lodos

Noel A. Manzano Gómez

Investigador doctoral del programa europeo UrbanHist

Estos últimos días, el confinamiento de los barrios del sur de Madrid ha puesto una vez más de relieve la segregación social de la ciudad. El desproporcionado impacto del COVID19 en los barrios del sudeste, mucho mayor que en los barrios del centro y norte de la ciudad, está revelando una geografía intangible, la de la vulnerabilidad, entendida como una mayor exposición a sufrir riesgos sociales.

Si bien la prensa se ha volcado en comprender y discutir la naturaleza y los orígenes de esta brecha social, poca gente sabe que esta fue provocada, en un contexto epidémico, precisamente para construir una "distancia social" que redujese el riesgo de contagio en Madrid.

A principios de siglo, Madrid es conocida como la "ciudad de la muerte". El calificativo, asignado por el demógrafo Revenga, es ampliamente empleado por la prensa y los textos médicos de la época. Diversas oleadas epidémicas de tifus y viruela, y una tuberculosis endémica, asolan los barrios populares de la ciudad, donde se concentran las casas más pequeñas, con menos luz y ventilación pero, sobre todo, donde se concentran las clases laboriosas, identificadas como clases peligrosas desde un punto de vista sanitario y social. El antropólogo Quirós, siguiendo las confusas teorías genéticas de la época, asocia la tendencia a la enfermedad de las poblaciones humildes a una degeneración racial que estaría produciendo seres inferiores, no sólo física sino también mentalmente, haciéndoles a su vez más proclives a la ilegalidad y a la revuelta.

En 1902 el doctor Hauser concluye, en su enciclopédico trabajo sobre la enfermedad en Madrid, con una advertencia sobre el riesgo de que el aire de los barrios pobres de la ciudad infecte a los más acomodados,

Es necesario además organizar fuerzas colectivas entre las clases pudientes para sanear los focos de insalubridad, es indispensable que éstas comprendan que si el comunismo es una utopía bajo el punto de vista económico-social, es una verdad, tratándose del aire de los grandes centros de población, pues el aire contaminado en uno o varios distritos por el mefitismo humano, puede servir de vehículo de transmisión de los gérmenes infecciosos que contienen a los restantes de la ciudad, unas veces directa, otras indirectamente.[1]

Si bien médicos como el doctor Chicote señalan la producción de viviendas sociales como el camino a seguir, la clase política madrileña opta por resolver el problema mediante operaciones urbanísticas, más rentables, ignorando el problema de la vivienda y centrándose en alejar el riesgo de contagio.

En 1910, el "infecto" corazón de Madrid empieza ser saneado mediante la demolición de diversos bloques de vivienda popular y la apertura de una nueva avenida que permitirá la introducción de aire en el centro, la denominada "Gran Vía". Por otro lado, los numerosos barrios de chabolas situadas en solares vacíos de Arganzuela y Cuatro Caminos –denominadas por entonces chozas- son y serán paulatinamente demolidas y sus habitantes expulsados sin contemplaciones. El empeoramiento de la carestía de vivienda por estas operaciones, y la creciente llegada de población rural, aumenta la llegada de vecinos a los suburbios.

Diversos barrios de
Diversos barrios de "chozas", así como las áreas del centro con peores indicadores sanitarios, fueron demolidos entre los 1900 y 1930, "liberando" a Madrid del riesgo de contagio. Más allá de la ciudad, los suburbios crecían. En la foto, las chozas de la Alhóndiga, Mundo Gráfico, 22 de abril de 1925. Hemeroteca Digital de la BNE.

Ese mismo año se aprueba el así llamado "Proyecto del Extrarradio", con el objetivo de urbanizar y proveer de servicios a la periferia, pero también de demoler y detener el surgimiento de barriadas pobres dentro de los límites municipales. Un "cinturón infeccioso" según el Director de Obras Públicas, con capacidad de "envenar y ahogar" Madrid[2].

Durante el debate del plan surge una cuestión fundamental; ¿hasta dónde extender la urbanización de la periferia? Los límites municipales están siendo claramente desbordados por el crecimiento urbano y, excepto en el noroeste de la ciudad donde La Casa de Campo y El Pardo ejercen de tapón, lugares como Carabanchel, Puente de Vallecas, Tetuán o la Carretera de Andalucía (Usera), crecen sin que sus ayuntamientos tengan presupuesto para ofrecer las más mínimas condiciones sanitarias –agua, saneamiento- a las viviendas que la gente construye.

En 1910 las Cortes discuten un proyecto de ley para la anexión de dichos municipios a Madrid. Sin embargo, tal y como se razona en un documento interno de la Junta Consultiva[3] del Ayuntamiento, si este se hace responsable de su periferia, "tendría el Ayuntamiento que atender las demandas de afirmados y aceras, alumbrado, alcantarillas y demás servicios que desde el primero momento se le reclamarían"[4]. Para evitar responsabilizarse de la suerte de los vecinos de la periferia, Madrid adopta la decisión de negarse a integrar sus suburbios, decisión que traslada al parlamento.

Sin embargo, el problema se agrava, y con él, el riesgo de contagio. En 1914, se plantea una solución "salomónica"; una ley estatal diseñada para detener el surgimiento de "barriadas inmundas y misérrimas" en los alrededores de las grandes ciudades[5], sin tener que hacerse cargo de los problemas de dichas áreas. Para ello, se propone establecer una franja de terreno en las ciudades de más de 100.000 habitantes –el problema no está sólo en Madrid- en la que se prohíbe la construcción, a fin de evitar el desarrollo de "agrupaciones de viviendas malsanas" y más generalmente de "cualquier foco de infección". Sin embargo, la ley no es finalmente aprobada.

El Extrarradio, con su superficie coloreada. La periferia exterior a estas zonas sería desatendida. Fuente: Nuñez Granés, P. (1910). Proyecto para la urbanización del Extrarradio, Imprenta Municipal. Archivo de la Villa de Madrid, 66-334-34.
El Extrarradio, con su superficie coloreada. La periferia exterior a estas zonas sería desatendida. Fuente: Nuñez Granés, P. (1910). Proyecto para la urbanización del Extrarradio, Imprenta Municipal. Archivo de la Villa de Madrid, 66-334-34.

En 1916, una nueva ley es debatida en el parlamento, con el objetivo de resolver el problema de la periferia, donde surgen "núcleos insalubres de vivienda, donde anidan la miseria y la muerte (…) con grave peligro para la salud pública"[6]. Sin embargo, las mejoras se centran en el término municipal de Madrid. La mejora de los barrios que se desarrollan en el suburbio se aplaza para una ley posterior, nunca elaborada.

En 1918, al mismo tiempo que la gripe española –denominada "benigna" al suponerse menos mortífera que las anteriores epidemias- se inicia en Madrid, una nueva ley[7] es debatida con el objetivo de alejar el riesgo de contagio de los barrios populares. Si bien la ley busca fórmulas económicas para mejorar el territorio municipal, para la creciente periferia sólo se prevé reservar una franja de dos kilómetros de ancho en el que no puede construir sin expreso permiso del Ayuntamiento de Madrid. Permitiendo la entrada de aire limpio en la ciudad y alejando detrás de ellas el entonces ya intenso crecimiento de barriadas obreras y su consabido aire "infeccioso".

En resumidas cuentas, a lo largo de los años 1910, en un contexto de miedo a la enfermedad y clasismo, las élites madrileñas intentan construir un "cordón sanitario" para alejar a las clases populares de sus espacios y minimizar con ello el riesgo de contagio. Si bien el "proyecto del Extrarradio" para la periferia cercana no llega a ser implementado, las inversiones municipales poco a poco van mejorando las áreas cercanas al centro, mientras las clases populares van paulatinamente ocupando los suburbios, por el aumento de los precios –que hoy llamaríamos gentrificación- o por operaciones de expulsión. Una vez pasados los límites municipales, los ayuntamientos de municipios como Vallecas o Carabanchel se ven incapaces de proveer de servicios públicos a unos flujos migratorios que acabarán convirtiéndose en marea humana. Es el momento del nacimiento de algunos barrios bien conocidos años más tarde, como Entrevías o el Cerro del Tío Pío. Tras el golpe de estado de Primo de Rivera y la aprobación del Estatuto Municipal, la cuestión de la periferia será definitivamente ignorada. El suburbio ha sido abandonado a su suerte.

La integración de la periferia en Madrid sólo se hará efectiva a partir de 1946. Para entonces, entre 10.000 y 20.000 personas habitan ya en barrios de viviendas pobres, sin ningún tipo de infraestructura ni saneamiento, a las que se empieza a denominar chabolas. A pesar del uso indiscriminado de la piqueta, el posterior crecimiento urbano sólo multiplicará las dinámicas ya establecidas. Dando lugar a una ciudad polarizada y segregada.

Por un lado, el clasismo de las élites madrileñas parece seguir ahí. Las representaciones sobre el modo de vida de "los pobres", forjadas en aquella sociedad de principios del XX, han sido transmitidas de padres a hijos, quizás no de forma explícita, pero sí en forma de miedos. Las proclamas abiertamente racistas que abundan hoy en día serían una especie de "teléfono escacharrado" de antiguas ideas pseudocientíficas, hoy convertidas en prejuicios de clase. En consecuencia, la solución a la crisis del coronavirus parece realizarse desde la falta de empatía y la consideración de los vecinos de ciertos barrios como una amenaza. Optando, en consecuencia, por afianzar las medidas de control social.

Por otro lado, Madrid es una de las ciudades más desiguales de Europa. Los suburbios de ayer son los barrios de hoy, y la brecha social establecida por entonces todavía parte la ciudad en dos. Mientras el problema de la vivienda vuelve a resurgir con fuerza, el antiguamente denominado hacinamiento de la vivienda obrera ha pasado a llamarse "cohabitación intergeneracional". El problema es el mismo; pocos metros cuadrados por persona, mucha gente viviendo junta, e imposibilidad de mantener una cuarentena.

Los hechos históricos aquí mostrados plantean la existencia de una deuda histórica. El calculado abandono de los suburbios a principios de siglo XX produjo unos desequilibrios territoriales que hoy hacen falta combatir. El impacto del coronavirus en los barrios del sureste de Madrid no es casual. Muestra una geografía de la pobreza diseñada hace ahora un siglo, con la intención de alejar a las poblaciones más humildes de la ciudad, y con ello evitar el riesgo de contagio.

De aquellos barros, estos lodos.

NOTAS

[1] Hauser, P. (1902). Madrid bajo el punto de vista medico-social, p. 330. Ed. Sucesores de Rivadeneyra.

[2] Nuñez Granés, P. (1906). Vías públicas del interior, ensanche y extrarradio. Memoria relativa a los trabajos efectuados en dichas vías en los años de 1904 y 1905, p.30. Imprenta Municipal.

[4] Archivo de la Villa de Madrid, 66-334-30, informe de 17 de junio de 1911.

[5] Proyecto de Ley sobre creación y régimen de Zonas Urbanas en las Grandes Poblaciones de José Sánchez Guerra.

[6] Proyecto de Ley sobre Urbanización del Extrarradio de Madrid de Ruiz Jiménez.

[7] Proyecto de Ley de Bases sobre Urbanización del Extrarradio de Madrid de Manuel García Prieto.