Dominio público

Humanos, semejantes, criollos: todos

Jean-Luc Mélenchon

Líder de La Francia Insumisa

La primera página de 'L'Osservatore Romano', el órgano oficial del Vaticano, informa de la encíclica del Papa Francisco 'Fratelli Tutti'. REUTERS/Remo Casilli
La primera página de 'L'Osservatore Romano', el órgano oficial del Vaticano, informa de la encíclica del Papa Francisco 'Fratelli Tutti'. REUTERS/Remo Casilli

La encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti puede abrir un tiempo saludable para reflexiones compartidas.   Su importancia reside en el momento en que éstas tienen lugar. No se trata de maniobras electorales o de negaciones del laicismo como las que pude observar en el convento de los Bernardinos, a iniciativa del presidente de la República.  Se trata de valorar todo lo que pueda unirnos sin negarnos a nosotros mismos.  Es imperativo en el momento en que toda la civilización humana está amenazada por el colapso de su ecosistema.   El título fratelli tutti reactualiza la vocación universalista del catolicismo que apareció en un momento de humanismo en Europa, con el Renacimiento. La rigidez del rechazo del universalismo por parte de la iglesia de la época no borra el efecto de parentesco que el tiempo largo ha confirmado. Por lo tanto, la influencia intelectual del catolicismo en casi mil millones y medio de conciencias en el mundo es un factor que puede ser decisivo. Impacta en la forma en que los seres humanos se posicionan ante el desafío de la extinción de la biodiversidad, del cual son un componente inseparable. ¿Cada uno para sí, o todos juntos? Recibo pues Fratelli tutti como una señal.  Quiero hacerle eco, sin pretensiones, en tres puntos.

El primero se refiere a la crítica del modelo económico neoliberal y su responsabilidad en el caos. Sus palabras se parecen suficientemente a las mías como para que me conmuevan. Por lo tanto, no insisto.  ¡Que la lectura del Papa convenza tanto como sea posible!  El segundo, concierne a su llamado a aclarar la noción de "pueblo" como actor en la historia. Comparto su exigencia. Hay que desmitificar la noción de pueblo desmitificada. Al pueblo no se le puede atribuir una esencia, buena o mala, por naturaleza. El pueblo es una construcción social y cultural. En nuestra teoría de la Era del Pueblo, él es el nuevo actor de este momento de la historia. Abarca a todos aquellos que necesitan acceder a redes colectivas para reproducir su existencia material.  Ahora, más que nunca, el dominio de los conflictos depende de la distribución espacial de estas redes y de su naturaleza pública o privada. Ésta construye la oposición entre la oligarquía y el pueblo, en la diversidad de los niveles sociales que contiene. El Papa, igualmente, tampoco   disocia la definición de pueblo de la crítica al neoliberalismo. "La categoría pueblo", escribe, "que incorpora una apreciación positiva de los lazos comunitarios y culturales, es generalmente rechazada por visiones liberales individualistas donde la sociedad es vista como una mera suma de intereses que coexisten".

Tanto es así, que el reconocimiento del pueblo como un actor central en la historia contemporánea se convierte por sí mismo en un factor crucial. Todos sabemos cómo la opción preferencial por el pueblo ha dado lugar a una forma de rechazo despectivo bajo el término "populista". Es importante para nosotros que acojamos el apoyo de la condena moral del Papa, cuando declara: "En algunos contextos, es frecuente ver a todos aquellos que defienden los derechos de los más débiles de la sociedad ser tratados de populistas. Para estas visiones, la categoría pueblo es una mitificación de algo que, en realidad, no existe."

Este fue, de hecho, el punto de vista desarrollado por la ultraliberal primera ministra inglesa Margaret Thatcher: "una tal cosa como la sociedad, no existe". Para ella, sólo existirían los individuos. En esta visión, si cada uno optimiza su vida el conjunto será armonioso.  Por lo tanto, hay una clara distancia entre las concepciones liberales y la visión católica. Nosotros tampoco podemos separar la opción preferencial por el pueblo de la crítica al neoliberalismo. En otras palabras, el pueblo se forma como una entidad política en el rechazo de la visión neoliberal y alimenta su identidad con los puntos de apoyo que encuentra, para hacerlo, en su cultura específica.

Desde allí pasamos al tercer punto que puede conducir a una visión universalista fraterna compartida entre creyentes y no creyentes. Esta es la definición de un pueblo "abierto". Me parece que llega en el momento adecuado en el debate francés. Nosotros también rechazamos la noción de un pueblo encerrado en la repetición de una identidad congelada. "Los grupos populistas cerrados", escribe el Papa, "desfiguran el término "pueblo", ya que en realidad de lo que hablan no es del pueblo real. De hecho, la categoría de "pueblo" está abierta. Un pueblo vivo, dinámico y que tiene futuro está permanentemente abierto a las nuevas síntesis, incorporando al que es diferente. No lo hace negándose a sí mismo, sino que, por estar dispuesto a cambiar, a cuestionarse, a desarrollarse, a enriquecerse; y así puede evolucionar". Aquí encuentro lo que dice Edouard Glissant cuando nombra y describe esta apertura. "La criollización ["créolisation", en francés]", dice, "es un mestizaje de artes, o de lenguajes que produce lo inesperado (…). Es la creación de una cultura abierta e inextricable, que trastorna la uniformidad de los principales medios de comunicación y centros artísticos. Se hace en todos los campos: en la música, las artes visuales, la literatura, el cine, la cocina, a un ritmo vertiginoso (...)". Al retomar en sus palabras esta observación, el Papa facilita el surgimiento de una concepción universalista basada en una intimidad ampliamente compartida. Ésta es indispensable para construir la cultura de la ayuda mutua humana general frente a las angustias globales que enfrentamos. Concluyo tomándole prestadas sus palabras a Jorge Mario Bergoglio.  "Es muy difícil proyectar algo grande a largo plazo si no se convierte en un sueño colectivo. Todo esto se expresa mediante el sustantivo "pueblo" y el adjetivo "popular". Si no fueran tomados en cuenta con una fuerte crítica a la demagogia se dejaría fuera un aspecto fundamental de la realidad social."