Dominio público

Impulso contra el sida

Pedro Zerolo

 

PEDRO ZEROLO

Hace 30 años se documentaron los primeros casos diagnosticados de sida en el mundo. Durante este tiempo, más de 25 millones de personas han muerto y más de 60 millones han sido infectadas por el VIH. Cada día, más de 7.000 hombres, mujeres y niños contraen el virus.

Cuando en 2001 tuvo lugar la Asamblea General de la ONU sobre el VIH-sida (UNGASS), estábamos perdiendo la batalla frente al VIH. La celebración de esta Asamblea, 20 años después de la aparición de los primeros casos, supuso un gran impulso a la respuesta mundial contra la pandemia con la creación de una importante institución mundial de financiación sanitaria, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. Estos esfuerzos fueron complementados más tarde con la Declaración política sobre el VIH-sida de 2006, en la que los países miembros de la ONU hicieron suyos una serie de objetivos, entre ellos, lograr el acceso universal a la prevención, al tratamiento, a la atención y al apoyo en relación con el VIH. Estos importantes compromisos están dando ya sus frutos, pues la incidencia del virus disminuye, los programas de acceso al tratamiento van en aumento y existe una mayor conciencia sobre la exigencia de respeto a la dignidad y los derechos humanos de todas las personas vulnerables y afectadas. Avances que ponen de manifiesto, además, que el acceso universal a la terapia antirretrovírica es viable, posible y esencial.

Estos logros, aunque nos sitúan en una mejor posición que en 2001, sin embargo son insuficientes, porque aún hoy la epidemia sigue avanzando a un ritmo más acelerado que la respuesta. Así, por cada persona que inicia el tratamiento, dos contraen la infección; la mayoría de las personas necesitadas de tratamiento antirretroviral no tienen acceso a él, y todavía estamos lejos de alcanzar el objetivo de proteger a los recién nacidos de la infección, mediante la cobertura mundial de la profilaxis para prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo.

Para poder seguir avanzando, pues, es necesario una transformación revolucionaria en la respuesta. El año pasado, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH-Sida (ONUSIDA) expuso un ambicioso objetivo al respecto: "Un mundo con cero nuevas infecciones por el VIH, cero discriminaciones y cero muertes relacionadas con el sida". Pero para lograr esta transformación es imprescindible cambiar algunos métodos de trabajo. Aún hoy muchos países no cumplen los compromisos adquiridos en materia de prevención, pues a pesar de que todos los gobiernos acordaron que esta sería la base de su acción, sus prioridades presupuestarias no lo reflejan. Es más, en un importante número de países, las estrategias nacionales de prevención no están dirigidas a las poblaciones de alto riesgo que lo necesitan y se destinan, en cambio, a segmentos poblacionales de bajo riesgo. Esto ocurre especialmente con los jóvenes, los consumidores de drogas, las personas que ejercen la prostitución, los hombres que tienen sexo con hombres y las personas migrantes, transexuales, privadas de libertad o con discapacidad.

Asimismo, después de tantos años del reconocimiento de la epidemia, siguen produciéndose violaciones de los derechos humanos que impiden abordar el VIH, desalientan a los afectados a acudir a los servicios sanitarios y de apoyo, y aumentan enormemente su vulnerabilidad. El estigma y la discriminación son los mayores impedimentos para lograr un progreso acelerado en la respuesta. Además, a pesar de los avances en el acceso a los tratamientos, casi dos de cada tres personas que requieren terapias carecen todavía de acceso a ellas y es preciso que los gobiernos realicen un mayor esfuerzo económico a la hora de apoyar las investigaciones para desarrollar una vacuna segura y eficaz.

Ahora tenemos otra oportunidad de redoblar los esfuerzos en la lucha contra el VIH-sida. Hoy comienza una nueva reunión de alto nivel sobre el sida de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS). Para este encuentro, el secretario general, Ban Ki-moon, propone a los países miembros una serie de compromisos y objetivos para 2015, entre los que destacan reducir en un 50% la transmisión sexual del VIH y asegurar que 13 millones de personas puedan recibir tratamiento contra el virus. Debemos aprovechar este nuevo encuentro de líderes mundiales para exigir y garantizar que realmente se establezcan propuestas y compromisos concretos y cuantificables, y pedir a todos los gobiernos que apuesten firmemente por ellos. Es una tarea en la que todas y todos debemos implicarnos, y porque sólo así podremos garantizar que esta reunión suponga un importante impulso en la lucha contra el sida, al menos tanto como lo fue la celebrada en 2001.

Pedro Zerolo es embajador de ONUSIDA para América Latina y el Caribe

Ilustración de Dani Sanchís