Dominio público

No es Madrid para niños

Carla Antonelli

Diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid. Responsable de familias, menores y LGTBI

Los pies de unos niños se asoman por el balcón de su casa en Madrid. E.P./Marta Fernández
Los pies de unos niños se asoman por el balcón de su casa en Madrid. E.P./Marta Fernández

Europa es un continente rico, pero casi uno de cada cuatro menores está en riesgo de exclusión social en el viejo continente. España es la cuarta economía de la zona Euro, pero el 12% de los niños, niñas y adolescentes menores de 18 años está en riesgo de pobreza severa en nuestro país. Madrid es la Comunidad Autónoma con mayor PIB per cápita de España, pero la región superaba en 2.5% la media nacional de niños en riesgo de pobreza o exclusión social en 2019.

No son cifras sensacionalistas a debate, son datos aportados por UNICEF, la Plataforma de Infancia, Save The Children, el INE y el Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil. Son la radiografía consensuada del grave problema de pobreza infantil al que ya nos enfrentábamos antes del COVID y que tiene visos de empeorar en la época post-pandemia.

Hoy es el Día Mundial de la Infancia y quiero usar el altavoz que me otorga mi escaño en la Asamblea de Madrid para aplaudir la labor incesante que realizan las organizaciones sociales y las redes vecinales informales que están llegando allí donde las instituciones deberían llegar.

Esfuerzos sobrehumanos que trabajan con muy pocos recursos en las bolsas de pobreza donde la Comunidad de Madrid —que ostenta las competencias para ello— está dejando a miles de menores atrás.

Hace meses que asistimos al juego de ciclotimia institucional de la presidenta Díaz Ayuso en la lucha contra el coronavirus, eso es poca sorpresa. Pero nunca deberíamos acostumbrarnos a la deslealtad de nuestra región hacia la Convención de los Derechos del Niño y hacia el artículo 39 de la Constitución Española. Porque el futuro de nuestros menores nos va en ello.

Madrid tiene una asignatura pendiente con la infancia y con los sueños de 146.000 niños y niñas madrileños que viven en situación de pobreza severa a los que les prometió pizza en pandemia. Y lo más grave no fue el bochorno de ese menú desnutritivo que se repartió durante semanas. Lo más sangrante es que ese programa —cuyos platos fueron modificados a destiempo— tan solo ha llegado al 10% de los menores que lo necesitan.

Y es que no nos estamos tomando en serio este problema. Pareciera que desde el Palacio de Sol no se entendiera que la pobreza infantil afecta al desarrollo y las oportunidades y lastra el futuro de generaciones enteras.

Señora Díaz Ayuso, tenemos que mirar de frente a las colas del hambre si queremos reaccionar. Y tenemos que romper el círculo de la pobreza infantil antes de que sea demasiado tarde.

No es este un fenómeno nuevo, es estructural y se ha mantenido en épocas de crecimiento. Pero es evidente que, en épocas de crisis como la actual, la situación se vuelve insostenible.

Y es un drama con muchas capas, al que hay que enfrentarse de manera multidimensional. Porque la pobreza infantil no se refleja solo en la nevera o en los sueldos de los padres, también se manifiesta en el estado de la vivienda en la que duermen, o en el acceso a internet en tiempos de educación digital —forzada o promovida—.

También en esto suspendemos. La Comunidad de Madrid es capaz de montar en tiempo récord un hospital de pandemias que absorba los sanitarios de otros hospitales sin crear apenas empleo neto, pero no sabe qué hacer con los casi 1 de cada 10 padres o madres madrileños que —según un estudio de Save The Children y 40db— residen con sus hijos en casas con "malas o muy malas condiciones para vivir".

Dirán que me ensaño con la región, pero no lo haría si no me doliera especialmente. No lo haría si no nos llevaran la delantera en cobertura de rentas mínimas nada más y nada menos que 6 Comunidades Autónomas: Cantabria, Aragón, Baleares, Asturias, Navarra y Euskadi.

La desproporción es manifiesta. Y la pagan los de siempre, los más vulnerables.

Señora Díaz Ayuso, actúe ya si no quiere que se cumplan las peores previsiones que proyectan las organizaciones de infancia: un aumento de más de 8 puntos porcentuales de las tasas de riesgo de pobreza infantil madrileña tras los efectos del COVID.

Usted dice que Madrid es la tierra de la libertad. Pero se olvida de que, cuando hay tanta pobreza, la libertad se convierte en un privilegio no apto para niños.