Dominio público

Gracias, Pablo

Marisa Matias

Eurodiputada en el Parlamento Europeo por el Bloco de Esquerda de Portugal

Pablo Iglesias y Marisa Matias tras un mitin conjunto en Portugal con el Bloque de Izquierdas.- EFE

Se necesita coraje para abandonar la vida política activa, especialmente cuando se trata de alguien que vive y piensa la política con inteligencia y carácter. Fue este coraje el que tuvo Pablo Iglesias. Cuando lo conocí, como eurodiputada del Bloco de Esquerda en el Parlamento Europeo y él como recién elegido por Podemos, me di cuenta de que estaba tratando con alguien que no se contentaba con la política como destino planificado, que estaba ante alguien que quería desafiar los límites y sabía que estaba en condiciones de hacerlo. Todavía había algo de ingenuo en ese Iglesias. Esta decisión demuestra que todavía queda en él aquella fuerza. Menos mal.

Lo que Pablo aportó a la política no es indiferente. Puedes amar u odiar a Iglesias, pero nunca te generará indiferencia. Él se dio cuenta antes que la mayoría de nosotros de que los tiempos que se avecinaban no eran compatibles con la política como formalidad. Y, en cambio, la política como formalidad nunca quiso entenderlo ni siquiera quiso dialogar con él. Al contrario, se armó de uñas y dientes para combatirlo, pensando que al hacerlo podría contener el cambio. Ya sabemos lo que ha ocurrido y cuanto se equivocaban.

Es una persona estudiosa y generosa como pocas. Se ha dedicado en cuerpo y alma a un movimiento que crecía con fuerza propia y, por tanto, se hacía más complejo y exigente. Exigente incluso con el propio líder, como deben ser todos los movimientos.

En estos siete años, la política y la democracia españolas han ganado mucho con su presencia. Él se ha convertido en una especie de imán para el odio de la derecha y de la extrema derecha, pero se ha mantenido firme en la lucha contra quienes quieren ganar destruyendo la propia democracia.

No es novedad tampoco añadir que Pablo Iglesias no lo hizo todo bien. Tampoco se puede esperar esto de quienes entran en político con la razón, pero también con la emoción. Sin embargo, es innegable que nos ayudó, y mucho, a pensar la política de una manera más valiente y transparente, de una manera más colectiva. En definitiva, a hacer, y valga la redundancia, más política la política. ¿Y qué mayor contribución podría hacer que esta? La verdad, no se me ocurre. Por todo eso, gracias. Muchas gracias.