Dominio público

Luces y sombras rodean a Sánchez tras los indultos

Pedro Sánchez, tras la declaración institucional sobre los indultos a los presos del 'procés'. EFE/Emilio Naranjo

La imagen que ilustra este artículo, inmortalizada por Emilio Naranjo de la Agencia Efe. La sombra que proyecta el presidente sobre la pared del vestíbulo del Palacio de la Moncloa. Los cuidados de hasta el último detalle de la puesta en escena del equipo de Pedro Sánchez hacen ver que se trataba de un momento de especial relevancia. 

Una iluminación teatral del escenario. La sombra proyectada, de mayor tamaño que la persona, sugiere dos lecturas contrapuestas. Por un lado, que el reto al que se enfrenta el político es de tal envergadura que le engrandece. O todo lo contrario, que es demasiado terrenal, pequeño, para hacer frente a las grandes sombras e incertezas que dibujan el futuro. El pasado martes, Sánchez se retiraba así tras la declaración institucional que pronunció después del Consejo de Ministros que firmó los indultos a los presos políticos catalanes.

El PP va como un tiro en las encuestas. Desde la fracasada moción de censura de socialistas y Ciudadanos en Murcia y, sobre todo, desde que Isabel Díaz Ayuso arrasara en los comicios de la Comunidad de Madrid, Pablo Casado viene obteniendo unas predicciones demoscópicas que no había conseguido desde que llegó al despacho noble de la calle Génova en 2018. Con Ciudadanos desapareciendo y tras haberse apropiado de la mayoría de sus votantes, la batalla principal del PP está en su flanco derecho, contra la ultraderecha de Vox. Por ahí es por donde puede crecer en votos. Es por ello que sus discursos se parecen tanto a los de Santiago Abascal que parecen uno solo. Ahora que Vox amenaza con presentar una nueva moción de censura, el PP habrá de volver a distanciarse de la ultraderecha en el Congreso. Bipolar

En este contexto, hay que entender la batalla total que da el PP en el asunto de los indultos. Y eso que se está quedando solo con Vox en la misma. Hasta la Conferencia Episcopal se ha posicionado en favor del diálogo, tras haberlo hecho el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, quien no pudo esconder las lágrimas cuando fue ovacionado por sus compañeros empresarios, después de unos intensos días en los que las derechas y ultraderechas no ha escatimado en improperios y presiones hacia el jefe de la patronal.

En los últimos días hemos visto a Díaz Ayuso jugándosela al rey al sembrar dudas sobre si el jefe del Estado debería o no firmar los indultos emanados del Consejo de Ministros. A Casado distanciarse de la CEOE y al partido mostrándose crítico con la postura de los obispos. El rey, la empresa y el clero, quién lo iba a pensar del PP. Este mes de junio ha sido el mes en el que la derecha puso por encima de todas estas cuestiones históricamente prioritarias el nacionalismo español. España (la suya) por encima de todas las cosas.

Y sin embargo, más que el nacionalismo español, es la animadversión a Sánchez lo que hace seguir por esta senda al PP. La dirección de Casado maneja datos, cuantitativos y cualitativos, sobre que lo que más les beneficia es la antipatía que el presidente del Gobierno genera en buena parte de la sociedad. Sánchez es un político que levanta pasiones entre los suyos, y repulsión entre otros muchos, es decir, que cumple con el tópico manido de "no deja indiferente a nadie". El PP, así, explota no tanto el rechazo que producen los indultos en buena parte de la sociedad (el nacionalismo español) sino que es un asunto que muestra las incoherencias del discurso de Sánchez actual con el del pasado. Es decir, apretando en el tema indultos, el PP consigue generar más rabia en algunos sectores de la población hacia el presidente. 

Mientras, cuando Casado es preguntado por cuál sería la alternativa a los indultos, por cuál es el proyecto que tiene el PP para Catalunya y su iniciativa para resolver el conflicto territorial, calla, se queda en blanco, tal y como pudimos comprobar esta semana en una entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. El único proyecto del partido que lidera las encuestas en España para Catalunya es avivar el conflicto para intentar sacar votos en el resto del Estado y desgastar a Sánchez en sus intentos de resolverlo.

Muchas son las voces que predicen que lo del diálogo con el independentismo le va a salir mal a Sánchez y que será perjudicial para el PSOE. Plantean el diálogo con los independentistas como si de una partida se tratara, como si acabar con el adversario fuera el objetivo y no así el pacto, incluso el consenso, o el dibujo de una línea que sea un recorrido en común. La única forma que ven de avanzar en el futuro es que el independentismo se acabara, pero el ilusionismo y la magia no son los motores que mueven la política, al menos hasta hoy. Los independentistas no van a desaparecer, sorpresa.

La estrategia de Sánchez, sin embargo, no es más que una obligación. Establecer diálogo con las instituciones catalanas y sus representantes, la anormalidad es que esto no sucediera. Pero, además, poniéndonos en el hipotético y mágico mundo en el que la solución a lo de Catalunya pasara por vencer al independentismo y eliminarlo, la única forma de que esto sea posible, en el año 2021, es convenciendo a la sociedad para ganarles en las urnas. El Gobierno de coalición está demostrando un proyecto para Catalunya, que no pasa por reprimir al independentista, sino por iniciar un camino que, como todos los caminos que van hacia el futuro, es incierto. 

Segunda sorpresa: aquellos que solo hablan de vencer al independentismo no fueron capaces de sumar ni un 17% por ciento de los votos en las pasadas catalanas de febrero. El PSC ganó las elecciones, obteniendo el 23% en solitario. El independentismo (sumando a ERC, JxCat y CUP), nada más y nada menos que el 48%. En el Congreso, las mayorías también hablan por sí solas. Este martes, la sede de la soberanía popular recibía una proposición de ley del PP en la que se planteaba suprimir la medida de gracia para los condenados por sedición o rebelión. 150 votos a favor, 192 en contra, tres abstenciones.

Mientras las derechas y ultraderechas parecen solo ofrecer a la mitad de Catalunya palos, policías, jueces y cárcel, el actual Gobierno está proponiendo una alternativa. Tiene proyecto para Catalunya. Un proyecto que tiene que entrar en diálogo con la mayoría independentista para negociar e, incluso, acordar. Al fin y al cabo esto es la democracia, que los representantes votados en las urnas hagan política. 

Volvamos a la foto. Sánchez avanza hacia el interior de La Moncloa. La duda queda suspendida en el tiempo. ¿El conflicto catalán es una proyección que engrandece a Sánchez como pretende la iluminación preparada para el momento? ¿O el reto, las sombras se hacen demasiado grandes ante el presidente?