Dominio público

SOS Pablo Casado

Sato Díaz

El líder de Vox, Santiago Abascal, el del PP, Pablo Casado, en el Pleno del Congreso de los Diputados. E.P./Eduardo Parra
El líder de Vox, Santiago Abascal, el del PP, Pablo Casado, en el Pleno del Congreso de los Diputados. E.P./Eduardo Parra

"Por fin Pablo Casado se quita la careta". Así recibía el líder de Vox, Santiago Abascal, las declaraciones del presidente del PP en una entrevista en La Nación de Argentina esta semana. El dirigente popular abría la puerta, nada más y nada menos, a explorar una gran coalición con el PSOE para gobernar España. "Nosotros podemos hacer como hizo Mariano Rajoy en el año 2016, que ofreció una gran coalición al PSOE, o como se ha hecho en la Comunidad de Madrid, Vox ha apoyado el Gobierno regional sin ninguna contraprestación". Casado, dispuesto a cogobernar con el PSOE pero no con Vox, esa es la idea que se desprende de estas declaraciones.

La ira de la ultraderecha contra los conservadores de la calle Génova no se ha quedado en su líder, también su escudero en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, ha aprovechado para arremeter contra Casado: "Un votante del PP a lo que más se parece es a otro de Vox. Un dirigente del PP a lo que más se parece es a otro del PSOE".

A raíz de la ofensiva de la ultraderecha, a la dirección estatal del PP le han temblado las piernas y hasta el propio Casado matizaba sus palabras poco después de la publicación en el periódico argentino. El dirigente aprovechaba para volver al viejo argumentario que diferencia entre "el sanchismo" y "el viejo PSOE". "Con este PSOE, nunca", vino a decir.

Tal y como informaba Miguel Muñoz esta semana en Público, no se puede obviar que Vox está aprovechando la situación de guerra total entre Génova y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, para hurgar en la llaga. Una batalla, la del PP, que tiene connatos en otros territorios y que refleja una imagen de debilidad del aparato casadista a la interna del partido. Los de Abascal ven una oportunidad de desgaste del PP, hegemónico en el espectro de la derecha, y aprovechan para sacudir a su presidente. Y no dudan en hacer guiños a su principal contrincante interna, Díaz Ayuso.

El pasado lunes, en las celebraciones por la efeméride de la Constitución en el Parlamento, Macarena Olona saludaba efusivamente a Díaz Ayuso en el Patio del Congreso a la vista de todos los periodistas y gráficos que inmortalizaron el momento. "Fuerza y honor", así comentaba la candidata ultra a la Junta de Andalucía en redes sociales la foto con la presidenta madrileña.

Una maniobra, la de Olona, que tiene doble lectura, y es que en el plató político de Madrid casi nada de lo que ocurre sucede al azar. Por un lado, la diputada profundizaba en la crisis interna del PP situándose en un bando; por otro, Olona se intentaba equiparar con la presidenta madrileña señalando cuál es su próximo objetivo: disputar una presidencia autonómica, en su caso, la andaluza.

Ya hay variedad de sondeos que indican que el PP sufre un desgaste fruto de las peleas internas. Tras varios meses de fiesta en Génova (desde la primavera, con el principal hito de las elecciones madrileñas), las encuestas no son tan halagüeñas para los conservadores. Sin embargo, Vox estaría al alza. La actual correlación de fuerzas en el panorama político estatal permite divisar distintas posibles mayorías para conformar gobierno cuando se celebren los próximos comicios estatales.

Por un lado, parece evidente que, si la ciudadanía vuelve a otorgar a Pedro Sánchez la posibilidad de reeditar el Gobierno de coalición de izquierdas con el apoyo parlamentario de soberanistas periféricos, este se repita. En el mismo sentido, sería comprensible que si PP y Vox sumaran mayoría absoluta se aventuraran a gobernar conjuntamente, ya que la vieja derecha española ha preferido llegar al poder que establecer ningún tipo de cordón sanitario con los herederos directos de la dictadura franquista.

Sin embargo, la opción planteada por Casado en Argentina tiene chicha y resulta interesante detenerse algo en analizarla. El líder del PP plantea la posibilidad de gobernar con el PSOE y recuerda momentos del pasado en el que esta oferta estuvo encima de la mesa, como en la crisis de gobernabilidad de 2016 con Mariano Rajoy al frente del Gobierno y del partido.

Lo que subyace tras las declaraciones de Casado es la hipótesis de que si el PP ganara las elecciones, como indican muchas encuestas, Sánchez estaría en una situación complicada al haber sido derrotado y el PSOE podría entrar en un periodo de crisis interna. El globo sonda lanzado desde Buenos Aires está intentando preparar el terreno en este sentido: es un llamamiento al establishment mediático, empresarial y de dentro de las instituciones públicas del Estado que ansía una vuelta al bipartidismo (en el sentido de que el poder se reparta de forma bipartita entre PP y PSOE y se dejen de lado los inventos de la nueva política).

Sería, también, un toque de atención para que estos poderes fácticos estén preparados para volver a presionar al PSOE si hace falta para que este vuelva a mirar al centro, una llamada al orden. Una convocatoria a esa alma conservadora del socialismo, que perdió el poder del partido con el regreso de Sánchez a la Secretaría General en mayo del 2017 y que sigue viva en algunas baronías territoriales, para que retorne al clima pactista y turnista con la derecha de las décadas anteriores.

De la entrevista a Casado en La Nación se puede deducir esto, así como que al PP le asusta llegar al Gobierno de la mano de la ultraderecha. Una vez creado el monstruo, alimentado este y bien crecido, los populares temen ser devorados por la bestia. Las palabras del presidente del PP desde Argentina están premeditadas: no es más que un SOS de un Casado temeroso de ser derrotado por la ultraderecha de Vox y por la que le crece en el seno de su propio partido político. El presidente del PP ha jugado con fuego, ha radicalizado el discurso de su partido desde que lo lidera, y ahora teme mearse en la cama.