Dominio público

Ese PSOE pequeñito

Ana Pardo de Vera

El ataque del pánico del Partido Socialista por las palabras del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre la ganadería, solo puede entenderse ya desde la ignorancia, la torpeza y/o la maldad más manifiestas, es decir, el anteponer los intereses partidistas espoleados por poderes fácticos de la zona (empresarios dueños de macrogranjas y captadores de subvenciones de todo pelaje) por encima del interés general (medioambiental y de la ganadería extensiva).

He de reconocer que quienes llevamos años denunciando la barbarie que suponen estos campos de concentración animal contra el medio ambiente, la salud humana, la dignidad laboral y el bienestar animal hemos visto una oportunidad de oro para mostrar de nuevo nuestras investigaciones, datos, hechos y realidades a quienes confunden criticar las malas artes de las macrogranjas con apostar por una ganadería extensiva que conjugue la salud alimentaria, medioambiental y una ética mínima de no sufrimiento animal.

En la gestión de la peste (sic) de las macrogranjas confluyen todos los males de la falta de ética empresarial y humana: trabajadores precarios, contaminación medioambiental de máximos, invasión de hábitats, herramientas de trabajo de pésima calidad y animales torturados, sucios, deformados, enfermos y atiborrados de antibióticos, espoleando la resistencia bacteriana a estos medicamentos. La guinda de todo esto es un producto muy barato en comparación con el de la ganadería extensiva, repleto de elementos añadidos que no tienen nada que ver con la carne de un animal sano, criado en buenas condiciones y en su entorno natural.

Pueden ver el reportaje de Público e Igualdad Animal sobre las fábricas de carne, donde yo misma pude entrar (con nocturnidad y alevosía) en una macrogranja de pollos de la provincia de Toledo que aún me quita el sueño. O quizás prefieran ver el reportaje de Salvados en una macrogranja de cerdos, inmerso en la misma serie de investigaciones de Igualdad Animal, que lucha contra el sufrimiento de los animales no humanos y que no solo tiene consecuencias sobre ellos.


Los señores baronos de Castilla y León (PP), Castilla-La Mancha (PSOE) y Aragón (PSOE) tienen, lo sabemos, un problema con el poderoso lobby de la industria cárnica, no con los granjeros de extensiva, cuyos representantes, como la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), se mostraron partidarios este año y hasta "esperanzados" porque el Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos fuera a prohibir las macrogranjas de vacuno para respaldar el negocio familiar de la ganadería extensiva. Se lo dijo a la UPA en la celebración de su 10º Congreso el ministro de Agricultura, Luis Planas, compañero de Gabinete de Garzón, aunque del lado PSOE y que hace unas horas, desautorizó al de Consumo diciéndole lo contrario de lo que le dijo a la UPA (¿?)

Ese lobby, ese mismo lobby que cuando se me ocurrió hacer una pregunta a un epidemiólogo en una televisión pública sobre la relación de las pandemias y los coronavirus con las macrogranjas pidieron al presidente de la corporación, vía epistolar con el sello de todas las empresas, que me echaran. Y eso que el mediático epidemiólogo se fue por peteneras, consciente del lío en que se metía.

Sí, en el bulo de la derecha lanzado por el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, Planas se puso de perfil y dio la razón a Mañueco, a su fake y a las empresas cánicas. Éstas, que pese a ser altamente rentables por esa ausencia de ética que antes subrayaba, son regadas por subvenciones autonómicas, nacionales y europeas, como detalla a la perfección este informe de Datadista para el caso de las macrogranjas de cerdos, aunque los dueños millonarios de estas compañías suelen utilizar todo tipo de animales para su lucrativo e inmoral negocio.


El PSOE tiene un problema y se llama cumplir con una agenda de lucha contra el cambio climático que él mismo ha elaborado junto a su socio, pero que, a tenor de las declaraciones de ministros, ministras y presidentes autonómicos, aún no se la ha estudiado. El debate sobre las macrogranjas no lo ha abierto Garzón ni lo hemos abierto en España, sino que es un problema sobre el que se han pronunciado en Europa. Si escucharan más a la calle, a las organizaciones a pie de obra, a los pueblos, a los ecologistas.... sabrían que es un problema que viene de lejos, y que en España se ha obviado y se ha dejado crecer a lo bestia, fascinados por sus millonarios dueños y en detrimento de los pequeños y medianos negocios familiares ganaderos de extensiva.

Esta batalla tan desigual pone a los grandes negocios y a las grandes fortunas basadas en la explotación natural, la contaminación, la reducción de precios y calidad, la precariedad laboral, el consumismo feroz, el individualismo y el negocio de unos pocos frente a una estrategia colectiva, poco lucrativa a corto plazo, sostenible, de derechos laborales y animales y cuidadosa con los recursos naturales que quedan de los que hemos esquilmado por todo el planeta y por los que hemos matado hasta llegar al abismo de nuestra propia autodestrucción moral y material.

Pasa en España, en Europa y en el mundo entero, pero toca elegir, y aquí no valen politicastros y politicastras de medio pelo, porque lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos y nietos.


Para afrontar todo esto, necesitamos un Gobierno verde, que diga serlo y que haga lo que dice, también frente a los grandes empresarios de las fábricas de carne enferma, a los que ya les digo yo, por cierto, que no se les va a ocurrir comer esa adulteración cárnica que sale de sus macrogranjas. Ellos y ellas se van a la extensiva, asfixiada también por esos mismos tenedores de macrogranjas.

A ese PSOE empequeñecido ante el furor mentiroso de la (ultra)derecha, sus redes y sus medios de comunicación (¿saben cuánta publicidad se obtiene de El Pozo o Campofrío en la prensa y el riesgo que se corre de perderla al denunciar su forma de producción?), le dejo su Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, página 124, por ejemplo. Y vayan estudiando en La Moncloa sus propios compromisos.

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POLÍTICA ACELERADORA 4.

UN NUEVO MODELO ECONÓMICO Y PRODUCTIVO, DIGITAL Y JUSTO.

B. PRIORIDADES DE ACTUACIÓN:

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Estrategia Estatal para la Ordenación y el Fomento de la Ganadería Extensiva, que establezca las condiciones por las que deberá guiarse la utilización de un modelo extensivo para el aprovechamiento de los recursos pastables del territorio, teniendo en cuenta tanto los aspectos económicos y productivos como el importante papel de la ganadería extensiva desde el punto de vista medioambiental, contribuyendo a la mitigación de las emisiones, la prevención de incendios forestales y la conservación de determinados hábitats seminaturales de alto valor ecológico. 

Desarrollo y actualización de la normativa en materia de ordenación de granjas ganaderas, priorizando aquellos sectores ganaderos que aún no dispongan de esta base, con el objetivo de fomentar un desarrollo armónico y ordenado de la ganadería que garantice su sostenibilidad desde el punto de vista económico, social y ambiental, de modo que contribuya al mantenimiento del tejido productivo familiar en el medio rural. 

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