Dominio público

China: ¿Dos sesiones, dos visiones?

Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

Imagen de archivo. Li Keqiang.- Lukas Coch / AAP / dpa

¿Lo ha vuelto a hacer el primer ministro Li Keqiang? En 2020, en el marco de las anómalas "dos sesiones" parlamentarias que anualmente condensan el parlamentarismo chino, moderó el entusiasmo oficial derivado de la proclamación del fin de la pobreza extrema en el país al reconocer que en torno a unos 600 millones de personas apenas sobreviven en China con un ingreso mensual de apenas 1.000 yuanes. Un baño de realidad...

Ahora, en las recién concluidas sesiones parlamentarias de este año, de corta duración en virtud de la persistencia de una pandemia que repunta en muchos lugares del país, se han percibido dos tonos en temas importantes. De ellos igualmente se infiere un matiz singular en los pronunciamientos del primer ministro chino.

En primer lugar, el presidente Xi Jinping dio la campanada al urgir medidas contundentes para asegurar la seguridad alimentaria como prioridad absoluta, adhiriéndose a los principios de autosuficiencia basada en la producción nacional. "Los cuencos chinos", dijo, deben "llenarse principalmente con alimentos chinos".

Frente a unas afirmaciones que algunos podrían interpretar como una muestra de cierta voluntad de repliegue para ser menos vulnerable a las fluctuaciones del exterior, o coqueteos con cierto sabor de rancio retorno a una autarquía de signo protector en momentos internacionalmente convulsos, el primer ministro Li, en su conferencia de prensa de cierre, optó, sobre todo, por efectuar una defensa acérrima de la apertura al exterior y de las bondades de la globalización y del sistema multilateral de comercio.

Li Keqiang fue muy contundente en esto: "al igual que el curso de los ríos Yangtsé y Amarillo no se revertirá, la política de apertura de China no cambiará". Y "si hay algún cambio, el cambio será propicio para una mayor apertura de China a los intercambios, el comercio y la inversión internacionales", aseguró el premier, quien agregó: "cualquier cosa que beneficie a la expansión de la apertura de alto nivel, iremos a por ella".

Indudablemente, la seguridad alimentaria es una preocupación notablemente compartida por el liderazgo chino. El incremento de los precios mundiales de determinados bienes puede afectar sensiblemente a un país que debe alimentar a casi el 18% de la población mundial con sólo el 8,5% de la tierra cultivable del mundo. Pero la reafirmación aperturista de Li se antoja una declaración política que va más allá de un caso puntual.

En segundo lugar, la relación con EEUU. El ministro de Exteriores Wang Yi instó a Washington a "reencarrilar su política hacia la vía correcta de la racionalidad y el pragmatismo" no sin denunciar previamente su "enconada competencia". "Independientemente de lo intricado que puedan resultar las vicisitudes internacionales, China y Rusia mantendrán su determinación estratégica", dijo por su parte Wang Yi. Y sabido es que en las relaciones Beijing-Moscú hay una impronta personal muy destacada de Xi.

Por su parte, el mensaje de Li Keqiang fue mucho más modulado, instando a la cooperación y a evitar un enfrentamiento con EEUU, enfatizando que las diferencias pueden superarse (a su favor, que el comercio bilateral creció un 30 por ciento el año pasado a pesar de la guerra comercial). Para Li, la principal prioridad de la política exterior china debiera ser recomponer la relación con EEUU.

Esa melodía conciliadora daría a entender que la "alianza sin límites" con Rusia nunca debe ser, en su opinión, impedimento para la concreción de alguna forma de coexistencia con EEUU.

Puede que la propia elección como portavoz de estas dos sesiones de Zhang Yesui, exembajador en EEUU entre 2009 y 2012, deba interpretarse como un guiño a Washington para resetear las relaciones bilaterales.

En suma, a resultas de los debates y mensajes de estas dos sesiones, a China le espera un ejercicio muy complejo, atendiendo a circunstancias internas y exteriores. Quizá por eso, en su informe a los diputados, el primer ministro pronunció hasta 81 veces la palabra "estabilidad".