Opinion · Dominio público

El mito del loco y solitario racista

Antumi Toasijé
Historiador y politólogo. Director del Centro de Estudios Panafricanos
Ilustración de Javier Jaén

Un peligroso mito se extiende por Europa: el mito del Loco Solitario. Según sus defensores, los autores de las matanzas de Oslo y de Florencia serían perturbados mentales que actúan en solitario. Casos aislados, suele decirse. Denominarlos perturbados mentales tranquiliza a muchos que despachan como enfermo a todo aquel que comete un acto despreciable. Es muy fácil desde luego atribuir a problemas psiquiátricos cualquier tipo de desmán; eso evita analizar las responsabilidades por lo sucedido.

El caso es que tanto Gianluca Casseri como Anders Breivik eran individuos con unas capacidades intelectuales por encima de la media, capaces de elaborar ideas propias y plasmarlas en unos libros que, por mucho que se empeñen algunos, no denotan más locura que la de las ideas falsas y peligrosas. Por supuesto, estos asesinos viven inmersos en un mundo de odio irracional, pero es un mundo que ellos mismos no han inventado por mucho que contribuyan a su consolidación. El discurso de la “enfermedad mental” no hace más que ocultar un problema permitido y tolerado, a la par que insulta a tantas personas con enfermedades mentales incapaces de hacer ningún daño a nadie. El hecho es que organizaciones fascistas, neonazis y racistas de toda índole están presentes en todas y cada una de las ciudades europeas preparándose para encontrar su momento histórico y alzarse de nuevo con el poder.

Los individuos que cometen acciones de esta índole, en realidad son considerados héroes y mártires por los integrantes de estos grupos que en muchas ocasiones se esconden tras siglas legales. En España, Democracia Nacional o España 2000 son el nido del que puede surgir un Anders Breivik o un Gianluca Casseri. A estos partidos, en lugar de aplicárseles judicialmente la Ley de Partidos como se hizo con aquellos vinculados al terrorismo, se les intenta apagar con triquiñuelas legales (como el requisito de los avales) que no hacen sino aplazar su extinción. Estas organizaciones esperan que una cadena de acontecimientos en los que ellos puedan venderse al público como víctimas desencadene una reacción masiva en su favor.

La televisión estatal RAI ya ha recordado que Casseri era un escritor simpatizante de Benito Mussolini y miembro de la Casa Pound, el grupo de cultura neofascista más importante de Italia, bautizado en honor al poeta norteamericano Ezra Pound. Ya estoy viendo cómo aumentan las ventas de este escritor antisemita. En su momento, también se recordó que Anders Breivik había escrito un manifiesto de más de 1.500 páginas. El manifiesto, titulado “Una declaración europea de independencia”, describía cómo llevar a cabo el tipo de crímenes que acabó perpetrando. El manifiesto fue enviado por e-mail a miles de personas, sin ningún tipo de consecuencias. A pesar de que el texto es una locura en sí mismo, no es obra de ningún perturbado, porque tiene orden, estructura lógica interna e incluso está bien redactado; sí, repito, está bien redactado. Sin embargo, desde la Fiscalía noruega ya han sentenciado que su autor es un perturbado, lo cual podría librarle de la cárcel. Los autores de las matanzas no son lobos solitarios que aúllan a la luz de la luna. Son personas activas con redes de apoyo que no nacieron de la noche a la mañana. Sus actividades, hasta que culminan en baños de sangre, suelen ser conocidas por muchos, incluidas las autoridades, que las ignoran o que incluso las aplauden secretamente porque dan alas a sus argumentos del miedo.

Hay varios niveles de racismo: cuando un hecho de estas características sale a la portada de todos los medios de comunicación, son pocos los que establecen su relación con las redadas policiales racistas en busca de irregulares o con la falta de referentes multirraciales en las instituciones europeas. Sin embargo, hoy en día es fácil ver la conexión entre la violencia machista y la falta de representación de la mujer en la sociedad. Hay mucho más, porque: ¿en cuántos barrios e institutos de Europa hay esvásticas pintadas? ¿En cuántas ocasiones se han escuchado expresiones profundamente racistas sin una protesta enérgica? ¿Cuántos casos de racismo institucional duermen en los Centros de Internamiento para Extranjeros, o son repatriados a diario? ¿Cuántas víctimas del terrorismo racista esperan un reconocimiento similar al de las víctimas del resto de terrorismos? El racismo es una red de varios nudos, social, económico, político, educativo… que afanosas manos intentan construir en cada resquicio posible con ideas distorsionadas que se imponen si la ocasión lo permite.

Si las instituciones no toman en serio el problema en todas sus dimensiones, prohibiendo enérgicamente toda manifestación de ideas que fomente el odio, las matanzas continuarán y no habrá psiquiatra que las pueda detener, porque no es un problema de la psiquiatría, ni siquiera de la psicología, sino del modelo de sociedad que se quiere construir. La locura no está en los individuos ejecutores, está en las ideas desquiciadas y está en quienes son tan imprudentes o temerarios como para permitir que prosperen.