Dominio público

Los muertos de Ucrania nada más

Ana Pardo de Vera

El 23 de noviembre, dentro de dos meses, España jugará su primer partido en el campeonato mundial de fútbol que se celebra en Qatar. El encuentro será a las cinco de la tarde y la selección española se enfrenta a la de Costa Rica. Hay 14 grandes empresas que patrocinan este mundial y han pagado cerca de mil millones de dólares para que su imagen quede asociada "con la diversión, la competencia justa y con logros humanos espectaculares en el terreno de juego", según la directora de iniciativas globales en Human Rights Watch, Minky Worden.

Todas estas empresas sabían de antemano que quien con dictaduras se acuesta, son sangre ajena se levanta, y Qatar lleva en su brutal nómina laboral, al menos, 6.500 trabajadores migrantes muertos en una flagrante violación de los Derechos Humanos desde que en 2010 se empezaron a construir las instalaciones que albergarán el campeonato del mundo. Estas víctimas mortales, que se suman a los y las estafadas, explotados, enfermos y esclavizadas sin remedio, proceden de India, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka y Pakistán, según confirmaron estos mismos países al diario británico The Guardian y a Amnistía Internacional, entre otros.

Organizaciones en defensa de los derechos humanos, además de Amnistía, reclaman a las 14 empresas patrocinadoras que presionen a la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) y al gobierno de Qatar para que "ofrezcan indemnizaciones y otras reparaciones a los trabajadores y trabajadoras migrantes y sus familias que, durante los preparativos del torneo, fallecieron o resultaron heridos, sufrieron robo de salarios o contrajeron deudas por tasas de contratación ilegales". Se necesitarían 440 millones de dólares para indemnizar y hacer más llevadero el dolor de los esclavos y de las familias de los muertos.

De las catorce empresas patrocinadoras (AB InBev/Budweiser, Adidas, Coca-Cola, McDonald's, Visa, Hyundai-Kia, Wanda Group, Qatar Energy, Qatar Airways, Vivo, Hisense, Mengniu, Crypto y Byju's), solo las cuatro primeras (AB InBev/Budweiser, Adidas, Coca-Cola y McDonald's) se han mostrado de acuerdo con la propuesta de reparación humanitaria y sostienen estar en conversaciones con FIFA para que se lleve adelante. Del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, conocemos sus lamentables declaraciones el pasado mes de mayo, unas palabras carentes de cualquier atisbo de humanidad: "Cuando le das trabajo a alguien, incluso en condiciones difíciles, le das dignidad y orgullo. No es caridad". Del gobierno de Qatar, tampoco podemos esperar nada. El CEO de Qatar 2022, Nasser Al-Khater, negó los muertos y muertas sin más, mucho antes de que salieran las investigaciones periodísticas: "¿Los muertos en Qatar? Tres, lo demás es falso", declaraba al diario As, entre otros, en diciembre de 2021.


Hay muchos muertos y muertas en el mundo que no cuentan para nadie. Muchos esclavos y muchos seres de nadie en Yemen, Afganistán, Palestina, Sáhara o Qatar, entre otros olvidados. Lo mínimo que se debe exigir a nuestros gobiernos es que ellos, a su vez, exijan el cumplimiento de los más elementales derechos, los derechos humanos, a la hora de mantener relaciones con otros países. Pero asistimos impotentes a un despertar del cinismo universal en su máximo apogeo; no porque antes no existiera, sino porque ahora las tecnologías más sofisticadas nos meten al bicho repugnante de la hipocresía en la sopa: lo que vale contra Rusia y por Ucrania no sirve contra Marruecos o Israel o Arabia Saudí o EE.UU. por Sáhara o Palestina o Yemen o Afganistán, respectivamente.

Lo más humillante, no obstante, es que los países concedan a la FIFA, como si fuera un Estado más, la posibilidad de reírse de los derechos humanos celebrando un mundial de fútbol en Qatar. Jugadores de fútbol, un deporte ni más ni menos, haciendo rodar una pelota sobre un campo cubierto de cadáveres. Los españoles empiezan el 23 de noviembre a mover la bola. Es una imagen de la que, sin duda, podemos sentirnos orgullosos/as, así que mejor sigamos mirando a Ucrania.