Dominio público

El 'método Drago', Sumar y la maldición de la izquierda

Ana Pardo de Vera

Alberto Rodríguez, exdiputado de Unidas Podemos, en una imagen de archivo. EFE
Alberto Rodríguez, exdiputado de Unidas Podemos, en una imagen de archivo. EFE

Alberto Rodríguez, exdiputado de Unidas Podemos por Tenerife, ha anunciado su intención de concurrir a las autonómicas y municipales en Canarias con una nueva formación política llamada Proyecto Drago, en homenaje a una planta arbórea milenaria, de hoja perenne y flores, que se encuentra en Icod de los Vinos (Tenerife) y que fue declarada Monumento Nacional en 1917. Nunca la he visto, pero esta especie de árbol, que no lo es estrictamente, debe de imponer mucho con los 18 metros de altura y el perímetro de 20 en la base de su tronco que le atribuye la Wikipedia.

Rodríguez también impone, sobre todo, y más que con su elevada estatura y sus rastas envidiables -que también-, con su coherencia política, siempre dirigida al territorio canario, a las más desfavorecidas y a un activismo tranquilo que casó tan mal con estas instituciones nuestras, anquilosadas y derechizadas, que terminaron inventando una causa imposible para echarlo del Congreso, con la complicidad de sus socios del PSOE y el silencio incómodo de buena parte de los y las suyas. Un episodio que se estudiaría en los libros de la Historia de España verdadera como uno de los grandes manchones de una democracia que va de "plena".

Drago pinta, de inicio, muy bien: es una formación canarista y liderada por un político comprometido y tenaz, muy consciente y conocedor de primera mano de los problemas de su tierra, es decir y entre otros más específicos de cada una de las ocho islas, del paro, precariedad laboral, vivienda, servicios públicos en declive, corrupción política y empresarial ..., todos ellos que se suman a las dificultades propias de la insularidad lejana que no acaba de ser compensada por los gobiernos del país al que pertenece.

La presencia de Hugo Morán, un asesor de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en la rueda de prensa del lanzamiento de Drago ha encendido, además, las luces verdes para Sumar, el proyecto de la líder de facto de Unidas Podemos, y muchos dan (o quieren dar) por hecho que Díaz y Rodríguez están condenados a entenderse. Desde luego, ninguno lo ha descartado de momento y la fórmula parece exitosa: formaciones territoriales, sean autonómicas o municipales, emprenden el camino por su cuenta de cara a los comicios de la primavera de 2023 y con la bendición de la vicepresidenta segunda y para las generales, suman (sic) sus fuerzas y se unen a y por el proyecto de Yolanda Díaz para auparla a la Presidencia del Gobierno en una especie de plataforma confederal. Y ya estaría ...


... Lástima, no obstante, que haya tantos/as políticos dispuestos a montar distintos partidos y ninguno se muestre por la labor de la unidad en un momento de fuertes movimientos reaccionarios. Reunir, Más Canarias, Sí se Puede, Izquierda Unida o el propio Sí Podemos, que gobierna la autonomía en coalición con el PSOE, Nueva Canarias (NC) y Agrupación Socialista Gomera (ASG), ... conforman un excesivo abanico de formaciones progresistas, dicen todos que de carácter canarista, que se suman a varios movimientos y asociaciones que trabajan por mejorar situaciones muy concretas de las islas y de sus municipios. ¿Con quién se quedaría Yolanda Díaz para su plataforma? ¿Con todos? ¿Con ninguno? ¿Con el excompañero Rodríguez y Drago o con la excompañera Meri Pita, vinculada a Reunir? Parece difícil que para su proyecto en elecciones generales, encuentre a candidatos y candidatas canarias que estén fuera de estas formaciones o de los movimientos que trabajan con ellas. Y entonces, ¿por qué unos sí y las otras no?

Tal y como está el patio, el lanzamiento de Proyecto Drago es una buena noticia -el nombre es fascinante- y el liderazgo de un político comprometido como Alberto Rodríguez, aun más. Si consiguen conjurar la maldición de la izquierda, tal vez puedan explicar a otros y otras cómo se hace y ofrecer la receta que dinamite de una vez la inoperancia de la división entre izquierdas, tan atractiva como letal.