Opinion · Dominio público

El presidente de la era Internet

ADOLFO CORUJO Y LUIS ARROYO

11-25.jpgLos jóvenes estadounidenses se han volcado con su nuevo presidente. Han votado por él dos veces más que por McCain. Han llevado su imagen en camisetas, pins y bolsas. Han prestado en masa servicios voluntarios en la campaña. En el cuartel general de los demócratas en Chicago, la mayoría no pasaba de los 30 años. Obama y su equipo intuyeron la fuerza y el poder de arrastre que podían tener los jóvenes, no sólo de Estados Unidos, sino de todo el mundo. La apuesta, además, era coherente con el mensaje de cambio, de renovación, de optimismo y de cosmopolitismo, y con el perfil de un candidato de edad y aspecto relativamente joven. El mismísimo Karl Rove, gurú neoconservador de Bush, recomienda esta semana en Newsweek a sus colegas republicanos que, entre otros deberes, se pongan a trabajar inmediatamente en la web.

La red había de ser y fue una herramienta prioritaria en la campaña. Pensado y diseñado para la web, el vídeo del Yes, we can fue la pieza de comunicación electoral más vista de la Historia. Sólo en YouTube, el vídeo fue visto por 14 millones y recibió 80.000 comentarios. Añadiendo la distribución viral mundial, las cifras son aún muy superiores.

Obama está en Facebook desde 2004, y contó para la movilización en la web con Chris Hughes, accionista y joven promotor de la conocida red social. Ingresó también en Twitter en 2006. Desde el principio de la carrera hacia la Casa Blanca, el equipo de campaña de Obama recaudó unos 700 millones millones de dólares, el 90 por ciento en pequeñas cantidades y a través de la web. Pudo así renunciar a la financiación pública. Cuando un ciudadano se interesaba por el senador en la red, y más aún si donaba algunos dólares, pasaba a integrar una amplia y estimulante red de voluntarios, que recibía mensajes cuidadosamente dosificados para pedir acción (y eventualmente algunos dólares más).

Cuando surgieron rumores o maledicencias sobre la vida del candidato, el equipo de Obama decidió contradecir aquel principio de la comunicación largamente asentado según el cual es preferible no contestar para no contribuir a su difusión. Creó www.FightTheSmears.org, los desmentidos se expandieron viralmente por la red y de allí la información saltó a los diarios de papel y luego subió a la televisión. Los rumores no prosperaron, en fuerte contraste con el éxito que tuvieron en la campaña de Bush contra Kerry hace cuatro años. Una campaña que, en 2004, terminó desmovilizando a los jóvenes demócratas.

El resultado de esta operación formidable en la web, meticulosamente preparada y largamente mantenida, está a la vista. Por fortuna, la comunicación en la web puede medirse con cierta facilidad y los datos son esclarecedores. Si comparamos en la web a Obama, justo antes de ganar las elecciones, con otros líderes internacionales, su presencia supera la suma de los cinco siguientes líderes. Da igual el indicador que escojamos: Obama recibió cinco veces más menciones en la blogosfera que los dos siguientes líderes de la lista, Bush y Sarkozy. En los buscadores duplicó a su antecesor y generó, por ejemplo, diez veces más documentos que Gordon Brown. En el ámbito de las redes sociales, el predominio es espectacular: la relación es de veinte a uno con respecto a los líderes europeos.

Sabemos que el primer voto crea hábito. Que tu primer voto marca en buena medida lo que votarás en el futuro. Es evidente también que las experiencias políticas de juventud quedan grabadas a fuego y configuran en buena medida el comportamiento posterior. El presidente Obama cuenta por esto con un activo portentoso, de una fuerza movilizadora incuestionable si se utiliza con inteligencia.

Pero también es cierto que los jóvenes son perezosos y poco fieles en comparación con sus mayores. Y que la red es un campo abonado para la infidelidad, la volatilidad y la renovación permanente de contenidos. En la web, a diferencia de la prensa, la televisión o la radio, se escogen de verdad los contenidos entre infinitas posibilidades. Sabemos, por lo demás, que los niños y jóvenes que hoy dedican ya más tiempo al ordenador que a la televisión, que buscan vídeos específicos en YouTube, que no visitan ya las tiendas de discos, ni las agencias de viaje, ni los videoclubs, no abandonarán jamás Internet. Hoy son minoría, pero en dos décadas el porcentaje de ciudadanos y ciudadanas más atentos al ordenador que a la televisión será prácticamente de un 80 por ciento. Y en cuatro décadas del cien por cien.

Obama hizo una prodigiosa campaña en todos los sentidos, particularmente en la web, y no tardó ni un día en renovar el impulso en la red. Puesta en marcha a las pocas horas de la victoria, www.change.gov es la nueva plataforma del presidente electo. Es institucional como corresponde, pero por primera vez en la historia recoge un discurso semanal del presidente diseñado sólo para la web. Además, recoge ideas, cuenta novedades y se actualiza constantemente. En tres semanas la oficina virtual tiene 55.000 enlaces entrantes, es decir, que 3.700 personas al día recomiendan la página, un indicador clave de su éxito futuro. El nuevo presidente está, en efecto, aprovechando desde el inicio este tremendo potencial logrado con constancia desde hace ya cuatro años. Si Roosevelt fue el presidente de la radio y Kennedy lo fue de la televisión, Obama es ya el presidente de Internet.

Adolfo Corujo es director senior de comunicación on line de Llorente&Cuenca

Luis Arroyo es presidente de Asesores de Comunicación Pública

Ilustración de Iván Solbes