Opinion · Ecologismo de emergencia

¿Gestión de residuos o imagen de marca?

Alberto Vizcaíno López

La recogida y gestión de residuos en España ha evolucionado mucho desde que, a finales de la década de 1990, empezásemos a aplicar la normativa europea que nos exigía, en un primer momento, la recogida selectiva de envases.

Con el tiempo los compromisos europeos han ido estableciendo nuevos requisitos, tanto para la basura en general, como para distintos flujos de residuos. Así, desde 2015 está en vigor la recogida separada por tipos de materiales.

También se ha puesto el acento en la importancia de crear un flujo para la materia orgánica, evitando que se mezcle con otros residuos, para conseguir dar salida a estos residuos en forma de enmiendas orgánicas que puedan contribuir a la fertilidad natural de los suelos. Porque bien recogida y gestionada, la basura orgánica puede convertirse en una herramienta contra el avance de la desertificación. Mal gestionada ocupa espacio en vertederos y fermenta causando varios problemas, entre ellos emisiones descontroladas de gases de efecto invernadero.

Periódicamente Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) lleva a cabo estudios sobre los servicios municipales de recogida de residuos. Los datos comparados en su último informe sobre la gestión de residuos en España revelan que la satisfacción con la gestión de los residuos ha empeorado en 42 de las 60 ciudades estudiadas. Así, “La nota media que obtiene la gestión de los residuos en el conjunto de ciudades estudiadas es de 53 puntos y va en lento declive, pues hace cuatro años era de 56 y hace ocho de 57.”

¿Qué está pasando para que la percepción que tenemos sobre la gestión de residuos en nuestras ciudades sea cada vez peor?

El estudio de OCU indica que los ciudadanos están cada vez más concienciados sobre el problema del reciclaje y también son más críticos al ver con detalle cómo se gestionan sus residuos.

Los flujos que mejor parados salen son los que se refieren a recogidas monomateriales: vidrio y papel – cartón, seguidos de cerca por el resto de envases ligeros, si bien gran parte de las pegas vienen, precisamente sobre esta fracción.

Se apunta en el documento que el modelo “envase céntrico”, impuesto por Ecoembes para el contenedor amarillo, crea un modelo de entrega de residuos contrario a la lógica de los consumidores. OCU se pregunta “¿por qué una botella de plástico sí y un juguete de plástico en forma de botella no?” La respuesta a esta pregunta, es que al contenedor amarillo se tira lo que quiera Ecoembes.

En contra, por cierto, no sólo de la lógica, también de la realidad física de los materiales, la directiva europea que desde 2015 exige la recogida separada de materiales y de los procesos de clasificación y tratamiento de residuos que se basan en sus características fisicoquímicas, no en una definición jurídica de envase compleja de interpretar.

Entre las propuestas para mejorar la gestión de residuos y la percepción que genera este servicio indispensable en nuestra sociedad, se proponen varias cuestiones interesantes. Una que se repite en todo el documento de OCU es la necesidad de mejorar la información disponible sobre lo que efectivamente ocurre con nuestras basuras. ¿Dónde acaban los residuos?

Otra es fomentar el pago por envase vacío retornado: “en otros países europeos es corriente hoy día y un 78 % de los encuestados lo ve con buenos ojos. Estimula que se reciclen los envases, que no se dejen tirados y que, si se tiran, alguien los recoja. Además, el triaje de los envases lo lleva el consumidor hecho de casa”. Todo ventajas.

Desde mi punto de vista, este estudio recoge bien alguno de los problemas del modelo actual de recogida y gestión de residuos. Tenemos un cuello de botella en el contenedor amarillo, secuestrado por Ecoembes, que hipoteca todo el modelo. A modo de ejemplo, como recoge OCU en su estudio, este enfoque fuerza sistemas de cinco contenedores allí donde se recoge la materia orgánica de forma separada.

Igualmente, creo que el documento pone de manifiesto el fracaso de la estrategia de comunicación y mercadotecnia de Ecoembes. A pesar de las decenas de millones de euros que nos cuesta al año no está consiguiendo sus objetivos: la satisfacción con la gestión de residuos empeora, las dudas sobre qué se tira o que no al contenedor amarillo persisten, no hay información clara sobre lo que realmente pasa con los residuos y cuando se contrastan los datos da la sensación de que Ecoembes miente. No sólo eso, también vamos descubriendo poco a poco que parte del dinero que tendría que ir a mejorar la recogida de envases ligeros acaba destinada en intentar ocultar información contrastada, opinión formada e informada o datos tan básicos como que Ecoembes es la marca de Ecoembalajes España, S.A.

Durante los más de 20 años de funcionamiento del sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros el esfuerzo, y los recursos de todos los consumidores, parece haber estado en crear una marca para lavar la imagen de los envases de usar y tirar. En desviar la atención sobre los problemas económicos, ambientales y sociales que generan. Para ello se han utilizado campañas que mienten sobre lo que cabe esperar del reciclaje o que desvían la atención hacia la contaminación atmosférica, sin fundamento técnico o científico que justifique los mensajes publicitarios.

No sólo eso, la estrategia de comunicación también se ha servido de recursos públicos al servicio del posicionamiento de la marca Ecoembes. Destinados a normalizar en las escuelas el uso de envases de usar y tirar, en vez de centrar la atención en estrategias para la prevención de residuos o fomentar la reutilización.

Porque la clave de todo está en la prevención y la reutilización. En evitar que se generen residuos que luego tengamos que recoger, clasificar, procesar y, en los casos en los que finalmente es posible, reciclar. Porque no podemos perder de vista que un número importante de los envases que se ponen en el mercado adheridos al sistema de Ecoembes no se pueden recuperar ni reciclar con el modelo de gestión basado en contenedores de colores.

El informe es claro y habla del futuro que tenemos por delante ¿vamos a mejorar la recogida y gestión de basuras? ¿conseguiremos que una mejor información sobre qué pasa con nuestros residuos? ¿vamos a permitir que los recursos de todas las personas se destinen a silenciar las preguntas y a crear imagen de marca en vez a frenar los impactos económicos, sociales y ambientales de los envases de usar y tirar?