La verdadera democracia se mide en la red

Víctor Sampedro y Virginia Uzal
Director y periodista integrante del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

Todos Los partidos despliegan toda su artillería en las redes sociales. Quién no tiene su programa colgado en su página web no es visible. Quién carezca de cuenta en Twitter, sencillamente no existe. En este terreno electoral, el de Internet, es posible que no siempre ganen los que tienen más dinero para invertir en la campaña. En la visibilidad de las redes lo que cuenta es el número, calidad e intensidad de internautas afines. Contratar un dominio y realizar una página web resulta más barato que una tirada de folletos impresos (ya no digamos distribuirlos). Además, la propia red sirve para pescar donaciones pequeñas, que sumadas contrarrestan la capacidad del gran capital para bloquear la emergencia de nuevas formaciones.

En el anterior post vimos cómo los partidos políticos financiaban su campaña en las elecciones europeas. Los modos de hacerlo y su nivel transparencia eran muy diferentes. El monto total que manejan, también. Aproximadamente (porque aún no ha terminado la campaña) el importe puede variar entre cerca de 6 millones de euros hasta poco más de 50.000. El PP, en todo un alarde de transparencia, es el único partido que no ha aportado ninguna cifra pública. El PSOE calcula un gasto aproximado de 5,5 millones de euros, IU 4 millones, UPyD 1,95 millones. Vox ha afirmado una cifra cercana al millón de euros y Equo, Podemos y Partido X han publicado en sus páginas web, respectivamente, las cantidades de 150.000, 100.000 y 60.000 euros.

Las elecciones resultan caras al contribuyente que las sufraga con sus impuestos, a los partidos que se endeudan y, como en un círculo vicioso, de nuevo a los votantes, a los que se les imponen políticas en beneficio de los deudores. Según el Tribunal de Cuentas, en 2009 se gastaron en total 3,8 millones de euros en cartelería, 3,2 en anuncios de radio y prensa, 10 millones en mítines, viajes, etc. o 13 millones en envío de papeletas. ¿Tienen sentido esta distribución y elevadas cantidades? Reparemos en las dos últimas partidas. Son, con diferencia, las más abultadas. Pero los mítines resultan, ante todo, actos de auto-exaltación entre seguidores y líderes. Y ¿cuántos de ustedes conservan la papeleta recibida en el buzón para depositarla en la urna el domingo?

Los pequeños partidos manejan presupuestos que les impiden hacerse visibles en el mundo offline, en los carteles de la calle, los grandes aforos, los buzones de correo. Por ello centran sus esfuerzos en las pantallas del ordenador. Las limitaciones del canal son obvias: dejan al margen al enorme volumen de población no internauta o que, siéndolo, no se centra en contenidos políticos digitales. Pero, sobre todo las redes sociales, constituyen la única baza a su alcance.

En las redes sociales, por ejemplo, todos los partidos están en igualdad de condiciones. Eso se pudo apreciar en el primer día de campaña: dos de los temas del momento fueron #VotaPSOE o #Podemos1000razones. El primero figuró durante 14 horas entre los temas más comentados del momento en Twitter (Trending Topic) a nivel estatal. Frente a los socialdemócratas, Podemos mantuvo el suyo apenas cuatro minutos menos como TT. El liderazgo incluso cambió de manos durante algunos minutos en los que el slogan de Podemos fue más comentado. Todo a ello a pesar de la diferencia de escaños entre uno y otro que auguran las encuestas.

La visibilidad en Internet sigue siendo un terreno de disputa abierto. Y cobra importancia si se vincula a la de los medios tradicionales. El inteligente trasvase de la visibilidad televisiva de Pablo Iglesias a las redes digitales, ha aumentado su nivel de conocimiento público. Su presencia simultánea en ambas plataformas refuerza su imagen, hasta el punto de que Podemos ha convertido las papeletas en carteles electorales de su líder. Puede tacharse de populismo, pero sin duda es el modo de contrarrestar su ausencia de fondos para acometer la cartelería, el bloqueo de los medios convencionales y el buzoneo.

En Internet, por lo ahora, no solo caben más siglas. Las nuevas también pueden movilizar a sus seguidores.  El segundo debate televisivo en TVE convocó a los representantes del PP, PSOE, Izquierda Plural, Coalición por Europa, UPyD y L’esquerra pel dret a decidir. Todos hombres. Pero el hashtag de Partido X fue más comentado que el propio del debate (#DebateEuropeasTVE). Durante dos horas fue uno de los temas del momento a nivel estatal. El de Equo, que se mantuvo durante más de 3 horas, superó al rezagado partido de Vidal – Quadras con su #CorreLaVox.

Cuestión aparte es el nivel y calidad del debate en las redes sociales. La ofensiva gubernamental que intenta legislar sobre supuestos delitos de opinión vertidos en la Red ha cumplido varias funciones. Obviamente, desplaza otros temas centrales y más lesivos para el Partido Popular en la campaña. Le sirve para presentarse como víctima de una oposición social que pretende criminalizar. He intenta deslegitimar los foros de debate digital en los que se hace presente. Los partidos mayoritarios se han hecho presentes por sus meteduras de pata a lo #HomoCañetus, el tuit de Valenciano sobre Ribery o las supuestas “manipulaciones” en La Sexta criticadas por la cabeza de lista del PSOE.

La hondura del debate digital es escasa. Se centra, es cierto, en temas ya destacados en los medios convencionales y partidos mayoritarios. Pero, como demuestran los ejemplos anteriores, también pueden darle la vuelta cuestionando los valores de fondo y las formas de expresarlos. Quizás no sea un gran nivel, pero sin duda muy superior al de los corrales de tertulianos. Un formato infecto que, por cierto y como señala el ejemplo de La Tuerka, puede renovarse si se toman las riendas de su producción y distribución en red.

Los cambios en la representación del Parlamento Europeo que se producirán en el 25 de mayo ya han tenido lugar en la Red.