Tierra de nadie

Negacionismo a la española

Tres meses después de la decepcionante cumbre sobre el clima, a cuyos inconcretos compromisos se han adherido ya 110 países, Greenpeace ha denunciado que Industrias Koch, un gigante petroquímico norteamericano, ha regado secretamente con 46 millones de euros a los negacionistas del cambio climático, entre los que parece confirmado que no se encuentra el primo de Rajoy. Que las empresas más contaminantes del mundo, como Koch o Exxon, sean el apoyo financiero de quienes defienden que es el propio planeta, sin la intervención humana, el que ha decidido subirse el termostato, da idea del rigor científico de sus tesis.

A la cabeza de los negacionistas españoles está Aznar, del que no se puede decir abiertamente que esté a sueldo de las petroleras, pero tampoco es casualidad que entre los accionistas del conglomerado de Murdoch que le tiene en plantilla figuren varios magnates texanos del crudo, o que las fundaciones a las que factura sus conferencias de clarividente estadista –la Heritage Foundation o la American Enterprise Institute (AEI)- se nutran de los fondos de la ya citada Exxon Mobil. Ahora que sabemos que el ex presidente nunca reniega de sus actos, incluida la intervención en Irak, alguien tendría que preguntarle si cuando firmó el protocolo de Kioto pensaba que se trataba de un acuerdo para vender a Japón latas de melva canutera.

En consecuencia, es lógico que quienes, como él, piensan que los ecologistas se han inventado el Apocalipsis climático se agrupen en torno a FAES –estrecha colaboradora del AEI- y al Instituto Juan de Mariana, un oasis neoliberal que presume en sus frontispicio de no aceptar subvenciones de nadie, aunque haga excepciones cuando se trata de la Atlas Economic Research Foundation, otra sucursal a la que Exxon enchufa su manguera de alto octanaje. Como no podía ser de otra forma, su acto inaugural, allá por el año 2005, consistió en un seminario crítico sobre Kioto, con asistencia de la madre del liberalismo patrio, a la sazón presidenta de Madrid.

Koch, por cierto, financió el estudio que certificaba que los osos polares no peligraban y que si, últimamente, se les veía nadar a mar abierto no era porque se derritiera el hielo del Polo Norte sino porque les molaba hacerse largos por el Ártico. De los osos, Aznar aún no ha dicho nada. Démosle tiempo.