Tierra de nadie

Rubalcaba y la guerra sucia

A Rubalcaba, que es un bendito, se le ha querido ver detrás de un artículo publicado por su diario de cabecera en el que se revela que Carme Chacón, además de inexperta, mujer y catalana, es el epicentro de un conglomerado de intereses ajenos al partido que el socialismo pata negra contempla con creciente inquietud. Tenía uno cierta prevención a escribir del asunto por eso de que uno de los citados como ejes del mal es el editor de este diario, Jaume Roures, aunque el hecho de que no me pague desde hace meses me libera de cualquier compromiso. Completan el triángulo maléfico el marido de la ex ministra, Miguel Barroso, y el consejero de Telefónica Javier de Paz, amigo para colmo de Zapatero.

Ha aclarado Rubalcaba que él no se dedica a hacer la guerra sucia y, de paso, no hubieran estado de más algunas matizaciones, tal que Barroso fue asesor suyo, y de Maravall, y de Almunia y del propio Felipe González, y que si reapareció en el PSOE a principios del 2000 fue porque él le llamó, hasta que le madrugó  la pieza del favor de Zapatero y no sólo le retiró la palabra sino que usó a Pepe Blanco para exigir su despido.

Con Javier de Paz tampoco debería hacerse de nuevas, aunque sólo fuera porque entre ambos parieron aquello de Estudiantes Socialistas, como contrapeso al protagonismo y a las movilizaciones del Sindicato de Estudiantes cuando uno era secretario de Estado de Educación y otro secretario general de las Juventudes Socialistas. ¿Son Barroso y De Paz menos socialistas que Florentino Pérez, íntimo de Rubalcaba, y mucho más inquietantes? De Roures no hablamos porque es trotskista, pero sorprende que su empresa fuera la encargada de transmitir la señal de los mítines del PSOE en la campaña en la que Rubalcaba fue candidato. ¿Alguien lo entiende?

Chacón no mata, pero es bastante mezquino presentarla como el instrumento de unos conspiradores que tratan de poner el PSOE a su servicio. De ser así, tampoco tendrían éxito, ya que el arrobamiento que produce Rubalcaba hace impensable su triunfo en el 38 Congreso. ¡Menudo es el esprínter cuando se presenta a unas elecciones!