Tierra de nadie

El cambio de régimen

Como preclaro representante de nuestra derecha más genuina, Pablo Casado dedica gran parte de su tiempo a detectar las amenazas que acechan la patria, que unos días son los inmigrantes, otros las feministas radicales y siempre y per saecula los independentistas y los populistas bolivarianos. Lo del coronavirus, al ser microscópico, no lo vio venir pero, una vez entre nosotros, ya nos ha advertido de que la lucha contra el bicho puede ser la excusa perfecta para un cambio de régimen, y de ahí que el del PP haya dicho nones esta misma semana a otros pactos de la Moncloa porque bien podrían ser solo el señuelo para darnos gato por liebre.

Casado es, a veces, un tanto críptico y no ha terminado de concretar si por cambio de régimen entiende el derrocamiento de la monarquía, que Pedro Sánchez se asome al balcón de Moncloa y se autoproclame califa con Pablo Iglesias como gran visir o, simplemente, es un aviso para que abandonemos la dieta Dukan y la sustituyamos por la paleodieta. A efectos indagatorios, lo mejor en estos casos es apoyarse en los clásicos, que siempre son una fuente inagotable de sabiduría.

A finales del pasado mes de enero, su mentor Aznar ofreció una pista de a qué podía referirse el joven Pablo. Se trataría, según el profeta de todas las catástrofes, de implantar un sistema, "como en la II República", en el que el centro derecha no pueda gobernar mediante un vaciado sistemático de las instituciones que, dicho sea de paso, algo vacías ya estaban, en particular, sus cajas fuertes, tras el paso por ellas de los populares. ¿Su consejo? Confrontar con el Gobierno como si Vox no existiera y con Vox como si quien no existiera fuera el Gobierno. Física y metafísica a un tiempo.

No obstante, esta idea de Aznar ha sido bastante tornadiza a lo largo de los años, hasta el punto de que, tomadas al pie de la letra sus admoniciones, España cambia más de régimen que él de calzoncillos. El mismo día de los atentados del 11-M, el entonces presidente del Gobierno se dirigía a la nación para anunciar que no habría cambio de régimen "ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar", lo que hacía suponer que los impulsores del mismo eran los etarras y sus secuaces, que no iba a dudar en ese momento nuestro reputado estadista de la línea principal de investigación del increíble Acebes.

Conjurado ese intento, poco más de dos años después, sus ojos se volvieron hacia Zapatero, un político "sin convicciones ni sentido de la responsabilidad", como promotor de ese nuevo régimen. Estábamos en septiembre de 2005 y Aznar anunciaba que en esa última semana del mes, poco antes de aprobarse el Estatut catalán, se darían "los pasos decisivos" para un cambio de régimen "sin mandato ni consentimiento de nadie".

El augurio debió de cumplirse porque en octubre de ese mismo año, en un acto de FAES, su fundación personal, definió el Estatut como "un ataque al modelo consensuado de convivencia", una "ruptura de la Constitución" y también "un cambio de régimen político". En definitiva, que el cambio se había consumado aunque solo Aznar fuera consciente del mismo.

Llegó después el PP al Gobierno, algo bastante inexplicable con el nuevo régimen ya implantado, un largo período en el que Aznar se olvidó de este enojoso asunto para centrar sus ataques en su heredero al trono de la derecha que, si no rana, sí que le había salido muy maricomplejines. Hubo que esperar a abril de 2019 para que volviera a tocar el tema en un vídeo de tres minutos y 50 segundos que destilaba mucha más gravedad de la habitual en el personaje. "Si las cosas siguen como van y no existe finalmente una unificación masiva del voto de la derecha en torno al partido de la derecha que tiene más posibilidades, las elecciones se van a perder de modo irremediable", proclamaba. Y entonces "se producirá una mutación, un cambio de régimen constitucional de consecuencias imprevisibles".

Pues bien, en ese momento parece que nos encontramos. España es susceptible de cambiar de régimen en cualquier momento, pero siempre, y esto es lo importante, cuando el PP no está en el Gobierno. De ahí que para evitarlo, sea imprescindible que la derecha gobierne perpetuamente porque si no es Zapatero, será Sánchez y si no Iglesias cuando logre implantar un Estado marxista al descuido, el que intente o consiga cambiar el régimen que, al parecer, está sometido a más mudanzas que un piso de estudiantes.

No es que la derecha no acepte los resultados electorales y trate de impedir, por lo civil o –en el caso de Vox-, por lo militar si se tercia, que la izquierda esté en el poder por un simple capricho o por puro totalitarismo. Si lo hace activamente o alentando fórmulas como la del gobierno de concentración, que ahora han hecho fortuna en medio de la pandemia coronavírica, es porque estima que lo peor que nos puede pasar es un cambio de régimen, sobre todo ahora que nos pilla con las defensas bajas. El régimen está en peligro una vez más, compatriotas. Ustedes verán lo que hacen.