Tierra de nadie

Ingreso mínimo vital para exministros

Hay premios merecidísimos. A Theophilus Van Kannel, nacido en 1841 y natural de Filadelfia,  tal y  como se recoge en la biblia wikipédica, le dieron en 1889 la Medalla John Scott por ser el padre de un invento que, de manera significativa, mejoraba "la comodidad, bienestar y felicidad de la Humanidad". ¿Que qué había salido de la mente de este ingeniero de Pensilvania? Nada más y nada menos que la puerta giratoria que, tanto en su versión física como más tarde en la virtual, de uso muy extendido en estos lares, contribuye de manera innegable al bienestar de quienes la atraviesan.

Dos exministros del PSOE, José Blanco y  José Montilla, este último expresidente de la Generalitat, acaban de probar la de Enagás, principal transportista de gas natural y gestor técnico del sistema gasista en España. Se trata de una puerta giratoria tipo beca o premio de jubilación que lleva aparejada una retribución que, en función de las asistencias al consejo de administración y de la comisiones de las que se forme parte, puede alcanzar los 160.000 euros anuales. Junto a ellos, ha sido designado también consejero independiente Cristóbal Gallego Castillo, doctor en ingeniería aeroespacial y miembro en representación de Unidas Podemos de la Comisión de Expertos para la Transición Energética que se formó en 2017. Enhorabuena a los premiados.

Los motivos que ha esgrimido Enagás para justificar estos fichajes, que obligarán a la compañía a modificar sus estatutos para ampliar el tamaño de su consejo, son incuestionables. Dice la empresa que la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto amenazas para la garantía del servicio esencial de suministro de gas y, por ello, ha tenido que reaccionar "preventivamente" reforzando su órgano de administración con estos nuevos miembros que aportan "valor añadido en la gestión de una situación de emergencia como la que vivimos".

Nada tiene que ver por tanto que Blanco estuviera mano sobre mano desde que dejó el escaño de eurodiputado en 2019, que fuera el mentor de Pedro Sánchez en el PSOE y que, tras su apoyo al sultanismo en la crisis del partido, pasó con nota las pruebas de su conversión a la fe verdadera. Ni que Montilla, desubicado también tras dejar su escaño en el Senado, no hubiera perdido el favor del PSC o que mantuviera una excelente relación con el presidente de Enagás, Antonio Llardén, desde que el primero ocupaba la cartera de Industria y el segundo era directivo de Gas Natural. La razón por la que ahora se sentarán en un sillón del Ibex 35 es por el valor añadido que proporcionan a la compañía y que debe encontrarse en la agenda de teléfonos de sus móviles.

En un alarde de sinceridad, la gasista viene a reconocerlo cuando afirma haber contado siempre en su consejo con perfiles eficaces a la hora de "reforzar su actividad en el ámbito regulatorio en el que se mueve y del que proviene el 94% de sus ingresos". Traducido al cristiano: como su negocio depende de lo que decidan los Gobiernos de turno tenemos que contar con los interlocutores adecuados. ¿Quién mejor que dos exministros socialistas y un experto próximo a Podemos?

Y es que si por algo destaca Enagás, participada en un 5% por la SEPI, es por el valor añadido de sus consejeros. Allí pastan felices exministros del PP como Ana Palacio e Isabel Tocino, el marqués de Oreja, don Marcelino, que lo fue de Exteriores con la UCD antes de integrarse en las filas populares y hasta el expresidente del partido Antonio Hernández Mancha. La llegada de las nuevas incorporaciones convertirá a Enagás en un miniparlamento del Ministerio del Tiempo.

Lo de Cristóbal Gallego merece mención aparte. Miembro del Observatorio Crítico de la Energía e investigador en modelos de predicción aplicados a la integración eólica, es el único de los nombrados que puede exhibir credenciales energéticas contrastadas. Pero ya sea por su vinculación a Podemos y la aversión de los de Iglesias a las puertas giratorias, o por algún remordimiento personal sobrevenido ha justificado la aceptación del nombramiento con una excusatio non petita que reza así: "Personalmente he decidido aceptar la candidatura porque creo que la emergencia climática requiere actuar desde el mayor número posible de frentes. Acceder a este cargo supone una oportunidad para ocupar uno de ellos. Mi objetivo es poner mi perfil técnico y mi experiencia en cuestiones de transición energética al servicio de un sector que precisa una importante reconversión: la de desengancharse de los combustibles fósiles gaseosos para impulsar alternativas compatibles con la descarbonización (hidrógeno, biogás, etc.)". Para tranquilizar definitivamente su conciencia por el maná que le caerá del cielo, Gallego se ha propuesto donar cada año "la cantidad de dinero suficiente" para que su principal fuente de ingresos sea la profesor universitario. Todo arreglado.

Desde Podemos no se ha escuchado todavía crítica alguna a estos relumbrantes fichajes que, de alguna manera, representan una fórmula avanzada de ingreso mínimo vital para sus beneficiarios. Puede que se haya recuperado el sentido original de la puerta giratoria a la hora de proporcionar comodidad, bienestar y felicidad. La humanidad está agradecida.