La revuelta de las neuronas

La república independiente de mi casa.

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Mi casa es el terreno de mi familia.

Soraya Sáenz de Santamaría.

 

 

Los argumentos que esgrimen los gestores del régimen contra el empoderamiento democrático de los escraches, resultan ser cada día más ridículos. Si hasta hace unos días ETA se disolvía y diluía en la sociedad española, hoy escuchamos por las fauces de esa gran autoridad en la materia, Dolores de Cospedal, que los escraches son "nazismo puro". Debe ser, que las recientes declaraciones de Felipe González denunciando que los niños de Pons no tienen por qué escuchar como llaman al timbre de su casa, mientras que los hijos de cualquiera pueden ser expulsados de las suyas a manos de la policía pagada por todos, ha reforzado su autoestima. Cuando un régimen político se revela como cleptocrático, donde impera el dominio de los ladrones, éste busca vaciar de política el debate y la calle mientras se aferra a las normas jurídicas como un clavo ardiendo. Solo un totalitario, entiende que las formas jurídicas son ajenas a las relaciones sociales y políticas de donde surgen y sacralizan su valor, como si fueran objeto de divinidad trascendental y no un producto humano. Las mentes reaccionarias como las que diseñaron las leyes de sangre y honor en la Alemania nazi, entendían que evitar la contaminación judía, debía estar  amparado en un marco legal. El soberano se enfrenta a la multitud tratando de convencerla de que lo legal es siempre sinónimo de lo legítimo, incluso cuando dicha legalidad se justifica sobre la base de la soberanía popular que claramente se ve mutilada. La estrechez de mentalidad interpreta  la democracia como un sistema rígido y estático, como una construcción jurídica petrificada y ausente de política, que siempre encuentra en ella misma su propia justificación. La discontinuidad constituyente no encuentra lugar dentro del régimen político constituido.

 

Pero los que odian a la democracia y por lo tanto a la política, los que no quieren perder el monopolio de la palabra con el que nombran a la realidad, observan atónitos cómo su capacidad de convencer se oxida, por eso apelan a cualquier argumento; poco les importa insultar a la inteligencia de la población con tan burdas analogías. Cuando los escrachados aluden a su vida privada, a su intimidad y espacio vital y buscan desprestigiar los escraches ciudadanos, hacen gala de su profunda inmoralidad por el mero hecho de plantearlo en esos términos. Apelar a la inviolabilidad del propio espacio, cuando al mismo tiempo, se quiere negar su existencia a muchísima gente pudiendo evitarlo, evidencia su desprecio a la gente. Para que todos podamos disfrutar de la república independiente de nuestra casa, la propiedad que ostentan los bancos debe dejar de provocar servidumbre y privar de vida a otros. La propiedad no incluye también una dimensión social, al contrario, se genera socialmente y luego es usurpada por el monopolio de unos pocos. Es por lo tanto, urgente una apuesta por el alquiler social sostenible a lo largo de la vida para ser verdaderamente independientes.

 

Ellos defienden la patria de los necios y de la casta financiera oligárquica. Los desobedientes, una Europa y una España de tod@s y para tod@s, donde la igualdad de nacimiento asegure el derecho a la existencia. Decía Robespierre que cualquier ley social debe someterse, primero de todo, al derecho que tiene cada persona a existir. La precariedad, el paro, los desahucios, la dictadura financiera y la pérdida de derechos niegan nuestra existencia y condición de igualdad. Hora es que la política, siempre joven, impugne y desplace en la historia al reino de los dinosaurios.