¿Por qué nos insultas, amigo Jabois?

Manifestantes en Milán pidiendo la paz en Ucrania este sábado. EFE/EPA/MATTEO CORNER

A los periodistas de la televisión rusa Rain que han dimitido en bloque para no plegarse a las amenazas dictatoriales de Putin. Se juegan incluso la cárcel. Todo el respeto.

Las trincheras del periodismo

No creo que los periodistas sean más canallas, inútiles o idiotas que cualquier otra profesión, incluidos los profesores universitarios -entre los que me encuentro-. El problema es que los periodistas están más expuestos.

Los periodistas tienen que mojarse todos los días en sus medios, y esos medios tienen líneas editoriales. Cuando no coinciden sus conclusiones con lo que piensan los que les pagan, les supone un contratiempo. Si eso incluye, además de su trabajo estricto como periodistas, sus colaboraciones extra como opinadores, el costo de poner en riesgo ese trabajo es aún mayor, pues buena parte recibe el grueso de su salario precisamente por opinar, no por ser periodista. No digo que cuando opinan tengan que mentir o verse obligados a opinar en la misma línea que su medio o que el argumentario que repiten el grueso de los tertulianos, comentaristas o presentadores. Digo que llevar la contraria supone un contratiempo.

Por si no fuera suficiente, los periodistas, precarios, están sujetos a la vertiginosidad de la información, lo que les obliga a decantarse cuando quizá aún no tienen todos los elementos de juicio. Además, hay no pocos periodistas, que ya han roto todos los principios deontológicos (periodistas, que son los que defendieron al Emérito, la existencia de armas de destrucción masiva en Irak o que la matanza de Atocha le ejecutó ETA, que llevan ocho años insultando directamente a Podemos y a sus líderes como si eso formara parte de su trabajo informativo) que tienen una enorme presencia mediática, de manera que, como en el experimento psicológico de Asch, su capacidad para instalar un sentido común dificulta aún más matizar y exponer ideas discordantes.

Escuchar de los que disienten

Anoche discutía con un grupo de estudiantes liberales en Santiago de Compostela (me habían invitado, con criterio democrático, a debatir con ellos sabiendo las enormes diferencias ideológicas). A su amabilidad de invitarme yo tenía la obligación de contestar aceptando. Y así lo hice. Por la noche fuimos a cenar –bueno, cenar, cenar quizá sea exagerado vistos los usos y costumbres estudiantiles tan exigentes en casi todo salvo en la comida- y continuó el debate.

El grueso de la discusión tuvo que ver con la reponsabilidad de cada cual y la responsabilidad colectiva. Que si cada cual es dueña de su propio cuerpo y debe poder tomar sus propias decisiones, que si nadie puede dictarte tus comportamientos sexuales sean los que sean, que si fue un error de los liberales no conceder derechos de ciudadanía a las mujeres hasta el siglo XX..., De ahí llegamos, por la misma logica, a preguntarnos si tienes derecho a vender un riñón, si puedes prostituirte en nombre de tu libertad o gestar en tu vientre un hijo que se llevará otra persona. Yo concluí que el problema del liberalismo y aún más del neoliberalismo es que todo lo convierten en una mercancía. Incluida la guerra.

Al final, buena parte de ellas y ellos, tras mil argumentos y contraargumentos, afirmaban que si alguien se jugaba la vida en un trabajo peligroso, debía cobrar mucho por ello. Algo con lo que yo estaba totalmente de acuerdo. Y que haría imposibles las guerras. No sé si hoy habrán recibido una carta de expulsión de Rallo o del mismísimo Juan de Mariana por sus malos pensamientos bolcheviques, pero lo que es evidente es que el debate fue rico y, al menos yo, aprendí mucho.

Hablamos por tanto de la guerra. Estábamos de acuerdo en casi todo. A la gente joven no le gusta la guerra. Y eso es una esperanza. Es difícil imaginar que los que defienden ahondar en la guerra en Ucranica estén dispuestos a tomar un fusil e ir allí a echar una mano. Y me alegro de que no lo hagan.

¿Quién representa en los medios al "no a la guerra"?

En el grueso de las tertulias de España, quienes defiendan que no había que mandar armas a Irak –en caso de que haya alguien que defiende esa postura- son directamente insultados, rodeados con vídeos sentimentales del horror de la invasión que anulan cualquier argumento, permitiéndose los gritos y los ataques personales a quienes se salgan de la norma. Hemos visto, sin embargo, una encuesta que dice que el 38% de los españoles no está a favor de la medida que ha tomado el Gobierno de Sánchez -y que ha generado disensiones dentro del mismo-. A algunos les parece que ese 38% es "sólo" el 38%, mientras que lo contrario puede ser igualmente válido: sólo el 62 % de los españoles respalda la decisión de Pedro Sánchez.

Una pregunta es esencial: ¿quién representa a esos casi cuatro de cada diez españoles? Evidentemente, Unidas Podemos, que es la única fuerza que ha mantenido esa postura. Entonces ¿por qué los periodistas insultan a cuatro de cada diez españoles llamándoles cobardes, antiimperialistas de parte, comunistas de la Unión Soviética, aliados de Putin, tontos útiles, idiotas, canallas, asesinos y alguna que otra lindeza?

Hemos visto que va creciendo el número de expertos –militares e historiadores, no tertulianos todólogos que ayer sabían todo sobre el corona virus y hoy dictan lo que hay que hacer en Ucrania- que defienden que mandar armas al pueblo de Ucrania es un gesto hermoso de entrada, de ayudar a la víctima de una tropelía como la que ha cometido Putin, pero inútil y, con bastante probabilidad, inútil salvo para aumentar el dolor y la muerte. Porque si Ucrania no va a ganar la guerra salvo que la OTAN entre en el conflicto, cuanto antes termine mejor.

Si mandar armas supusiera terminar con la maldita invasión del neozarista Putin ¿quién decente no se opondría? Pero crece el número de militares que afirma que esas armas aumentarán el número de muertos, no ayudarán a la vía diplomática, terminarán probablemente en las manos de Putin -o de los contratistas- y no cambiarán la correlación de fuerzas. Pero los que no han hecho nada para frenar a Putin todos estos años atrás sino todo lo contrario, los que por un lado le han agasajado y dado alas y por otro han querido humillar a Rusia llevando la frontera de la OTAN a las puertas de Moscú, ahora quieren mandar armas. Eso sí, estando ellos lejos de Kiev y sin afirmar que estarían dispuestos ellos mismos o sus hijos a ir a pegar tiros a Ucrania. Porque como bien ha afirmado Pablo Iglesias, la única manera de parar los pies a Putin sería con una alianza militar occidental, donde España entraría en guerra, con consecuencias impredecibles al confrontarse fuerzas nucleares, y donde los hijos de los guerreros de twitter y los Conan el bárbaro de las columnas de opinión, incluso quizá ellos mismos, tendrían tal vez que dejar sus pacíficas tareas e ir al frente a matar y a morir.

No todos hacen trampas cuando opinan

¿Por qué no tener el debate en esos términos? ¿Por qué no conceder que hay gente decente que quiere la paz igualmente pero difieren, con derecho, en acertar en cual es la mejor manera para alcanzar ese objetivo? ¿Por qué insultan algunos periodistas a Podemos y pretenden ridiculizarlos o señalarlos moralmente como si no quisieran la paz igual que presupongo que la quieren los que aprueban el envío de granadas, bombas y misiles? La discusión no es baladí y siempre ha partido en pedazos a la izquierda. Pero es del debate de donde sale la fortaleza de las posiciones. En un debate limpio, una parte importante del PSOE se daría cuenta de que se están equivocando. Seguramente los mismos que auparon a Sánchez a la Secretaría General frente al aparato.

Claro que estoy convencido de que hay canallas que quieren mandar armas a Ucrania porque quieren guerra o porque creen que sus jefes quieren la guerra. ¿Qué hace Susana Griso o Ana Terradillos o Vicente Vallés apoyando la guerra? ¿Son gente honesta a las que les duele la barbaridad que ha cometido Putin? Porque no hace tanto han colaborado con una planeada invasión en Venezuela, han callado las barbaridades en Palestina o han mirado para otro lado cuando han matado a gente del Polisario en el Sahara. Tenemos que aprender a diferenciar el polvo de la paja. La gente que opina con honestidad en este conflicto y los que, como casi siempre, hacen trampa. ¿O alguien me va a decir que hay que aceptar como periodismo El programa de Ana Rosa, Espejo Público, el telediario de Vicente Vallés, las mentiras de El Mundo, El Hormiguero, Jiménez Losantos o Eduardo Inda y su libelo pagado con dinero público y por los mismos que han financiado a Vox? Quizá aquí la culpa sí es de los periodistas que no han limpiado su casa porque saben que con frecuencia no les queda más remedio que trabajar en esos vertederos. Hay un periodista español detenido en Polonia y otros que trabajaban en medios que han sido prohibidos y parece que eso no convoca la solidaridad del gremio.

Me resulta curioso que los mismos que durante todos estos años han elogiado a Putin desde la extrema derecha, ahora quieran llenar de bombas Ucrania. Tenemos que diferenciar los que piensan que la brutalidad de la invasión de Ucrania merece una solidaridad armada con el pueblo ucraniano de los que quieren la guerra porque son fabricantes de armas, halcones de la OTAN, nacionalistas que priman sus deseos patrios, gentes que nunca van a la guerra pero se sienten así viriles, gentes que quieren distraer a su opinión pública, políticos que les van mal en las encuestas...

Hay mucha gente decente que simplemente no ve las cosas como las están presentando los medios de comunicación. Incluso Pedro Sánchez ha sido comedido, porque él mismo, hace un par de días, entendía que mandar armas quizá no era la mejor solución. Pero le ha asustado quedarse en minoría en Europa, igual que cuando decidió reconocer a Juan Guaidó, un tipo que se autoproclamó Presidente en una plaza de Caracas porque lo reconoció Trump y dobló el brazo a sus socios de la OTAN (¿Qué ha solventado en Venezuela el reconocimiento de Guaidó?). Pues seguramente lo mismo que en el 100% de los sitios donde han participado los EEUU y su coalición: desastre, muerte, desolacion y problemas agravados.

Cuando la izquierda apoya la guerra la derecha les devora

Escuchando a Josep Borrell, del PSOE, henchido de ardor guerrero,  uno entiendo por qué el PP pasa por un partido de centro derecha y los medios en España no han tenido problema en blanquear a Vox. Qué falta de memoria. El tema de la guerra siempre ha dividido a la izquierda. La socialdemocracia ha sido siempre menos coherente y lo ha terminado pagando caro. No lo fue en 1914, cuando apoyó los presupuestos de guerra que condujeron a la Primera Guerra Mundial (lo que generaría el germen del partido comunista alemán con Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, asesinados poco después con la complacencia del SPD); no lo fue a la hora de confrontar a Mussolini (lo que provocó la escisión de lo que sería el partido comunista con Gramsci), no lo fue en España con la OTAN, a la que usó criticándola para ganar las elecciones de 1982 pero luego negó en 1986 haciendo todo tipo de trampas para ganar el referéndum.

El momento es grave. Putin es una amenaza a la democracia occidental. Pero no la única, no nos engañemos. Putin es un neozarista igual que Biden es un neoliberal al que echa Trump su aliento populista en la nuca. Ambos necesitan una agenda imperial para aguantar su decadencia. ¿Dónde debe posicionarse la izquierda?

La discusión acerca del oportunismo no es menor en la izquierda. De hecho, rompió a Podemos en su momento. No es fácil pelear contra el sentido común que crean los medios ni contra las promesas de los poderosos, sea a través de promesas o de encuestas. La transversalidad por la que siempre ha peleado Podemos es llegar a todos los sectores sociales y no solamente a los más golpeados, utilizando un discurso de clase trasnochado. Pero la transversalidad no es ceder en los principios para no perder votos porque la presión mediática arrecie. Algunos no aguantaron cuando los medios doblaban el brazo a Podemos para que apoyara un gobierno del PSOE con el Ciudadanos de Albert Rivera o más tarde cuando pedían que se le diera el Gobierno a Pedro Sánchez a cambio de nada. Ese tipo de actitudes, como dije en su día, no implicaban cambiar de política, sino simplemente cambiar de élites. Eran y son vieja política.

Pierde Ucrania, pierde Rusia, pierde Europa

La opinión pública en España está dividida. Seis de cada diez españoles apoyan el envío de armas a Ucrania y cuatro de cada diez apuestan por vías diplomáticas porque no entienden que la militarización del conflicto solvente gran cosa. El 98% de los medios apoya la guerra. Esta proporción elevada de pacifista puede que, como dice Enric Juliana, se deba a que España está en la periferia de Europa y Ucrania nos pilla lejos. O, interpretación más adecuada, porque España ha sufrido una dictadura de cuarenta años en pleno siglo XX y porque los EEUU, a diferencia de lo que pasó en Europa, no les libró de los nazis sino que apuntaló durante esas cuatro décadas la dictadura de Franco. A cambio de bases militares en suelo español. Viva el Rey.

Entre esos seis, seguro que hay canallas (están los de Vox...), igual que entre los cuatro habrá trasnochados y también gente sin escrúpulos (Le Pen pide en Francia la vía diplomática con el único fin de para tapar que Putin financió a su partido igual que lo hizo indirectamente con Vox). Por eso no valen los brochazos.

En el bando de "la guerra" (como se ha definido a sí mismo Josep Borrell, que además ha amenazado con no olvidar los que no se pongan de su lado) está el PSOE, el PP, Ciudadanos, Vox, Más País, ERC... Es una curiosa alianza en donde pesan más otras cosas que la determinación ideológica. En el lado de las salidas diplomáticas, en el lado de los que no quieren aceptar que la guerra solvente los conflictos, en el lado de los que piensan fríamente que mandar armas es un error, el único partido de ámbito estatal que lo defiende es Unidas Podemos. Y es coherente con lo que representa. Porque el siglo XXI no puede repetir los errores del siglo XX: el 15M fue un movimiento popular que engarzaba con el No a la OTAN y el No a la guerra. No puede ser de otra manera porque esa España está ahí y le corresponde representarla a Unidas Podemos. Por mucho que se nuble el cielo de tormentas. Porque el nuevo espacio no se construye con las armas melladas del viejo. Porque además es muy probable que más temprano que tarde crezca el número de gente que se dé cuenta de que mantener la cabeza fría en momentos de tanto dolor es lo más inteligente, y que esa cabeza fría debe pensar más en la paz que en la guerra.

En conclusión, no nos merecemos, por buscar la paz, que gente honesta como Jabois nos insulte, que aprovechen, de paso, para pedir la salida de Unidas Podemos del Gobierno, que pongan a pelear a Yolanda Díaz con Ione Belarra o que nos pidan los que opinan -no los que informan- que se les otorgue impunidad como la monarquía. Un buen día para volver a ver Senderos de gloria de Kubrick. Para recordar que las trincheras son terribles porque solo tienen dos lados.