Las carga el diablo

Verano obsceno

La fuga de Juan Carlos de Borbón ha sido la madre de todas las obscenidades que nos ha tocado soportar durante este verano que por fin despedimos. Si la primavera nos sumió en la histeria y el desconcierto, el verano ha sido desmadre y obscenidad.

Agosto de 2020 pasará a la historia como la fecha en que quedó al descubierto el verdadero talante de quien durante casi cuarenta años fue Jefe del Estado español y Capitán General de los Ejércitos. Cada vez que me viene a la memoria alguna frase de sus discursos, en especial las de sus sermones navideños, no puedo dejar de preguntarme cómo el ahora huido a Abu Dhabi fue capaz de tener el cuajo preceptivo para engañar a tantos durante tanto tiempo.

Nos ha tomado el pelo el autodesterrado y nos lo han tomado los antiguos ministros y demás cargos públicos que firmaron una carta apoyándolo; también los medios de comunicación engañando y manipulando como si no hubiera un mañana… Obscenidad en los tejemanejes judiciales, en la putrefacta fetidez que va a saliendo a flote de las cloacas policiales, en la declaración de Martín Villa ante una juez argentina y en las cartas de apoyo, ha sido el verano de las cartas de apoyo, que los expresidentes del gobierno español aún vivos  le dedicaron; obscenidad en el pábulo concedido a las acusaciones contra Podemos de un tal Calvente, que este mismo acabó calificando de "rumorología"…

Una vez dicho esto, si hubiera que buscar un sinónimo de obscenidad, ese sería "Partido Popular". Su filibusterismo produce vergüenza ajena. Las cloacas no solo las usaron cuando estaban en el poder para espiar a partidos políticos adversarios, sino también para buscarse la ruina entre ellos mismos, los unos contra los otros. Yo era diputado por Ávila, a mí que me registren, argumenta el todavía primer espada; yo no soy ya un personaje público, declara su antecesor…

Qué feo asunto, ¿no les parece? Son mezquindades que durante el verano que ahora acaba han coexistido con una pandemia de duración indefinida y con el vergonzoso y preocupante espectáculo que nuestros representantes políticos brindan al respetable cada vez que se reúnen en sesión parlamentaria. La pandemia nos tiene a todos de los nervios, y a ellos tirándose los trastos a la cabeza entre partidos, entre comunidades autónomas, entre ayuntamientos… ¡Qué obscenidad!

En el horizonte, casi todo por resolver: ley mordaza, reforma laboral, percepción del Ingreso Mínimo Vital, los Presupuestos Generales y qué criterio emplear para adjudicar las ayudas europeas; la reforma de los órganos de gobierno del Poder Judicial, del Tribunal de Cuentas o de Televisión Española, cuya situación de "provisionalidad" mantiene en el cargo a su Administradora Única desde hace más de veinticinco meses… Obscenidad. Y de la desconsideración de los socialistas con su socio de gobierno en asuntos de calado, como la fuga de Borbón o la fusión Caixabank-Bankia, ¿qué me dicen?

Mientras todo esto va pasando, al ciudadano de a pie le cuesta cada vez más trabajo organizar su vida porque no sabe qué puede ser de ella a medio plazo. Teme por su salud y le preocupa que cada día que pasa acabe resultándole más difícil llegar a fin de mes si el extraño momento que vivimos se prolonga durante demasiado tiempo.

No solo los políticos, también televisiones, periódicos y radiopredicadores, se empeñan en otorgarle más bombo a la defenestración de una tal Cayetana o a los rifirrafes parlamentarios que al mundo real. Otra obscenidad más, como la tediosa lentitud con que se mueve la justicia y las controvertidas actuaciones de algunos de sus titulares. Digo obscenidad por no decir pornografía, que quizá sea un término que lo defina mejor.

De las obscenidades en el mundo del fútbol, Liga por aquí, Federación por allá, Messi se va, Messi se queda… de todo eso, que tan entretenidos nos ha tenido también este verano, mejor hablamos otro día si les parece.

J.T.