Corazón de Olivetti

Ban Ki-Moon, Catalunya, Europa y las carnes procesadas

Ban Ki-Moon, secretario general de Naciones Unidas, cree que el soberanismo catalán puede provocar un claro cáncer político a la unidad de España, que resulta prioritaria para el organismo que preside: "España se ha mantenido como un Estado independiente y soberano en sí mismo incluyendo la región de Cataluña. Fue admitida por Naciones Unidas y siempre ha actuado como Estado soberano dentro de la comunidad internacional. Cuando se habla de autodeterminación, hay ciertas áreas donde Naciones Unidas ha reconocido ese derecho, como los territorios sin autogobierno. Pero no creo que Cataluña esté incluida en esa categoría. Hay ciertas áreas en las que la ONU ha reconocido [el derecho a la autodeterminación] y ha sido discutido en la Asamblea General, pero hasta donde llega mi conocimiento no recuerdo tal debate [sobre Cataluña en la ONU]", repuso a Rosa Meneses en una entrevista publicada por "El Mundo", esta semana.

Claro que el españolismo procesado y de carne rojigualda puede ser cancerígeno para las expectativas democráticas de un amplio sector de Cataluña. Esta semana, todo fue un ir y venir de matices y sonrisas, como si no pasara nada o como si tocasen a rebato en La Moncloa y en la industria cárnica. Los constitucionalistas se mandaban WhatsApp y los independentistas declaraban en sede parlamentaria la República Catalana.

A Ban Ki-Moon, sin embargo, lo que le inquietaba era el cambio climático y lo trató, largo y tendido, con Mariano Rajoy, que seguramente habrá dejado de hablarse en las cenas de nochevieja con su célebre primo, que no creía en tal supuesto. Un error que reconocía esta semana en una entrevista con Pepa Bueno, en la cadena Ser, y en la que cometió otros errores que pueden ser nocivos, tóxicos y peligrosos en plena pre-campaña electoral.

¿A qué temperatura arderá el pata negra? Terminarán existiendo personas-jamón, como existían personas-libro en la ficción de Ray  Bradbury. Entonces como ahora, los policías terminarán ejerciendo de bomberos contra la corrupción en interminables piras de sumarios. La UDEF, en estos casuales días, buscaba rastros de choriceo en las viviendas de la familia Pujol, mientras el espetec de la Gurtel permanece en barbecho, sin que parezca hacerle daño a sus expectativas electorales quizás porque los votantes conservadores sean como los consumidores del jamón 5-J, que no creen demasiado en los informes de la Fiscalía Anti-Corrupción ni en la Organización Mundial de la Salud. O consideran que la caña de lomo o la corrupción, consumida en pequeñas cantidades, es mucho mejor que no comer nada, como ocurre con uno de cada nueve habitantes del mundo, que juegan a ser Carpanta.

No en balde, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, el pasado 16 de octubre, se estimaba que 795 millones de personas carecen de alimentos suficientes. ¿Nos arriesgamos a enviarles panceta o bacon? La alternativa, pueden ser los insectos, como recomienda la propia OMS, en aquellos lugares donde escaseen las proteínas habituales, como carnes y huevos. Ya veo a la macroeconómica y macrobiótica España pidiendo una ración de hormigas de paletilla ibérica para acompañar nuestra copa de manzanilla. Las cestas de navidad incluirán gusanos de seda, termitas o saltamontes, hasta que alguien se le ocurra divulgar, vaya usted a saber, que los polvorones y mantecados propagan la calvicie o la gonorrea, por lo que emporios navideños como Estepa entrarían en crisis.

Según recalcaba esta semana en Budapest, el primer ministro de Hungría, Victor Orban, los refugiados se convierten en un tumor para el estilo de vida europeo y el del imperio austrohúngaro. Ese fue el tipo que primero cerró las fronteras de su país a los fugitivos de diversas barbaries y que levantó en su perímetro las concertinas con denominación de origen en Málaga que nosotros estrenamos en Ceuta y Melilla. Ahora, el baranda húngaro sostiene que el principal agente cancerígeno de ese éxodo masivo no es la guerra o el hambre, sino el millonario norteamericano Georges Soros, oriundo de Hungría y especialmente activo en la acogida a los perseguidos.

Orban es demócrata y Europa no, viene a decir Orban, convertido en Dios y profeta de sí mismo. Porque Europa no le ha consultado a la hora de imponerle cuotas de asilo y él va a expulsar incluso a los refugiados que lleguen a su país procedentes de otros estados miembros. El verdadero cáncer del humanitarismo es él o su siniestro ministro del Interior, Sándor Pinter. Hay ONGs que no olvidan el trato que dispensaron a los refugiados de septiembre antes de deportarlos hacia Austira: "Les llevaron a campos donde los trataron como en otra época. La policía les golpeaba y, como alimentación, apenas les repartían pan con unas lonchas de queso". Se extiende, visto lo visto, la metástasis de la xenofobia, el racismo o, simplemente, la crueldad: desde las últimas elecciones en Polonia al club de la Lucha del Partido Republicano en Estados Unidos, que está dejando en pañales a los viejos cow-boys del tea-party.

Estamos viviendo la invasión de los ladrones de células y la Organización Mundial de la Salud sustituye a Orson Welles a la hora de contárnoslo. Al polémico informe realizado por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, que alertaba sobre el hecho de que la ingesta diaria de al menos 50 gramos de carne procesada incrementa el riesgo de cáncer de colon en un 18 por ciento, siguieron las protestas de los productores y comerciantes de tan apetitosa mercancía. Así que la Agencia decidiera dar a conocer los 116 factores que, según su escrutinio, producen la enfermedad. Entre otras, el tabaquismo activo o pasivo, la producción de aluminio, las lámparas y las camas solares, la reparación y fabricación de calzado, el alquitrán de hulla, el arsénico en agua potable o el barrido de chimeneas. Así que Cary Grant –arsénico por compasión—y Mary Poppins estaban corriendo un claro peligro en la pantalla grande. Manolo Blahnik todavía lo corre. Y nosotros sin saberlo: como si Amancio Ortega, el hombre más rico del mundo por unas horas, se viera perjudicado por respirar los tintes industriales que las trabajadoras autónomas que trabajan para Inditex en talleres patrios, americanos u orientales.

Hay más causas cancerígenas según la Agencia Internacional que trabaja para la OMS: entre otras, la fabricación de muebles, la producción de tintes magenta, o la fundación de hierro y acero. La OMS no dice nada, sin embargo, sobre el peligro al que se exponen las mujeres de los trabajadores de dichas factorías por el simple hecho de lavar la ropa de sus maridos. Un juzgado de Bergara condenaba a esta semana a la empresa Arcelor Mittal, actual titular de los Altos Hornos de dicha localidad, a indemnizar con 71.519 euros a los hijos de una mujer que falleció por padecer un mesotelioma maligno, una enfermedad derivada del amianto, con el que estuvo en contacto al lavar la ropa de trabajo de su esposo, empleado de la compañía siderúrgica. No es el primer caso, en diciembre, otro juez condenó a la empresa Uralita a indemnizar con 86.276 euros por daños y perjuicios al marido de una mujer muerta como consecuencia de la exposición al amianto que impregnaba la ropa de su esposo y extrabajador de Rocalla en Castelldefels (Barcelona), que la tenía que llevar a casa a lavar. Uralita terminó absorbiendo a la antigua factoría y ahora tuvo que pagar el pato de un mesiateloma metastásico.

Más causas: la pavimentación con brea de alquitrán, el caucho o la exposición a pinturas: aunque los riesgos de visitar algunos museos y galerías de arte se reduzcan a la sobrevaloración de algunos creadores plásticos. Las bebidas alcohólicas, por supuesto, los aerosoles líquidos que contengan ácido sulfúrico, los alquitranes de carbón, los gases de escape diésel y los que se inhalen dentro del hogar, o las dietas con alto contenido de pescados y carnes curadas en sal, por lo que habremos de terminar comiendo pizza hasta que alguien se le ocurra que la pasta también resulta nociva para nuestro cada vez más frágil organismo.

La lista de productos cancerígenos que volvió a difundir la Agencia parece una clase de química, desde el benceno al clorulo de vinilo –no destruyáis, sin embargo, los discos vintage de 45 o de 33 revoluciones--, desde el cromo –no confundir con el álbum coleccionable de la liga-- al cadmio y sus compuestos. También, los anticonceptivos hormonales, ciertas bacterias y parásitos o los virus de la hepatitis B y C y el de VIH 1. Por no hablar de la polución del aire --¿para cuándo estudios epidemiológicos fiables en grandes áreas industriales de nuestro país?--, o el gas mostaza, tan popular en algunos de nuestros bombardeos. O la naftalina, la sílice cristalina, la radiación solar y otras radiaciones muy diferentes, como la ultravioleta o la Gamma, que parecieran títulos de serie B.

¿Por qué las autoridades sanitarias no dicen nada sobre las contraindicaciones del ganarás el pan con el sudor de tu frente? Resulta visible el deterioro que produce la maldición bíblica del trabajo sobre los seres humanos y que se agrava todavía más con la precariedad del empleo. Por no hablar de la vida propiamente dicha. A pesar de que nos avisan de que provoca un cien por cien de mortalidad, afortunadamente, no nos cansamos de consumirla.

A pesar de Ban Ki-Moon, de Mariano Rajoy, de Artur Mas o del mayor de los peligros que afectan hoy por hoy a nuestra salud: el remozado huevo de la serpiente que incuba Europa y que está dispuesto a acabar con todas nuestras autodeterminaciones, individuales o colectivas, personales o utópicas. ¿Lograremos vencerle con una adecuada radioterapia de soberanía popular o con unas dosis de quimio para despojarnos de toda esa larga herencia genética de autoritarismo y explotación? Mucho me temo que, a la vista de los recortes en materia de libertad, economía y derechos que venimos sufriendo desde que comenzó el siglo, nuestra democracia enferma sólo espera ya cuidados paliativos.