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Bienvenido a tu celda de aislamiento

celdaEl diario británico The Guardian acaba de lanzar otro experimento periodístico. Si hace unas semanas traía la propuesta de realidad virtual de Associated Press (AP) para, por ejemplo, vivir en un campamento de refugiados, ahora el decano inglés nos propone sentir durante nueve minutos lo que es estar 23 horas al día en una celda de 6x9 pies (apenas 5 m2) durante días, semanas o, incluso, años. Ese es el tamaño de una celda de aislamiento en EEUU y, a través de una aplicación de realidad virtual, The Guardian explica los daños psicológicos que puede llegar a producir este tipo de confinamiento.

Para vivir la experiencia lo único que se necesita es descargar la aplicación 6x9, tanto para iPhone como para Android, conectar los auriculares y, o bien utilizar un visor de cartón para sostener el móvil, o sujetarlo con las manos. A partir de ahí, basta con mover el móvil acompañándolo del movimiento de nuestra cabeza para explorar la celda en una panorámica de 360º. Creado con Unity, la plataforma de desarrollo de videojuegos 2D y 3D que emplea CGI (imagen generada por ordenador), el espacio que uno puede contemplar ante sí es extraordinariamente realístico.

"Bienvenido a tu celda. Vas a estar aquí 23 horas al día". Así arranca la experiencia inmersiva a través de la cual siete voces narran lo que significa esa pena. Con objeto de documentar la experiencia, el periódico ha contado con los testimonios de seis hombres y una mujer que pasaron por ese encarcelamiento, que le cuesta al contribuyente una media de 75.000 dólares. Un tipo de confinamiento al que en EEUU podrían estar sometidos alrededor de entre 80.000 y 100.000 reclusos.

Son datos de 2015 recogidos en 34 Estados y que únicamente contempla al 73% del total de presos, puesto que no se incluyen ni las cárceles locales, ni los correccionales juveniles, ni las cárceles militares o las instalaciones de inmigración (CIEs), por lo que presumiblemente la cifra sea mucho mayor.

Omar Mualimm-ak pasó cinco años y ocho meses en aislamiento. Había sido diagnosticado previamente con trastorno bipolar pero, al no recibir su medicación, los síntomas se acrecentaron, aumentado las alucinaciones y las voces que escuchaba. Según cuenta, un día entró una mosca en su celda y comenzó a hablarle. Al principio quería matarla, pero después se limitaba a jugar con ella. Llegó a tapar cualquier resquicio por el que pudiera escapar para que no dejara de hacerle compañía.

Dolores Canales, por su parte, pasó nueve meses cuando tenía 18 años y su hijo, después, ha pasado nada menos que 14 años. Recuerda cómo "en verano hacía tanto calor que parecía que la cabeza te iba a explotar. Me pasaba mucho tiempo tumbado en el suelo tratando de sentir ese poco de aire que entraba por debajo de la puerta. Y en invierno, hacía mucho frío". Canales relata cómo cantaba mucho, en concreto, el tema Respect, que todavía acostumbra a entonar en voz alta.

https://www.youtube.com/watch?v=hwbJLlbeAS0

No es necesario haber cometidos delitos de sangre para estar encerrado en una celda de aislamiento; delitos de contrabando, consumo de drogas o desobediencia a la autoridad también pueden hacerte dar con tus huesos allí. Básicamente, la vida en régimen de aislamiento se reduce a estar 23 horas al día en la celda, con una hora para hacer ejercicio, bien en una sala cerrada o en un patio amurallado donde, en argot carcelario, se realiza el ‘dog run’ (pasear al perro). Tras el ejercicio, una ducha con los grilletes puestos.

Las comidas o la comunicación con los funcionarios de prisiones se realiza a través de una pequeña rendija en la puerta de metal y, claro está, la participación en cualquier actividad de presos está prohibida, así como el disfrute de cualquier dispositivo electrónico que te ponga en contacto con el exterior.

Hipersensibilidad a los estímulos externos, alucinaciones, ataques de pánico, déficit cognitivo, pensamientos obsesivos, paranoia... son sólo algunos de los trastornos psicológicos que componen la larga lista de efectos que produce el aislamiento en los presos. En 2003, un informe de Human Rights Watch estimaba que entre un tercio y la mitad de los reclusos en aislamiento padecía algún tipo de enfermedad mental.