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Aplaudes a las 20:00 horas pero, ¿cuántas mascarillas compraste?

La falta de material de protección en los hospitales de todo el mundo ha provocado que el contagio entre el personal sanitario se incremente. El suministro de productos como las mascarillas escasea en todo el globo y la producción, en su mayor parte situada en China, no es capaz de dar respuesta a la demanda. En España, el pico de contagio de profesionales en centros médicos es alarmante. Cada tarde a las 20:00 horas, personas en todo el país salen al balcón a aplaudir a estos profesionales y, de vuelta al su casa, cargan contra el gobierno central por la falta de este material. Es hora de realizar diversas consideraciones, comenzando por la esfera personal: ¿Cómo ha contribuido la ciudadanía al desabastecimiento de mascarillas?

Desde el inicio de la pandemia el gobierno, las autoridades sanitarias y la Organización Mundial de la Salud (OMS) fueron claros restringiendo el uso de las mascarillas: únicamente debía realizarse por parte de personas que estuvieran contagiadas y/o mostraran síntomas, y las que cuidaran a personas enfermas o sospechosas de estarlo. Nadie más. NADIE MÁS.

A pesar de estos mensajes tan contundentes, la venta de mascarillas en nuestro país se disparó un 7.000% en febrero. Desde la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (Fedifar) se aseguraba entonces que había farmacias con solicitudes de hasta 100.000 unidades al día. De enero de 2019 a enero de 2020 el repunte alcanzaba un 10.000%. Por si esto no fuera lo suficientemente desalentador, la mala manipulación de las mascarillas por personas que no las precisaban es muy posible que haya incrementado las cifras de contagio.

La situación era insostenible y reflejaba cómo la ciudadanía no estaba haciendo caso de las recomendaciones sanitarias y del gobierno central. Obviamente, ésta no fue la única causa del desabastecimiento actual de mascarillas en los hospitales, pero fue una determinante.

Por otro lado, ¿en qué situación se encontraban los almacenes de los hospitales? ¿Se tuvo la suficiente previsión? La actual situación sugiere que no, pero en este punto conviene recordar que la Sanidad se trata de una competencia transferida a las Comunidades Autónomas (CCAA) y, por tanto, es responsabilidad de los gobiernos regionales adquirir los suministros sanitarios para sus hospitales.

Se sorprenderían mucho si acudieran a los Boletines Oficiales de algunas de las CCAA que más cargan contra el gobierno central y revisaran las compras de mascarillas realizadas en lo que va de año, aunque desde finales de enero había publicaciones que alertaban de un posible desabastecimiento global en caso de declararse la pandemia.

Ejemplo de mascarilla ineficaz.

Para cuando estas CCAA y el gobierno central han acudido a los mercados internacionales, éstos son una auténtica jungla, como refleja los seis millones de mascarillas que le han desaparecido al gobierno de Alemania porque, según indican sus responsables, a pesar de estar compradas, el vendedor seguramente encontró un mejor postor. El bombardeo a responsables de compras hospitalarias a diario de ofertas de fábricas chinas ofreciendo material sanitario –algunas fiables y otras no-, solicitando en cualquier caso el pago por anticipado se cuenta por decenas.

Así pues, la situación de desabastecimiento en España tiene una responsabilidad compartida, aunque únicamente se quiera encontrar al gobierno central como único culpable. En este contexto, todas las Administraciones que salen al mercado internacional se topa con un escenario terriblemente hostil y, en ocasiones fraudulento.

Ya no es sólo que la especulación y la escalada irracional de precios estén a la orden del día, sino que el mercado negro y las estafas están a la orden del día. En algunos países están comercializándose mascarillas de una sola capa –han de tener tres- que no sirven absolutamente para nada. Las autoridades de diversos países están requisando material que no cumplen con un mínimo de calidad, incluso, se ha informado de casos en Asia en la que los estafadores tomaban mascarillas usadas, las lavaban y planchaban y las ponían de nuevo en circulación en el mercado. Amazon, incluso, ha tomado cartas en el asunto, retirando más de un millón de productos que contenían precios inflados o reclamos engañosos.