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No, España no va a ser líder en microchips

Sánchez durante la inauguración del evento. - Pool Moncloa/Fernando Calvo

El Gobierno de España quiere que nuestro país sea líder en microchips. Lo expuso ayer el presidente Pedro Sánchez durante la segunda edición del simposio económico 'Wake Up, Spain!' en el que anunció un nuevo Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) sobre microchips y semiconductores, dotado con una inversión pública de 11.000 millones de euros. El objetivo es muy loable, pero ¿Es realista?

Sánchez calificó la medida de "ambiciosa" y "audaz" y vaya sí lo es. Nuestro país no es el único preocupado por la dependencia externa en el campo de los semiconductores.  La pandemia se encargó de evidenciar la debilidad tanto de Europa como de EEUU en esta materia después de haber concentrado la mayor parte de la fabricación en Asia (China, Japón, Corea del Sur y Taiwán). Según datos de la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA, por sus siglas en inglés), el 75% de toda la fabricación de semiconductores se encuentra en esta región, mientras que el 92% de los semiconductores lógicos altamente avanzados del mundo se fabrican en Taiwán.

Los problemas en las cadenas de suministro y el desabastecimiento de semiconductores terminaron impactando en ERTES en nuestras fábricas de coches o, incluso, en el retraso de la llegada masiva del 5G por falta de dispositivos. Así pues, no sorprende que Sánchez quiera resolver esta déficit; lo quiere la misma Europa, cuyos Estados miembro diseñaron en 2020 un plan para desarrollar procesadores integrados de baja potencia de próxima generación y tecnologías de proceso avanzadas de 2 nanómetros, dotándolo con una financiación de 145.000 millones de euros.

Todo el mundo quiere gozar de autonomía tecnológica, más aún en materia de semiconductores, que se han convertido en el corazón de todo tipo de dispositivos electrónicos, vehículos autónomos, electrodomésticos, etc. y cuya especialización ha llevado a producir chips dedicados a aplicaciones específicas de Inteligencia Artificial (IA).

"El Gobierno quiere que nuestro país se sitúe a la vanguardia del progreso industrial y tecnológico", afirmó ayer Sánchez, pero ¿cómo de fácil o de sencillo es que España se convierta en líder de microchips como ayer expuso Sánchez? Lo cierto es que, hoy por hoy, resulta remoto.

Existe más de una treintena de categorías de chips y en su fabricación se concitan más de 300 componentes diferentes que requieren más de medio centenar de equipos de ingeniería de alta precisión. Se trata de un proceso productivo extraordinariamente complejo, con elevadas dosis de propiedad intelectual, para el que una inversión de 11.000 millones de euros, dado nuestro retraso, es ridícula.

El presidente del Gobierno vendió su PERTE sin concretar, sin precisar el destino de tal inversión que, expuesta de manera global cuando hablamos de semiconductores, es lo más parecido a vender una loción crecepelo en una feria. Humo. Desde los años 60, con objeto de mantener los niveles de innovación, eficiencia y competitividad, las compañías se han ido especializando en las diferentes capas que intervienen en el proceso de desarrollo y fabricación de los semiconductores.

El PERTE de microchips anunciado por Sánchez tendría más entidad, sería más creíble si, en lugar de tratar de apabullar con esos 11.000 millones de euros, hubiera concretado cuál será el objetivo de especialización de España. Un exhaustivo informe de la SIA en 2021 viene a poner en su sitio lo que realmente significa la inversión anunciada por nuestro presidente: El coste de una fábrica avanzada de impresión de obleas ronda los 20.000 millones de dólares, mucho más que los 13.000 millones de una fábrica de aviones.

Manejando estas magnitudes, parece evidente que a la financiación pública anunciada por Sánchez habría que sumar más del doble de privada, especialmente considerando nuestro retraso y la falta de compromiso presupuestario con la investigación, así como el tiempo que lleva que una fábrica de este tipo adquiera velocidad de crucero. Además, no se trata únicamente del desembolso inicial, sino que la inversión ha de ser constante, como demuestra que entre 2015 y 2019 las cinco principales fábricas del mundo tuvieron que invertir el 35% de su facturación (unos 75.000 millones de dólares) para continuar en vanguardia. Incluso aquellas que no se embarquen en la fabricación y se especialicen en el diseño, a pesar de tener costes inferiores, han de rascarse el bolsillo constantemente: las cinco primeras en ese campo tuvieron que invertir el 22% de su facturación en el mismo periodo, es decir, 68.000 millones de dólares.

Realizar anuncios como el que ayer hizo Sánchez requiere de más rigor, concreción y menos humo porque, de lo contrario, lo que debería ser una muy buena noticia por el giro estratégico que se le quiere dar al país se reduce a un anuncio panfletario más bien hueco.