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Las diversas maneras de matar mujeres y niños

Hace dos días Amia Oubel  de 4 años y Candela Oubel de 9 han sido asesinadas supuestamente por su padre –que lo anunció con anticipación a la madre-, con una radial. Para quienes no sepan lo que es una radial –yo no lo sabía- es una máquina parecida a la taladradora, que inserta un disco en un extremo. Enchufada a la red eléctrica el disco gira a mucha velocidad. Según el disco que le pongas sirve para cortar hierro, ladrillos, azulejos, madera, horadar paredes, y a partir de hoy para matar niñas. No sé si estas estaban despiertas y conscientes cuando su padre se acercó a ellas con la máquina en marcha, el disco girando y haciendo un ruido chirriante. El padre las tenía consigo porque después del divorcio el juez le había concedido la custodia compartida.

Hace dos años José Bretón asesinó a sus dos hijos, José de dos años y Ruth de seis. Primero les durmió con hipnóticos, después fabricó un horno con ladrillos en un terreno de una casa de campo y allí los quemó vivos. Fue durante el fin de semana que le correspondía por el régimen de visitas que había dispuesto el juzgado.

Hace 18 años Ana Orantes fue quemada viva por su marido  en plena calle. La roció con gasolina y prendió una cerilla. Ella lo había anunciado unos días antes en un programa de televisión, de gran audiencia, dirigido por Ana Rosa Quintana. Este julio Laura González también ha sido quemada viva por su marido.

En lo que va del año 2015 56 feminicidios y asesinatos han sido cometidos  por hombres. 23 reconocidos oficialmente con ese eufemismo de violencia de género. Los otros 33 no merecen ese calificativo porque las víctimas han sido los y las hijas, la madre, la sobrina, el novio de la ex mujer, la cuñada, la hermana, la tía, la vecina, la hijastra, las desconocidas; y 7 varones: el hijastro, el empleador de la víctima, el hijo, el cuñado, el novio de la víctima, el novio de la sobrina, también víctima.

En una obra de teatro de Laia Ripoll, El triángulo azul, se cantaba una copla sobre las 34 maneras de matar en Mathausen, el campo de exterminio donde sucede la acción.

En España contamos con las mismas formas de matar mujeres y niños que en Matahusen. Quemadas vivas, apuñaladas, golpeadas, tiroteadas, estranguladas, ahorcadas, arrojadas al vacío desde un balcón o terraza, ahogadas, descuartizadas, destino que comparten con varios niños, quemados, anestesiados, ahogados en una bañera y hasta troceados con una radial.

Si en un colectivo profesional, por ejemplo taxistas o joyeros, se produjeran un centenar de asesinados sólo en un año, sabemos que se colapsarían las calles, habría interpelaciones parlamentarias, los medios de comunicación y las tertulias arderían de indignación. Si las víctimas lo fueran de terrorismo la Guardia Civil patrullaría por las calles y se pediría el Estado de Excepción. Pero se trata únicamente de mujeres y niños, y por tanto los asesinatos se producen  durante décadas sin escándalo.

En los últimos diez años se han creado varias instituciones dedicadas a la observación y persecución de la violencia de género, que disponen de medios y personal para abrir atestados, instruir sumarios, celebrar juicios, resolver apelaciones, dictar órdenes de alejamiento y de protección, ejecutar sentencias, realizar exámenes forenses, dictámenes psiquiátricos, terapias de apoyo, contar las víctimas, publicar estadísticas, organizar campañas de concienciación y difusión de los hechos, y todos esos hombres y mujeres que trabajan arduamente en las comisarías de policía, en los cuartelillos de la Guardia Civil, en los despachos de las policías autonómicas, en la calles de las ciudades, en los ambulatorios, los hospitales, los juzgados, las Audiencias, los observatorios de violencia de género, los ministerios, como Ministros, Secretarios de Estado y Directores Generales,  no han logrado que disminuya ni un 1% el número de víctimas.

Lo que sí han logrado es que disminuya el número de denuncias, lo que teniendo en cuenta lo anterior la única conclusión que cabe es que ya las mujeres no denuncian a pesar de seguir siendo abofeteadas, apaleadas, amenazadas, insultadas, humilladas, encerradas, violadas, prostituidas, acosadas, por alguno o algunos hombres. Y así es porque han perdido la confianza en la protección que las instituciones les tienen que brindar.

El Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ha condenado a España por no proteger a una mujer víctima de violencia de género y a su hija, de siete años, a la que el maltratador asesinó en 2003 en una de las visitas pautadas en el régimen de separación. La mujer, Ángela González, había denunciado a su ex marido en 30 ocasiones por amenazas y agresiones y se había opuesto a que viera sin supervisión a la niña. Pese a ello, el hombre mató a la pequeña Andrea y después se suicidó. Pero el Ministerio de Justicia se niega a reconocer su responsabilidad ni a indemnizar a la madre. Queda claro que el Estado español no considera a las mujeres y a los niños ciudadanos a los que deba proteger.

En este Estado español democrático de derecho se mata a mujeres y niños con los mismos métodos que en Mathausen.