La realidad y el deseo

De plomo las calaveras

Los hechos son tozudos. Los desechos también. Las fronteras son un lugar en el que los hechos y los desechos exigen una observación meticulosa. Las fronteras pueden convertir a una persona en un desecho, en residuo, basura, objeto inadmisible que merece ser tratado con desprecio y vilipendio. El mar y las tormentas matan porque la naturaleza desatada es peligrosa. Las fronteras no son espacios naturales, pero matan con frecuencia porque las sociedades, los países, los papeles, se desatan y actúan sin compasión. Las fronteras son un laboratorio en el que el poder experimenta con los que llegan de fuera el trato que tiene reservado para los de dentro. En algunas pruebas de laboratorio se sacan conclusiones desoladoras: hay quienes fundan la ley en el desprecio al ser humano, a sus dolores y sus debilidades.

Un numeroso grupo de personas, casi todas de origen subsahariano, intentó entrar en España por la frontera de Ceuta el día 6 de febrero. Las imágenes grabadas y el relato de los supervivientes dibujan una actuación cruel por parte de la Guardia Civil. Los hechos y los desechos son tozudos. Quince cadáveres son el desecho que ha provocado este intento de entrar en España y la respuesta rotunda de los encargados de vigilar la frontera. Algo va mal, muy mal, en la ley y en la sociedad cuando las fuerzas de seguridad de un Estado ponen más empeño en cerrar las fronteras que en evitar que las personas mueran delante de sus ojos. El relato de los supervivientes denuncia los disparos de balas de goma y el uso de gases lacrimógenos contra los que nadaban para alcanzar la playa. Los supervivientes hablan también de un barco de la Guardia Civil que no socorrió a los que se iban a hundir. Sus tripulantes se dedicaron a empujar a vivos y muertos con palos para dirigirlos hacia la parte marroquí de la playa. Todo esto merece una investigación. ¿Ocurrió así? ¿Quién dio las órdenes? ¿Hubo después deportaciones ilegales? Los familiares de los muertos, los ciudadanos españoles y la Guardia Civil merecen una explicación.

Ante la falta de interés de las autoridades por aclarar los hechos, 20 asociaciones presentaron una denuncia el día 10 de febrero. Se trata de asociaciones religiosas, políticas, cívicas, que trabajan desde hace años en defensa de los derechos humanos. La denuncia expone los hechos que se conocen por las grabaciones difundidas en la prensa y por el relato de los supervivientes para pedir una investigación. Pide, por ejemplo, que se recaben todas las imágenes existentes sobre lo sucedido y que se haga inventario del material antidisturbios para sacar conclusiones acerca de su utilización. Es decir, la denuncia pide sólo aquello que una autoridad responsable debería hacer sin que nadie se lo pidiese.

El director general de la Guardia Civil, señor Arsenio Fernández de Mesa, irrumpió airado en la escena pública y afirmó que las ONG le hacen el juego a las mafias. Anunció también querellas criminales contra los que calumnien y presenten denuncias falsas contra la Benemérita. Su tono tajante no admite dudas: todos los guardias civiles observaron un proceder impecable e hicieron lo que tenían que hacer. 15 cadáveres no merecen una duda, son el desecho del buen proceder. Con esta actitud, es el director general quien le falta el respeto a la Guardia Civil, identificándola de forma natural con la muerte. Su tono, en el que no caben siquiera la piedad y el pésame, nos devuelve a los famosos versos del romance de Federico García Lorca: "Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras".

Las religiones son una materia tan rara y tan alambrada como las fronteras. Cada uno traza con ellas su propia identidad. El PP se siente muy identificado con la Iglesia que considera desecho a los homosexuales y que viola la conciencia individual de las mujeres imponiendo sus dogmas sobre la sexualidad y la interrupción del embarazo. Pero el PP sale corriendo en cuanto ve comprometerse a un cura o a una asociación cristiana con los derechos humanos de los inmigrantes. La conocida religiosidad de Ministerio del Interior tiene mucho que ver con la Inquisición y las Cruzadas, muy poco con la compasión.

Aquí no hay compasión ni con la Guardia Civil. El famoso romance de García Lorca sobre las capas, las herraduras y los caballos negros de la Benemérita fue la consecuencia de su mala imagen popular después de muchos años de represión salvaje. El cambio real de actitud, la transformación interior y exterior del Cuerpo, supuso uno de los síntomas más llamativos de la democracia española. Ahora parece que la autoridad, los políticos que dan las órdenes, los que pueden sacar de nosotros lo mejor o lo peor, están dispuestos a devolverle una imagen tétrica a la Guardia Civil. El tono totalitario y la prepotencia se cuelan una vez más en nuestra historia. Que se llenen las fronteras de cadáveres. Aquí se ha hecho lo que se tenía que hacer. Los ciudadanos españoles que piden una investigación son desechos de nuestra patria y los inmigrantes son la vileza del mundo.