Memoria Pública

VIDA NEGRA, LUTO PERPETUO

Texto: Rafael Espino Navarro

Hace solo alguno días, una persona mayor,( hijo, por cierto de un rojo), me preguntaba que estaba ocurriendo con el juez Baltasar Garzón. Se acerco a mi, aquí en mi pueblo en Aguilar de la Frontera. Mientras lo hacía dejo ver que entre sus manos llevaba una vieja fotografía. Era la fotografía de su padre, desaparecido y asesinado en los primeros días del mes de agosto de 1936.

Después de escuchar mi respuesta y entender (por que creo que así lo hizo) lo que esta ocurriendo con Garzón, el anciano que sobrepasa ya los noventa años de edad, sonrió. Era la sonrisa más triste que he visto en mi vida. Jamás, por mucho tiempo que transcurra la olvidare. Fue un gesto en el cual a la vez se entremezclaba la sonrisa, la pena y un dolor que jamás había contemplado hasta ese mismo instante. Ni tan siquiera supe lo que hacer, ni que decir. Manuel, (este es su nombre) besó la vieja fotografía de su padre y la devolvió de nuevo al bolsillo de la chaqueta de pana, de la que había salido.

Sin apenas conciencia de su estupor, se alejo algunos metros, solo, pensando que quizás no tendría mucho mas tiempo, ni oportunidad de saber lo que le ocurrió a su padre, de encontrar su cuerpo, de hallar las respuestas necesarias a las preguntas que llevaba haciéndose, toda una vida . Llorando, entre sollozos, dejo escapar un quejido, ese que sale del fondo de todos los sentidos, de la desesperación, de la impotencia de alguien que sabe que esta agotando ya los últimos plazos del dolor y que más allá del hoy, quizás no haya un mañana.

No pude menos, que fijarme nuevamente en él. En su rostro marcado a fuego por la vejez y curtido por el sol de esta tierra, pude reconocer junto a la tristeza y una pena honda y negra, la imagen mas cruel de España. Una imagen de una España antigua, pero no por ello menos actual e injusta ahora. Pues los signos de la vejez avanzan más despacio que el olvido, la memoria y la injusticia a la que de nuevo se están viendo sometidas tantas personas como Manuel.

Me acerque a él. Siempre, me dijo, he querido ir al encuentro de la ausencia de mi padre. Se lo debía a él y a mi madre. ¡Me lo arrebataron, siendo muy pequeño y no hemos sabido nada más de él¡

Dicen algunos que todos los muertos son iguales, pero yo se que no es verdad. No en la memoria de los que no han podido enterrar a los suyos. No en el dolor de los que aún buscan la verdad, en un país de mentiras.

Hay muchas cosas, que no sabemos (continuó diciendo Manuel). Yo por lo menos no las sé, a pesar de haberme pasado media vida haciendo preguntas. Ahora me queda la sensación de que tendríamos que haber hecho muchas más preguntas. Solo así , tal vez hubiese llegado el momento de firmar la paz conmigo mismo. Tengo la sensación de que hemos tenido que decidir entre el olvido y la memoria. Durante muchos años nos taparon los ojos y la boca. Pero nosotros solos hemos decidido ver y hablar.

Porque el pasado siempre se vio. Por que el pasado siempre se supo, creo firmemente que tenemos derecho a saber lo que ocurrió con nuestros seres queridos. Y empezar a decir lo que necesitaba ser dicho. Recuperar nuestro derecho.

Construir la memoria y recordar a pesar de que ya no me queda ni una gota de lágrimas que derramar. Pero si me queda y quedara siempre la dignidad y la sensación de que muchos días han valido más que mi vida entera. Unos días llenos de esperanza, unos días llenos de justicia, unos días llenos de razón, cuando creímos por fin que este país iba a saldar la deuda pendiente que tiene con los desaparecidos del franquismo.

Ahora como entonces la justicia nos humilla de nuevo, dejándonos solos otro vez, mientras morimos sin respuestas. Nos deja solos y en la estacada. Manuel sabe perfectamente que su padre no se equivocó de bando y que tampoco fue un héroe inútil. Su muerte sirvió para afianzar su vida. Para denunciar a los que habían ganado la guerra y ahora eran dueños de todo, de esa misma vida y de la muerte también. De la ley, del cielo y de la tierra. Sabe también muy bien que ha sido hijo del hambre, de la inquietud y de la incertidumbre. De la indignación, de la impotencia, de la amargura, del miedo, de la rabia y del dolor. (Un dolor que hoy vuelve a aparecer de nuevo). Su predestinado destino le obligo desde muy joven a tener que elegir un camino, sembrando su personalidad de un orgullo y un dolor, que aún hoy no puede entender.

Me dice, cuando... mataron a mi padre, nos mataron un poco a todos. A mi madre y sus cuatro hijos. Nos clavaron el dolor en la memoria, un dolor que aún hoy no he logrado superar del todo. Lo que esta ocurriendo con Garzón, es para nuestra desgracia, una gran vergüenza.

No podemos mirar para otro lado mientras esto ocurre, sin más. ¡País de mierda¡ que aún sigue llevando el yugo y las flechas en su solapa, donde los enemigos del derecho han comenzado a alzar la voz. Quieren de nuevo poner vendas en nuestros ojos y en nuestras bocas. Combaten, la memoria, la justicia y la verdad. Defienden el silencio y el olvido. Juegan con palabras como fosas comunes, secuestro, tortura y desaparición. Y nos siguen pidiendo paciencia y resignación. De nuevo más humillación.

A pesar de que el polvo de la dictadura aún sigue impregnándolo todo y eliminando como antaño a los que son peligrosos para sus intereses. A pesar de que ser valiente aún sale muy caro. Más tarde o más temprano, vencerá la razón, vencerá la justicia y vencerá también la libertad. Una libertad que nos hará aprendernos de memoria, la verdad de lo sucedido, para estar seguros de que nunca más nadie la volverá a olvidar.