Merienda de medios

Miedo contagioso

No habíamos acabado de reprochar a la globalización nuestra ruina económica, transmitida a la velocidad de la luz por todo el planeta, cuando unos estornudos en Almansa y Valencia y unas fiebres en Escocia nos han hecho añorar los tiempos en los que las epidemias avanzaban como mucho a la velocidad de un caballo. Nos llega de México la gripe porcina en avión a reacción y ya ha logrado contagiarnos la única enfermedad contra la que no existe vacuna: el miedo. Maldecimos la globalización con una mascarilla en la cara cuando deberíamos culpar a la pobreza, a la que nunca nos viene bien poner remedio.

¿Por qué en ninguna otra parte del mundo la gripe porcina ha causado efectos tan dramáticos como en México?, se preguntaba Luis de Sebastián en Cinco Días. Ésta era su respuesta: "Los mexicanos pobres sufren una epidemia gripal de nuevo cuño sobre una crisis económica y una pobreza endémica (...). El mundo no puede sobrevivir a base de islotes de ricos en medio de un mar de pobres".

Nos hemos acostumbrado a que las desgracias les pasen siempre a los mismos a la hora del telediario y, por eso, nos alarma tanto este virus democrático que no discrimina a nadie. Vivimos, como apuntaba José Aguilar en el Huelva Información, en la "parte desarrollada de la humanidad", que se ha habituado "a una existencia muelle y blandengue de la que se ha extirpado la convivencia con el dolor y el sufrimiento. Queremos a toda costa vivir sin riesgo, y eso es imposible".

El "no me hables, no me beses, no respires, no te acerques", que salmodiaba como posibilidad Antonio García Barbeito en la monarquipedia, es el que se ha cebado en la Bolsa con las aerolíneas y las cadenas hoteleras. "Pues va a resultar que el dinero es cobarde", concluía Rufo Gamazo en La Opinión de Zamora. Cobarde y con un gran instinto de conservación.

Miedo al miedo

A Herman Tertsch, sin embargo, no es este episodio de rebelión en la granja el que le asusta. "Me siento aterrado ante el hecho de que un Gobierno socialista en el País Vasco no consiga reunir los altos cargos necesarios para dirigir la región y que todo se deba al miedo. Tengo auténtico miedo al miedo", escribía en ABC.Tertsch ha leído a Roosevelt, pero no a Woody Allen, al que le pasa un poco lo que a todos: no es que tengamos miedo a morir; es que no queremos estar allí cuando ocurra.