Otras miradas

Hemos aprendido

Maria Freixanet Mateo

Senadora por En Comú Podem

Maria Freixanet Mateo
Senadora por En Comú Podem

Dónde vas, decía, a estas horas dónde vas. Con quién. Te quiero te quiero te quiero tanto, te quiero todo, lo nuestro no lo entiende nadie. Ese cogernos un pelín demasiado fuerte. A las mujeres, digo. Un tirón, puño cerrado, la mirada dura. Eso te pasa por tonta. Vete a casa. Ese tío te está mirando, joder. Mírate; demasiado femenina - demasiado poco. No me obligues a hacer lo que no quiero hacer. Te pego porque te quiero. Dónde irías, dime, si no tienes dónde caer muerta. Llámale, seguro que os arregláis. Pues denuncia. No será para tanto, no te veo tan mal. Como me dejes me llevo a los críos y no los vuelves a ver. Está loca, señoría, manipula al niño contra mí.

Hemos aprendido tanto, y tanto queda, pero hemos aprendido tanto. A sobrevivir. Renacer. A amarnos fuerte y a pesar de todo. A reparar heridas, a desterrar las culpas. A devolvernos a nosotras mismas una mirada amable. A levantar la voz. Que nuestra palabra tiene valor y yo sí te creo.

A desplazar el foco. No me juzguéis, vigiléis, dejad de decirme a mí que diga-haga-hay salida. Para el agresor la presión (el juicio, la vigilancia y la salida a su machismo hiriente). A su incapacidad para amar, para vivir, cuidar; para respetar la vida libre de las mujeres. Ese miedo atroz a no ser suficientemente hombre. Esa hombría tristemente anclada al control, poder y posesión, al abuso miserable. Y toda esa soledad, conocerse tan poco. Supéralo, hombre. Revisa esa educación machista, como hacemos tantas, como hacen ya muchos. Revísala y líbrate. Caiga el mandato del deber-ser patriarcal.

Hemos aprendido tanto, compañeras. De vosotras, las unas de las otras. Y de todo aquello del no sé cómo aguanté. No sé cómo escondí. Una mujer como tú, eso les pasa a otras, no a mí. Qué condescendiente fui, él es así, o fue mi culpa. Querer salvarle, es que claro su padre. Todo aquello tan normal (habitual) y tan anormal (brutal); la alegría o la vida en riesgo.

Oye, tst, oye tú, bonita sonrisa. Y lo que no es la sonrisa, ¿tienes novio, tienes? No te vayas aun; no me dejarás así, que esto lo has empezado tú. Yo. Ella. Cómo. Algo habrás hecho. Puta. Pues denuncia. No se lo cuentes a nadie, qué vergüenza o quién te creerá. Solo fue un piquito, un poquito, una broma, cómo te pones. ¿Cerró bien las piernas, señorita? ¿Usted dijo explícitamente que no? Ella disfrutaba, señoría.

Hemos aprendido, hermana, que no es no. Que todo lo que no es un sí no es un sí. Dejar de sonreír tanto, sonríe que estás más bonita, sonrío si quiero, punto. Hemos aprendido que nuestra palabra en alto abre espacio para la verdad de otras. Conocemos bien esto que cuentas, ese caminar con las llaves en la mano, cambiar de acera, ignorar silbidos, ese corazón en la boca cuando planea el riesgo; ese relato en voz de ella y que te habla a ti, de ti, contigo dentro. En este país: una violación cada ocho horas.

Y sobre nuestra propia fortaleza, hemos aprendido. Que no solo duelen los golpes y que no transigimos ya ni con media violencia. Hemos aprendido sororidad. Que no estás ni loca ni sola, ni loca ni sola. Que me pasa a mí, a ti y a Uma Thurman. #MeToo. Y que existe de forma tangible y cotidiana aquello de la violencia estructural. Ese sueldo menor, esa opinión no valorada, esa exigencia de currar helada.

Pero hemos aprendido, sí, y a pesar de todo; que nuestro cuerpo es nuestro. Que es bonito en todas sus formas, anchuras, colores. Manchas, pelos y cicatrices. La descolonización. A veces, cuando puedo. Que vale ya de anuncios que te gritan gorda, de pelis que te gritan mierda, de programas que te gritan puta. Que pariré si quiero y si no quiero no. Que follaré si quiero y si no quiero no. Que me quedaré aquí contigo si quiero. Pero si no quiero; no.

Y hemos aprendido que lo que se gana no está ganado. Que hay que seguir defendiendo lo ya defendido, luchando, que la Historia hacia la Igualdad no avanza lineal sino a saltos adelante y golpes hacia atrás. Y ya ganamos leyes, espacios, presencia, relato, y nos queda tanto por hacer. En lo formal y en la telaraña de lo informal. Ese tipo de camaradería varonil que se construye sobre el desprecio/abuso de las mujeres. Roles y reparto desigual. La sorna, los chistes, las fotos anti-eróticas y pro-poder: someter.

No creíamos tener que ver el desgarro de Juana Rivas, a estas alturas, así, aun. No creíamos tener que ver el horror de esa joven, ni su palabra en duda tras una vomitiva violación múltiple. Y los titulares terribles que no cesan. Cifras de muerte - asesinos -; dos por semana, terror. Y ese Pacto de Estado atravesado, atascado en el papel. Que nos siguen pidiendo tiempo, y tiempo es lo que no tenemos. Cada semana alguna. Otra. Otra ayer.

Y no estamos dispuestas a acostumbrarnos. Que nos queremos vivas. Y libres. Y rebeldes. Aliadas. Aliados también. Y que bebemos de la sororidad de raíces largas, siglos ya, siglos; de mujeres que recuperamos para nos, genealogía de lo que somos. Hemos aprendido tanto, amiga mía. Que nosotras sí somos manada. Una gran manada feminista que ha dicho: se acabó.