Otras miradas

Trump, Jerusalén y un conflicto que no explican

Pascual Serrano

Periodista

Pascual Serrano
Periodista

La decisión, el pasado 6 de diciembre, del presidente estadounidense Donald Trump de reconocer la ciudad de Jerusalén como capital de Israel ha supuesto un terremoto político en el mundo y, en consecuencia, en los medios de comunicación. Probablemente el conflicto árabe-israelí sea el asunto internacional que, a pesar de su constante presencia en los medios, haya sido menos explicado y comprendido por las audiencias. La razón es que el modelo informativo que se aplica es dejar arrastrarse por la urgencia y la espectacularidad del último hecho y olvida el contexto y los antecedentes necesarios para comprender lo sucedido, el caso de la televisión es especialmente grave.

El conflicto árabe-isarelí termina convertido en una concatenación de partes de guerra y reacciones políticas, y eso es lo que ha vuelto a suceder con la decisión de Trump. ¿Puede un país, aunque sea EEUU, decidir cuál es la capital de otro país? ¿Por qué es tan importante Jerusalén? ¿Qué dice la legislación internacional y las resoluciones de la ONU al respecto? ¿Cuál es actualmente el estatus de Jerusalén? ¿Quién administra hoy Jerusalén? ¿Qué intereses mueven a Trump a plantear esa propuesta? Se han publicado brillantes y precisos artículos de opinión sobre el asunto, pero estas preguntas deberían ser respondidas desde las informaciones no en los textos de opinión, para alcanzar el mayor número de lectores posibles y no han sido abordadas en el alud de noticias que se han difundido. Las audiencias conocen al minuto el último herido y la última manifestación de protesta y, curiosamente, ese traqueteo de noticias inmediatas, breves y poco relevantes terminan ocupando el tiempo que dedicamos a informarnos y haciéndonos creer que estamos informados, cuando solamente estamos enterrados en partes de guerra y teletipos de trescientos caracteres. La espectacularidad de la noticia es otra perversión que influye en las televisiones. Una manifestación o un tiroteo se convierte en noticia fácilmente, pero la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad el viernes 8 de diciembre fue anunciada por los medios pero posteriormente fue bastante ignorada porque en esos encuentros no pasan cosas espectaculares y menos todavía imágenes. Sin embargo fue importante porque, en un caso sin precedentes, todos los miembros excepto Israel, se enfrentaron a Estados Unidos.

Al menos en prensa escrita, los lectores debemos poner de nuestra parte para dirigirnos más a los contenidos que explican el mundo y no a las noticias que nos cuentan batallitas. Es preferible pararse en informaciones del tipo Por qué Jerusalén es importante; Israel y Estados Unidos, algo más que amigos; 3 posibles consecuencias de la decisión de Donald Trump de que Estados Unidos reconozca a Jerusalén como la capital de Israel; Cronología de la Intifada; 16 razones e implicaciones del traslado de la Embajada de EEUU a Jerusalén y no dedicar mucho tiempo a noticias que no nos aportan nada para conocer el asunto: Cuatro muertos y centenares de heridos en la segunda jornada de protesta palestina, Detenido un palestino por apuñalar a un guardia de seguridad en Jerusalén, Hizbolá ve 'el inicio del fin de Israel' en la decisión de Trump sobre Jerusalén. Lo curioso, y al mismo tiempo triste, es que estas últimas suelen ser las elaboradas por periodistas, mientras que las primeras, las que ayudan a entender, suelen ser el trabajo de analistas no periodistas. No es que los profesionales de la información no están capacitados para esos análisis, sin duda los especializados conocen esas claves y cuentan con las herramientas adecuadas para presentarlas de forma muy pedagógica a las audiencias, pero sus dinámicas de trabajo les imponen dedicarse a las noticias breves y urgentes que simplemente atropellan.

Mientras que de los informativos de televisión poco se puede esperar para que nos expliquen el mundo, en la prensa escrita debemos entre todos lograr que sirva para comprender los asuntos complejos. Los periodistas, ignorando lo superficial e irrelevante por muy urgente que aparente; y los lectores, buscando los antecedentes y el contexto por muy extenso y árido que parezca, porque es lo que nos ayudará a comprender y no terminar enterrados en la paja informativa.

Probablemente los lectores querrían -y creerán- poder conocer temas como este del conflicto árabe-israelí con tan solo noticias de televisión de 20 segundos o columnas escritas como esta, pues precisamente en eso consiste mi tesis, en convencer a audiencias y periodistas de que necesitamos se necesita más profundidad, más espacio y más tiempo. Aunque quizás más tiempo no se requiera, porque todo el que dedicamos a conocer muchas noticias breves y superficiales puede ser suficiente si lo usaramos para acercarnos menos cantidad pero con formatos más profundos y contextualizados.