Opinion · Otras miradas

Feliz Día de los Animales

Sergio García Torres

Responsable de Ecología y Derechos Animales de Podemos Comunidad de Madrid

Hoy celebramos el Día Mundial de los Animales y es más que probable que al recordarlo se nos dibuje en los labios una tierna sonrisa al pensar en la imagen de nuestro perro o gato feliz, seguro, cómodo y bien alimentado, reclamado su espacio junto al nuestro en el confortable sofá de ese hogar que compartimos.

Sin embargo, en ese escenario ideal, amoroso, empático (y casi me atrevería a decir bucólico) no suelen tener cabida (ni siquiera de forma imaginada) por ejemplo, los 50.000 galgos que cada año son abandonados en nuestro país y que vienen a sumarse a los otros 150.000 perros y gatos que acaban corriendo la misma suerte. Para ellos ni hoy, ni ayer (y probablemente tampoco mañana) haya nada que celebrar.

Les propongo un ejercicio: por un momento imaginemos a nuestras mascotas solas, perdidas, sin entender dónde se encuentra su familia, rodeadas de personas desconocidas y experimentando un gran sentimiento de miedo tras el que vendrá un incierto y desconocido final que, en el mejor de los casos, sellará el caudal de muerte de una inyección letal…

Hoy celebramos el Día Mundial de los Animales mientras en este país más de 20.000 toros son asesinados cada año. Y mientras la “fiesta brava”, paradigma del maltrato animal, es protegida como Bien de Interés Cultural. Una cruel costumbre o tradición (léase como se quiera) que sólo es legal en 8 países del mundo, uno de ellos nuestra querida España. La tauromaquia es la caricatura que resalta todas las vergüenzas de ese pasado gris y oscuro que la sociedad moderna y civilizada pide dejar atrás. Un lastre criminal que impide que avancemos y evolucionemos como pueblo y del que es urgente desprenderse mediante su desaparición definitiva.

Celebrar cosas es algo intrínsecamente humano (casi una pulsión y muchas veces una necesidad) y no es mi intención hacer de este día una elegía dramática porque hay esperanza. En estos últimos años no sólo han cambiado muchas cuestiones en la conciencia de la ciudadanía, también muchas iniciativas políticas han sobrepasado la barrera del bipartidismo y han llegado a cristalizarse en avances reales. Los ayuntamientos del cambio se han convertido en la cizalla que ha roto los candados de las instituciones, también para los animales.

Los gobiernos del cambio han entendido que los animales son parte de la sociedad, de hecho son la familia de muchos de nosotros y nosotras. Son nuestros compañeros de viaje en la vida y como tal deben tener espacios legislativos adecuados a esta nueva conciencia, una forma de pensar y de actuar que ya no dará pasos atrás. Los animales deben ser protagonistas de la vida, porque son vida. Y deben serlo como lo han sido otras luchas sociales como la defensa de los derechos civiles, el feminismo y tantas otras.

Han transcurrido tres años de políticas de cambio en muchos ayuntamientos que han supuesto importantes avances sociales. Sin embargo, este periodo no ha estado exento de errores y contradicciones que han servido para poner de manifiesto algo que ya sospechábamos: la nueva política no viene con manual de instrucciones y para el ámbito  animalistas mucho menos aún. Por eso es necesario consolidar estos ayuntamientos para que los cambios profundicen en las comunidades autónomas, responsables de la mayoría de las competencias en materia de protección animal.

Se esboza que la visión de la mayoría social (en cuanto a la sensibilidad común en materia de derechos animales) está llegando a las leyes y a las instituciones. No obstante, aún queda mucho por hacer, un largo camino por recorrer. Sólo se ha entreabierto una pequeña ventana de esperanza para los animales, por eso hoy cuesta un poco celebrar el Día Mundial de los Animales.

La sociedad comprometida, evolucionada y humanizada pide que las grandes efemérides dejen de serlo porque dejen de limitarse a una jornada. Que el día de los animales no sea sólo uno al año, ni se limite únicamente a unos pocos cambios estéticos en materia de protección animal. Necesitamos políticas valientes que den pasos claros en la defensa de quienes no puede defenderse. De los que reclaman de nuestro compromiso para dar pasos reales en su protección. Y en este sentido una de las mejores cosas que podemos hacer es no olvidar jamás al maestro Gandhi cuando decía aquello de que  “La grandeza de una nación se define por cómo trata a los animales”. ¿Se puede decir más con tan pocas palabras?