Opinion · Otras miradas

Las nuevas sucursales bancarias: entre el agujero en la pared y la desigualdad social

José Mansilla y Horacio Espinosa

Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)

A hole in the wall, así es como se denomina informalmente en los países de ámbito anglosajón a los cajeros automáticos. Literalmente quiere decir «un agujero en la pared» y, hasta hace poco, eran infrecuentes en nuestro ámbito territorial más cercano. De hecho, a nivel catalán y estatal, estos dispensadores electrónicos de dinero se han dispuesto, de forma habitual, en el interior de las oficinas, en una estancia separada. Esto permitía, por un lado, mantener el servicio una vez que las sucursales bancarias se cerraban y, por otro, ofrecer cierta confidencialidad y discreción a los potenciales clientes. En ámbitos latinoamericanos, a modo de ejemplo, en Argentina o México, este fenómeno es completamente desconocido, ya que todos aquellos y aquellas que se dirigen a un cajero en horas de cierre comercial buscan, sobre todo, seguridad.

Varias oficinas bancarias en una calle de Madrid. REUTERS/Sergio Perez
Varias oficinas bancarias en una calle de Madrid. REUTERS/Sergio Perez

No obstante, hay otro uso -no directamente vinculado con la actividad bancaria- que, lamentablemente, es cada vez más frecuente en el Occidente capitalista. Se trata de la ocupación, por parte de individuos que carecen de habitación, de las estancias de los cajeros para resguardarse de las inclemencias del tiempo y/o pasar la noche. De hecho, no es posible descartar que el incremento de este sector de la población en busca diaria de un sitio donde dormir y resguardarse no se encuentre directamente relacionado con la proliferación de los agujeros en la pared en nuestras ciudades.

Así, hace unos meses, la Caixa Bank ha comenzado sus planes de reestructuración referidos a su red de sucursales. Se trata de un proceso que finalizará con el cierre de unas 800 oficinas, con el consecuente ajuste de personal, además de un profundo cambio en la forma en que han venido trabajando hasta ahora. Gran parte de típicas sucursales serán ahora Stores, grandes tiendas que primarán la experiencia bancaria, signifique eso lo que signifique. Oficialmente, el objetivo de tal transformación es ofrecer un servicio más cercano a los clientes multicanal, esto es, aquellos que no solo operan online, sino también de forma presencial, ya que estos consumen más productos bancarios que el resto. Otras novedades señaladas son la extensión del horario de atención al cliente hasta las 18.00 h.-, así como un aumento de la productividad por parte de los trabajadores y trabajadoras del Banco.

Sin embargo, no se nos escapa que podrían existir otros motivos en lo relativo a tal proceso. La aparición de estas Stores viene acompañada de un rediseño del espacio de las oficinas. Grandes espacios diáfanos, a modo de esos loft  tan del gusto de las pseudo-start ups, donde, como no podía ser de otra manera, los cajeros automáticos son expulsados a la calle. En Barcelona, los cajeros automáticos deben de pagar una tasa por tener estos dispensadores abiertos en la vía pública a menos de 80 cm de línea de fachada; un pequeño precio por expulsar a posibles ocupantes ocasionales y delegar la seguridad y la intimidad de los clientes bancarios en ellos mismos y los servicios públicos. Además, ya se sabe que un grupo de pobres durmiendo en los cajeros no encaja en la nueva imagen que el grupo bancario quiere imprimir a sus oficinas.

En definitiva, todo son ventajas para el grupo bancario catalán: mejor diseño de interiores y desplazamiento de la desigualdad social, aunque en este caso lo podríamos denominar como arquitectura preventiva y anti-social. No sería la primera vez que La Caixa se encuentra tras un proceso de expulsión de población vulnerable; no hay que olvidar que la proliferación de los llamados narcopisos del Raval solo ha sido posible gracias a que las entidades bancarias, incluida La Caixa, son propietarias de más de la mitad de un parque de vivienda que quedó vacío como resultado de la ola de desahucios que los mismos bancos efectuaron.

De esta forma, la nueva red de Stores que deja en la calle a personas sin hogar sería un elemento más en la larga cadena de conductas insolidarias a la que nos tiene acostumbrados las entidades bancarias.