Opinion · Otras miradas

Un compromiso feminista para nuestros municipios

Laura Pérez Castaño

Concejala de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona

Jesús Santos

Portavoz y concejal de Ganar Alcorcón

El 8 de marzo de 2018 supuso un punto de inflexión del momento político en el que vivimos, hoy mucho más reaccionario de lo que se intuía hace un año. El pasado marzo se consiguió lanzar un mensaje alegre, enérgico, de “basta ya” pero también de “juntas y juntos podemos construir una sociedad más justa y equitativa”. El feminismo es un compromiso de vida para observar y transformar la realidad, una manera de entender el mundo y las relaciones. También una forma de hacer política que nos interpela y nos motiva a estar en las instituciones para cambiarlas, sacudir el patriarcado de sus formas de hacer, para que sean también ellas un motor de cambio.

Los municipios, como institución más cercana a la vecindad, debemos asumir una especial responsabilidad en este proceso.

La irrupción de las fuerzas del cambio en diferentes municipios del país en mayo de 2015 nos permitió priorizar en la agenda esta necesidad; demostrar que, cuando gobernamos, el eje de la justicia de género no queda relegado a un papel secundario en el guion. A diferentes escalas se han dado pasos importantes, pero aún queda mucho por hacer.

1- Una perspectiva económica feminista que ponga en valor los cuidados. Porque los cuidados han sido siempre relegados a lo privado y asumidos mayoritariamente por las mujeres, la apuesta política debe ser darles valor y asumirlos de manera equitativa. El municipio es el primer lugar donde podemos empezar a señalar los cuidados como una cuestión de primer orden. Para las instituciones públicas, pero también en el ámbito de la empresa privada y en la reorganización social de los mismos. Esos cuidados que son economía, que sostienen la parte productiva y que estratégicamente han sido invisibilizados. Mostremos su importancia, asumamos la parte que nos toca a los Ayuntamientos (servicios públicos de calidad que asuman cuidados y no precaricen a sus trabajadoras).

Un objetivo paralelo cuando hablamos de cuidados es combatir la feminización de la pobreza y la precariedad, creando programas específicos de ocupación y formación para las mujeres y promoviendo la contratación de calidad a través de cláusulas que obliguen a las empresas a luchar contra la brecha salarial, la segregación vertical o el acoso sexual. Y pongamos una especial atención al mercado laboral precario de los cuidados: porque los derechos de una persona a ser cuidada no pueden pisar los derechos laborales de las trabajadoras.

2- Ciudades libres de violencias machistas y LGTBIfobia. Uno de los grandes retos y donde ha colocado el acento el movimiento feminista a escala global. No nos podemos permitir las cifras de violencia a las que tenemos acceso, y por eso hay que prevenir desde la infancia, con especial énfasis en la adolescencia y juventud a través de campañas de sensibilización en espacios de ocio nocturno (los puntos violetas contra las violencias machistas). Ofrecer servicios de calidad para la atención y recuperación de víctimas de violencia, poner recursos para conseguir su independencia económica, vivienda… Para este objetivo, necesitaremos contar con la colaboración de entidades sociales que están trabajando en combatir diversas formas de violencia (espacios feministas o contra la LGTBIfobia), así como incorporando formación en perspectiva de género para todos los espacios municipales. En segundo lugar, urge transformar completamente los procederes y mensajes institucionales. Visibilizar a colectivos diversos e incorporar el lenguaje inclusivo son algunos pasos para empezar a normalizar formas de relación que destierren el odio y la exclusión.

3- Una participación democrática planteada desde la perspectiva feminista. Porque no solo importa participar, sino cómo se participa. Tanto en el contenido (temáticas a tratar) como en las formas (procedimientos de participación) la visión feminista es la que determina si el procedimiento democrático es expansivo o se limita a una parte. En el contenido es importante posicionar que haya espacio y presupuesto para abordar las problemáticas que afectan a las mujeres, a todas. En las formas es necesario abrir los mecanismos de participación, asegurar la paridad en comisiones, introducir la conciliación, limitar los turnos de palabra y restringir los horarios. Un modelo de participación que requiera una dedicación plena es un modelo de participación que excluye a una parte importante del municipio de la toma de decisiones.

De la misma manera que hemos hablado de participación, podríamos hacerlo de cultura, de salud o de memoria histórica. Porque lo que proponemos aquí es una reforma de la administración bajo coordenadas feministas. En primer lugar, podemos tomar el ejemplo de ciudades como Barcelona y crear concejalías de feminismos y LGTBI en todos los municipios de España, e incorporar la perspectiva de género a todas las áreas del Ayuntamiento. Seguidamente, aumentar el número de mujeres con puestos de responsabilidad en la corporación local y promover oportunidades en espacios que han estado generalmente masculinizados (con campañas para la promoción del empleo femenino en la Policía local o para acabar con los techos de cristal en el servicio de limpieza, por ejemplo).

Queda mucho por hacer y tenemos por delante un futuro violeta por construir. El 8 de marzo y los Ayuntamientos del cambio nos señalan el camino, pero somos las concejalas y concejales del cambio quienes tenemos la obligación de convertir el nuevo sentido común feminista en políticas públicas.