Opinion · Otras miradas

Carta de Manuel Valls a los barceloneses

José Mansilla

Antropólogo y profesor universitario

El Nuevo Testamento recoge, entre sus páginas, la denominada Carta de San Pablo a los Efesios. En ella, Pablo de Tarso recuerda a los fieles asiáticos el plan de Dios, esto es, el nacimiento de Cristo y la constitución de la Iglesia, exhortando a los creyentes a observar ese plan diariamente. Su primera frase dice tal que así: “Ustedes estaban muertos a causa de las faltas y pecados que cometían, cuando vivían conforme al criterio de este mundo, según el Príncipe que domina en el espacio, el mismo Espíritu que sigue actuando en aquellos que se rebelan”.

Pues bien, el pasado lunes día 28 de enero, el candidato a Alcalde de Barcelona, Manuel Valls, publicó la segunda de sus cartas a los barceloneses. En ella, el político franco-catalán, señalaba que “Barcelona tiene que escoger entre su vocación de gran capital europea y la tentación de un proyecto nacionalista radical que la alejaría durante mucho tiempo de las posiciones de referencia a España, Europa y el mundo”. Es decir, Valls, siguiendo a Pablo, conmina a los vecinos y vecinas de Barcelona a vivir según también un plan, un camino, que parece que se ha olvidado y donde Barcelona es una ciudad abierta, inclusiva, orgullosa, creativa, de oportunidades, es decir, una ciudad Modelo, la del Modelo Barcelona.

El candidato a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls y el periodista Arcadi Espada durante la presentación de la obra de teatro 'Looking for Europe', que protagonizará Albert Boadella dirigido por Bernard Henri Lévy. EFE/Enric Fontcuberta.
El candidato a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls y el periodista Arcadi Espada durante la presentación de la obra de teatro ‘Looking for Europe’, que protagonizará Albert Boadella dirigido por Bernard Henri Lévy. EFE/Enric Fontcuberta.

Porque de eso se trata, para Valls, el mayor error cometido por la ciudad ha sido abandonar la ruta trazada por los ayuntamientos de los años 80 y 90, la Barcelona de las Olimpiadas, del espacio público, de los barrios con Premios FAD, aquella que recuperó a Gaudí como referencia indiscutible de la arquitectura moderna y llenó sus calles de grandes íconos urbanos reconocibles globalmente: la Torre Agbar, el Puente de Bac de Roda de Calatrava, el Edificio Fòrum de Herzog y De Meuron, la Torre de Collserolla de Norman Foster, etc. Lo que olvida el candidato es que esa misma ciudad es la que vio desaparecer barrios enteros, sufrió –también y marcadamente- el problema de la droga y la delincuencia, sentó las bases para que se produjera una escalada sin precedentes en los precios de la vivienda, uniformizó y, por tanto, empobreció, zonas comerciales completas, contribuyó a la aparición de nuevos guetos, como el de la Vila Olímpica, de clase media, y dejó una deuda enorme para las arcas municipales, entre otras cosas.

Sin embargo, sí que parece haber una novedad en la visión de Valls para Barcelona. Algo que los anteriores gobiernos socialistas y conservadores no enarbolaron como bandera: la cuestión de la seguridad. Porque Valls, en esta segunda carta, vuelve a calificar a la ciudad como un sitio inseguro, casi peligroso, mezclando, en esta ocasión, actividades vinculadas a la delincuencia con legítimas manifestaciones de descontento popular que pudieran producirse como consecuencia de decisiones o actos políticos.

En definitiva, en su Carta a los Barceloneses, Valls nos exhorta a salvar Barcelona y, para no abandonar el tono bíblico, salvarla de las manos de una mujer, personificada, en este caso, en Ada Colau, que, como es bien conocido, para parte del Cristianismo es la encarnación de todo mal.

A la espera de la tercera carta.