Opinion · Otras miradas

Beyonce y… ¿qué pasa con las barrigas después del parto?

Hace unos días, Carme Chaparro contaba en uno de sus artículos lo que se puede ver en un documental sobre Beyonce. Chaparro describía esta parte:

«¡Tengo hambre!». Beyoncé no puede más. Agotada física y mentalmente, frustrada y triste, la reina del pop está metida en un agujero negro. Hace seis meses que ha dado a luz a sus gemelos. Al salir del paritorio se pesó: 99 kilos. Beyoncé tiene miedo. Se ve gorda. Más que eso. Inmensa. Se nota torpe y descoordinada. (…) Y el reloj corre en contra. Quedan cuatro meses para que reaparezca de nuevo. Ha firmado un contrato de ocho millones de euros para su retorno. (…) Decide dejar de comer carne, pescado, carbohidratos, azúcares, lácteos. Mientras muerde una triste manzana no puede evitar sollozar: «¡Tengo hambre!», dice a las cámaras que la siguen para su documental Homecoming. Y así, desfallecida, se sube a la bicicleta. Quema unas 1.500 calorías al día pedaleando. En total, 15 horas diarias de bici, baile y subir escaleras. Sin apenas comer. Y con dos bebés mellizos a los que da el pecho entre ejercicio y ejercicio. Se siente culpable, además, por verlos tan poco. Por anteponer su recuperación física a disfrutar de ellos”.

La cantante estadounidense Beyoncé, en un concierto en el festival de Coachella en abril de 2018.
La cantante estadounidense Beyoncé, en un concierto en el festival de Coachella en abril de 2018.

Nada más compartirlo en las redes sociales, me llegaron muchos comentarios de mujeres sobre cómo, tras parir, se habían sentido analizadas de arriba abajo. No eran Beyonce, ni tenían legiones de fans ni llenaban estadios, pero sí sintieron miradas y comentarios que las juzgaban en cualquier sentido. Bajo la noticia, me escribían:

“Me di cuenta de los comentarios de terceros pronto. Esa frase de ‘estás igual que antes de tener hijos’, como algo halagador. Y yo pensaba… cómo voy a estar igual, si soy otra”.

“En el mismo hospital ya me dijeron: aún tienes barriga”.

“Tardé mucho en recuperarme después de un mal embarazo, un parto traumático y un postparto de pesadilla. Y aún así tuve que escuchar que otras se recuperaban más rápido, y que yo era muy floja o fina”.

“Yo estoy en el lado opuesto a Beyonce. A los quince días de parir estaba en mi peso anterior al embarazo, sin hacer nada y me sentía mal. Me da hasta vergüenza  que me pregunten qué he hecho. Y manda narices que siempre, siempre, tengamos que sentirnos mal respecto a nuestro físico”.

Otras referían enfermedades que las hacían sentir extremadamente cansadas, mental y físicamente, y aún así se sentían expuestas a la mirada de los demás. Otras, me comentaron que sienten una presión mayor cuando abren Instagram y encuentran a famosas que, a los pocos días del parto, muestran vídeos sobre cómo han conservado el tipo o sus tratamientos de recuperación. Y me dicen… “claro que quiero estar delgada, pero cómo me voy a pagar yo ese tratamiento” o “cómo ser como ellas si están todo el día haciendo ejercicio, y yo me paso todo el día en el ordenador y cuidando el resto de los niños” o “de dónde saco yo las quince horas de bicicleta de Beyonce, si trabajo mínimo diez horas en mi negocio, tardo casi dos horas en ir y volver a casa y luego tengo que lavar, ayudar con los deberes y dar la cenar a los niños”.

En común, la amplia mayoría, reconocía cómo se sintieron evaluadas por esa mirada que, aunque fuese de forma implícita, reconocía que había que corregir ese cuerpo, que lo antes posible se debía eliminar cualquier rastro de embarazo, de tripa, de estría, de michelín o de hinchazón. Hacer como si el embarazo y sus efectos fuesen invisibles, aunque sometan a su cuerpo al límite, como fue el caso de Beyoncé.

Por eso, son tan valientes los casos de madres que cuentan sin tapujos por lo que vivieron, lejos de idealizaciones y más cerca de lo que puede suponer para las mujeres con menores oportunidades, las que sienten esa presión aun estando en los suelos pegajosos, desde los comentarios familiares hasta las exigencias sobre el aspecto físico para conseguir un trabajo.

Y por eso, también es valiente la postura que Berta Florés realizó en sus redes hace tiempo.  Recuerdo cuando publicó esto en su Instagram y en Twitter:

“Hace días que pienso que tenemos muy asumida la idea de que las barrigas de embarazadas son bonitas (las encuentro preciosas) y dignas de fotografiar. Vemos fotos del primer mes, del tercero, del séptimo… ¿pero, qué pasa con las mismas barrigas después del parto? Que las escondemos. Ya no nos parecen bonitas. NO las fotografiamos, ni nos las fotografían. Ni en color, en blanco y negro, y aún menos con filtros. Y ya no nos llegan imágenes (ni, por tanto, referentes)”.

Y junto a este texto, Berta compartió una foto de su barriga tras siete meses de embarazo.

Un paso para mostrar la diversidad de las mujeres, para tener otras referentes, para no crear frustraciones o metas inalcanzables, para decir: “soy ahora mismo así”. No quiero olvidar mencionar quienes me cuentan que, sin estar embarazadas, por coger algunos kilos o tener el vientre hinchado, le han preguntado: “¿Te has quedado en estado?”.

Hace unos días leía una magnífica viñeta de 72 kilos, donde decía: “Otro verano que no consigo tener la figura deseada”. Y una persona le preguntaba: “¿Deseada, por quién? Y es que así vivimos parte de nuestra vida, expuestas a la mirada siendo jóvenes, luego embarafbzadas, luego en el postparto y hasta jubiladas, donde casi nos cuentan las arrugas. Es un desgaste emocional brutal. Necesitamos muchas más Bertas, que son nuestras referentes más cercanas. Más Bertas para que no sintamos complejos sobre nosotras mismas. Y la libertad necesaria para no sentir la presión del cuerpo deseado.