Opinion · Otras miradas

Complicidades que matan: cómo colaboran nuestros gobiernos con el apartheid israelí

Jorge Sánchez

Laura Camargo y Miembros de la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y de Podemos Palestina

Laura Camargo y Jorge Sánchez
Miembros de la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y de Podemos Palestina

El pasado 5 de diciembre murió Nelson Mandela, algo más que un símbolo de la lucha antiapartheid y de las libertades de los pueblos oprimidos. Su entierro escenificó una de las mayores muestras de la hipocresía política de la comunidad internacional. Más de 50 líderes mundiales fueron testigos directos de un funeral esperpéntico; entre ellos, el presidente Obama, los Bush (el padre y el hijo), Cameron o Rajoy, para quien, por cierto, lo más destacado del evento fue que en el mismo escenario de la ceremonia la Roja había conseguido su victoria en el último mundial. De terrorista y “hombre a eliminar” —como decía Margaret Thatcher bien entrados los años 80— a figura generadora de consensos internacionales y Premio Nobel de la Paz en 1993. Todo como por arte de magia. Pero en este gran espectáculo de la desmemoria histórica hubo una ausencia sonora: la de Benjamin Netanyahu, que adujo costes excesivos y se ahorró el acto de hipocresía que su presencia habría supuesto, al haber sido el Estado de Israel uno de los más fervientes defensores del régimen de Pretoria. Algo semejante pasará de aquí a unos años, y no tantos como hoy parecen. Llegará un día en el que algún líder mundial —hoy cómplice con el apartheid y la impunidad israelí— se ausente de un acto de conmemoración de las palestinas y palestinos que lucharon contra el régimen colonial de Israel.

Hoy asistimos impotentes, una vez más, a un cruento castigo colectivo por parte de Israel al pueblo palestino de la Franja de Gaza, donde una población bajo bloqueo por tierra, mar y aire está siendo bombardeada de forma indiscriminada desde hace ya dos semanas. Más de 500 personas asesinadas, más de 3.000 heridas, 80.000 desplazadas, mujeres, ancianos, niños y niñas, personas como tú y como nosotros. Una noticia que por ser recurrente (las últimas operaciones similares fueron en 2008-2009, Plomo Fundido, y en 2012, Pilar Defensivo) reabre manidos debates y artículos sobre equidistancias, superficialidades en el tratamiento de las noticias y un sesgo cómplice y exquisito con las barbaridades cometidas por el Estado de Israel. En la tarde del pasado domingo, el ejército sionista arrasó la zona de Shijaiya, en el norte de la Franja de Gaza, bombardeando hospitales y ambulancias, matando a 100 personas y dejando heridas a casi 1000. Un distrito entero totalmente arrasado en el que no quedó piedra sobre piedra. Las fotos de portada del lunes en muchos periódicos eran, paradójicamente (o no), las de los rostros de tristeza de unas soldados israelíes al saber de la muerte de una decena de compañeros. Esta banalización mediática de la masacre se combina con la normalidad con la que Israel es miembro privilegiado en numerosísimos organismos internacionales o aliado preferencial de muchos países con los que mantiene una relación de saludable amistad, algo que también ocurría con la Sudáfrica del Apartheid.

Haremos, a continuación, un listado de cuatro puntos clave de la colaboración de Europa y el Estado español con el régimen de apartheid israelí para que, quien quiera, pueda acudir a la hemeroteca el día de mañana —en los funerales de algún líder palestino elevado a la categoría de figura por la paz y hoy tildado de peligroso terrorista “a eliminar»— e identificar fácilmente al elenco de hipócritas del futuro. Pero también para que, mientras esta barbarie continúa, podamos ejercer nuestra presión como población civil organizada y responsable hacia las instituciones y organismos que apoyan el régimen colonial y etnicista de Israel.

1.- La Unión Europea. En primer lugar, destacamos el tratado preferencial de la UE con Israel por el cual éste se beneficia de la ausencia de aranceles en muchas de sus exportaciones. Asimismo, —como es sabido— el Estado de Israel tiene garantizada su presencia en organismos y eventos de lo que se viene llamando el imaginario occidental. Por este motivo, Israel puede estar jugando una Euroliga de baloncesto y participando en el Festival de Eurovisión con toda normalidad sin que nadie se cuestione qué demonios hace un país del medio oriente ahí.

2.- El Gobierno español. Los mandatarios españoles no son una excepción. Después de la operación Plomo Fundido que dejó, entre finales del 2008 y principios del 2009, 1.400 víctimas en el peor ataque a Palestina, cebándose también en la Franja de Gaza, TVE emitió un episodio del programa llamado Tengo una pregunta para usted con el entonces presidente Zapatero como invitado. La respuesta del expresidente evidenció lo que mucha gente ya sabía: que aunque la venta de armas a países en conflicto bélico no declarado está penada por el derecho internacional, las relaciones comerciales en un tema tan delicado como el armamentístico no sólo no habían descendido, sino que gozaban de una salud de “hierro” con un volumen de ventas al alza .

Esta política, lejos de haberse detenido, se ha ampliado con el Gobierno de Rajoy, tal y como puede constatarse en el informe Relaciones comerciales militares, armamentísticas y de seguridad entre España e Israel. Defensa, seguridad y ocupación como negocio, presentado por el Centro Delás hace sólo unos meses .

3.- Las universidades. El negocio de las armas quizás es el más llamativo, pero las relaciones normales de todo tipo de instituciones con el Estado de Israel son la tónica. Como si dicha normalidad no debiera ponerse en solfa en un país que viola sistemáticamente cualquier acuerdo internacional en materia de DDHH. Nos referiremos aquí a los múltiples acuerdos y convenios entre universidades, entidades deportivas, ayuntamientos y parlamentos autonómicos como un hecho más que frecuente en el Estado español. Por poner sólo un ejemplo, en el caso de las universidades podríamos destacar que la Universidad Católica de Murcia, con su presidencia de honor en manos del expresidente Aznar, invistiera al “pacifista” Netanyahu como doctor honoris causa en noviembre del pasado año.

Además de esto, universidades como la Pompeu Fabra o la Universitat de Vic mantienen convenios en materia de intercambios científicos y proyectos de investigación, muchos de los cuales son la base del desarrollo de sofisticadas técnicas de vigilancia, seguridad y control de las personas que son después testadas con la población civil palestina.

4.- El Gobierno de Cataluña. Pero si hay una institución en el Estado español que casi compite para demostrar su lealtad inquebrantable hacia el Estado de Israel, esa es la Generalitat de Catalunya. Una relación incrementada de manera exponencial en los últimos meses en paralelo al proceso soberanista que el Gobierno de CiU intenta liderar. Con la inestimable ayuda del siempre atento lobby catasionista omnipresente en las influyentes esferas de poder, la Generalitat promocionó una visita a Israel a finales del 2013 en la que el president Mas, acompañado de un séquito en el que se encontraba lo más granado del mundo empresarial catalán, se reunió con políticos y empresarios israelíes. En este viaje que, más allá del contenido económico, buscaba afianzar una alianza de validación internacional al proceso soberanista, el president visitó los sitios sagrados de la religión judía en Jerusalén Este, es decir, en territorio palestino ocupado por Israel. Sin embargo, no recibió ni visitó a las autoridades palestinas.

El sumun de la hipocresía y la vergüenza llegaba la semana pasada, mientras caían las bombas causando terror y destrucción sobre un pueblo que lleva 66 años bajo el yugo de la ocupación militar, en la votación de una resolución en el Parlament sobre la situación de emergencia del pueblo palestino. Esta resolución, que hacía un llamamiento a las sanciones y al fin de los convenios con el Estado de Israel, fue rechazada con los votos de CiU y PP en una votación en la que estas dos fuerzas políticas fueron de la mano. Sólo salvaron finalmente el encabezado, tumbando, uno a uno, todos los puntos que habían sido apoyados por ICV-EUiA y por la CUP. Por increíble que parezca, la resolución incluía el derecho de autodeterminación del pueblo palestino. CiU dejó claro, por tanto, que para ellos no hay más patria que su bolsillo y que cuando se trata de otros pueblos que sufren y se desangran, lo importante es mantener las “buenas amistades”, complicidades que muchas veces matan.