Otras miradas

A vueltas con el botellón de los jóvenes ¿sería demasiado aspirar al modelo islandés?

Juan Magín San Segundo Manuel

Ha trabajado en el Defensor del Menor. Es Técnico Superior de la Administración, doctor y profesor en Derecho constitucional en la UCM.

Imagen de archivo de un 'macrobotellón'. EFE
Imagen de archivo de un 'macrobotellón'. EFE

Con motivo de algunas fiestas, sobre todo las celebradas en Pozuelo de Alarcón al final del pasado verano a las que me referiré, he tenido la ocasión de reflexionar acerca de determinados aspectos que tal vez tengan más envergadura de lo que podría parecer. Así pues, tenemos a primera vista el ejemplo de un concierto de música en cuya entrada había un conjunto nutrido de policías y vigilantes que prohibía acceder con botellas de cristal o que se llevaran tapones de las botellas de plástico (lógicamente estas restricciones tienen el objeto de que no se utilicen las botellas en peleas o disturbios). A pesar de esa vigilancia, sorprendentemente se permitía el acceso con botellas de plástico con alcohol a todos los jóvenes, incluyendo a menores de edad. Además, se puso un servicio de autobús para facilitar el acceso al lugar donde se celebraban las fiestas. Todo ello para evitar daños ante peleas o accidentes de tráfico.

La inmensa mayoría del público estaba constituido por adolescentes que venían en grupos. Era excepcional el grupo que no llevara botellas (e incluso algunos llevaban unas garrafa de plástico), aunque hay que reconocer que dentro de dentro esos grupos hay miembros que no beben o beben mínimamente. Todo esto se corrobora en general con los múltiples estudios sobre este tema, los cuales nos indican que en España va bajando la edad  de iniciación al botellón. Precisamente no es casualidad que se estén dando bastantes casos de niños de 12 y 13 años que han sufrido comas etílicos, e incluso en algún caso se ha terminado con un desenlace mortal. Cabría plantearnos la siguiente pregunta. ¿Estamos ante una adicción juvenil al alcohol tan masiva que ciertas Instituciones optan por tolerarlo y tan solo aplican meros paliativos? Irónicamente hay conciertos, espectáculos deportivos o actividades lúdicas organizados privadamente donde no se permite acceder a los mismos con alcohol. Asimismo, esto nos plantea una cuestión poliédrica, en la que confluyen diversos aspectos: ¿es necesario el alcohol para divertirse y disfrutar?

La práctica del botellón se relaciona con consecuencias muy negativas. En efecto, ingestas mínimas sin efecto alguno del alcohol hacen que se libere dopamina (lo que no se produce con otras bebidas sin alcohol) al igual que ocurre con las drogas. Acarrea problemas de salud muy serios (sobre todo mental) en los adolescentes. Así, en la literatura médica se ha señalado que produce daños en las células cerebrales; altera la personalidad suponiendo riesgos de depresión, ansiedad y baja autoestima; afecta a la conducta, potenciando actos violentos y delictivos, como robos y agresiones sexuales; perjudica en especial la memoria, el aprendizaje y consiguientemente el rendimiento académico.

En la misma línea, cabe especificar que la OMS señala los siguientes perjuicios:
1) accidentes de tráfico (en igual sentido, los datos de 2018 de la DGT, muestran que el 43% de los conductores fallecidos en accidente de tráfico y analizados por el Instituto Nacional de Toxicología tenían presencia en sangre de alcohol, drogas o psicofármacos, mientras que en peatones ese porcentaje fue del 32%, en la página web de la DGT se añade que "La eliminación del consumo de alcohol y otras drogas contribuiría a reducir la siniestralidad vial mortal hasta un 50%").
2) la práctica de relaciones sexuales sin protección y embarazos (precisamente en España con  respecto a las Infecciones de Transmisión Sexual puede observarse que desde 2001 ha habido una clara inflexión al incrementarse notablemente entre los jóvenes, aunque incidan también otras causas, como la pérdida de miedo al SIDA o la iniciación más precoz en las relaciones sexuales). 3) potenciación de la violencia, especialmente la de género.

Cabe añadir que la existencia de un botellón masivo es un factor que incide en fenómenos muy preocupantes, como la necesidad creciente de centros de reclusión de menores por agresiones a sus padres o la alarmante progresión de "manadas", de hecho cada vez hay más violaciones en grupo cometidas por menores de 14 años. A este respecto, la Fiscalía General del Estado califica en su Memoria de 2019 como "preocupante e inquietante" el que las violaciones protagonizadas por menores en España se hayan incrementado en un año el 43%, así como el aumento de los abusos y agresiones sexuales entre menores. En este escenario, también puede matizarse que hoy en día, a pesar de la tendencia, los números absolutos son pequeños y, además, en España la totalidad de los muertos por violencia no llegan a 300 al año, una cifra que comparativamente es bastante baja. Dentro de las tendencias preocupantes citadas aquí, puede ubicarse la del número de suicidios, pues desde 1990 el número en menores de 25 años se ha multiplicado por tres, aunque también haya que reconocer con respecto al crecimiento de este dato que pueden pesar distintas causas, el alcohol es una de las mismas, así se observa que en los casos de pacientes depresivos se multiplica por siete el riesgo de suicidio; además, si alguien cae en el alcoholismo, como en cualquier adicción, es algo que  tendrá efectos negativos crónicos.

Con respecto a las crecientes agresiones sexuales efectuadas por menores, se explica (entre otras instancias por la citada Fiscalía General) por el acceso a la pornografía mediante el móvil, en muchos casos desde los nueve o diez años, pero según algún estudio también inciden el alcoholismo y las drogas. En todo caso, son impulsadas por adicciones, a las que hay reconocer la gravedad que realmente tienen. Además, una adicción puede facilitar otra. En general, estamos en una sociedad en la cual tienden a crecer las adicciones, como comprar compulsivamente o la adicción al trabajo. Enfocando a los jóvenes se observa que les están afectando notablemente las adicciones vinculadas a las nuevas tecnologías: juegos de apuestas on-line y en casas de juegos (el enorme crecimiento de los envites de azar supone que las familias estén destinando  más del doble de recursos que a pagar la luz y el gas);  la utilización abusiva  de las redes sociales y videojuegos en adolescentes; la visualización del porno por niños, pautas adictivas en la sexualidad.... Todas tienen unos efectos muy negativos, pues la adicción que pueda parecer más nimia ha destrozado a muchas personas y familias.

Ante toda esta problemática, el papel de una Institución no puede ser el de dar instrucciones a los policías con el objeto de que se tolere acudir con botellas (e incluso hasta garrafas de plástico) y que los menores beban alcohol, quienes en muchos casos se dan un atracón directamente de la botella. La función de las Instituciones y en concreto de la policía debe ceñirse siempre al mandato de la ley, por ello nunca puede tolerarse la introducción de alcohol en un local por parte de menores de edad. Además la policía está obligada a investigar cómo se ha conseguido y dónde o por quién se vende. Asimismo, deberían identificar a los menores que están bebiendo o que están borrachos con el objeto de (además de velar por su salud)  exigir responsabilidades. En cuanto a la responsabilidad concreta de los padres cuyos niños beben, habría que investigar si realmente no lo saben o si, sabiéndolo, lo toleran.

Las Instituciones tienen una ardua tarea a este respecto, a fin de afrontar este fenómeno de manera eficaz, con actuaciones coordinadas en un plan integral. Dentro de esta actuación pública una consecuencia lógica sería que en general se prohibiera entrar con alcohol en conciertos o sitios similares y sin duda alguna a los menores. Asimismo se deberían incluir medidas como exigir un mayor cumplimiento de la legalidad en la venta de alcohol, hacer campañas institucionales y una mejor pedagogía que difundieran los gravísimos efectos (especialmente para los más jóvenes) que pueden llegar a tener el alcohol y las drogas, pues incluso las drogas más blandas como el hachís y la marihuana potencian enfermedades mentales como brotes psicóticos o esquizofrenia (a los que tienen más vulnerabilidad al respecto la cual se desconoce previamente ¡es una lotería!). El consumo de cualquier tipo de sustancias adictivas en la adolescencia va a determinar en buena parte el consumo durante muchos años o de por vida. Por todo ello, se hacen especialmente necesarias dichas medidas públicas con relación al alcoholismo, dada la generalización de su abuso, especialmente en menores. Esta política debería extenderse además al conjunto de las adicciones.  En este sentido, es muy importante:
1) Que se faciliten alternativas de ocio casi gratuitas o incluso gratis en determinados centro como Institutos, locales, polideportivos, etc. Allí, debería poderse disfrutar de actividades deportivas, charlas, baile, ver cine… a cambio de la ausencia de drogas y alcohol.
2) Impulsar la práctica del deporte y de actividades extraescolares; en vez de fomentar tan exageradamente que se vea el deporte en televisión y se juegue on-line, con respecto a este tipo de juego, que también es creciente­, habría que limitarlo, prohibiendo su publicidad, un mayor control para que sea efectiva la prohibición del uso por parte de los  menores y alejar los lugares de juego de los colegios (por ejemplo en la Comunidad de Madrid la distancia es muy poco razonable: 100 metros). Actuar en relación con el abuso de las nuevas tecnologías y por tanto sobre la necesidad de restringir su uso, por un lado, del móvil (por ejemplo mediante los programas específicos para ello que respetan el contenido de los mensajes, pero pueden informar o limitar tiempo, horarios, páginas inadecuadas…), y, por otro lado, en general de pantallas como los video-juegos (en este caso sobre todo por los varones). Todo ello está llevando a los niños en España al sedentarismo y por consiguiente al crecimiento de la obesidad infantil, pues desgraciadamente nuestro país está alcanzando al que ocupa el peor lugar de la UE: el Reino Unido. Con respecto al ejercicio físico, el 60% de los escolares incumple el mínimo, recomendado por la OMS, de una hora diaria de (entre actividad moderada y vigorosa), en cuanto a las niñas el incumplimiento es mayor, pues llega a la cifra del 70%.

No es imposible aproximarse a un modelo completamente exitoso: la experiencia islandesa muestra como este país ha sido el campeón en la lucha contra el alcoholismo y las drogas. Hay que partir de sus dificultades inherentes, dado el hecho de que los países muy fríos, y casi sin luz solar en el invierno, sufren más alcoholismo y suicidios (no hay más que ver las franjas de un mapa que refleje esos datos). Este país nórdico sufrió un grave problema de consumo de alcohol y tabaco entre los jóvenes. Tanto es así que a finales de los 90 se situaba entre los peores Estados europeos en cuanto a la incidencia del consumo de alcohol y tabaco entre los jóvenes. Por ello, las autoridades decidieron que se investigara muy profundamente con el objeto de  identificar los principales factores de riesgo y de protección frente al consumo de alcohol y drogas. Desde entonces se han estado efectuado encuestas de gran amplitud que además se renuevan cada año. A través de las mismas se concluyó que la mayor participación en actividades extraescolares y la actuación de los padres (como el aumento del tiempo que habían pasado con sus mismos) disminuían el riesgo de dichos consumos. En consecuencia, se incrementaron los recursos destinados a la oferta de actividades para los adolescentes, como clubes deportivos, actividades musicales y  teatro. A lo que se añadieron subvenciones por hijo para pagar las actividades recreativas. Además, en 2002 se tomó un medida más drástica, consistente en la prohibición de  que, salvo excepciones, los niños menores de 12 años anduvieran solos por la calle después de las ocho horas y los adolescentes de 13 a 16 años a partir de las  22.00 horas en invierno y de medianoche en verano.  Quedó penalizada la compra de tabaco por menores de 18 años y la de alcohol por menores de 20, y se prohibió la publicidad de ambas sustancias. Se reforzaron los vínculos entre los padres y los centros de enseñanza mediante organizaciones de madres y padres que se debían crear por ley en todos los centros junto con consejos escolares con representación de los padres, a quienes se instaba a asistir a las charlas sobre la importancia de pasar mucho tiempo y hablar con ellos de sus vidas, conocer a sus amistades y a que se quedasen en casa por la noche. Casa y Escuela, la entidad que agrupa a los padres facilita que se firmen compromisos como el de que se comprometerse a cumplir todas las recomendaciones y, una de ellas consiste en no permitir que sus hijos celebren fiestas sin supervisión, a no comprar bebidas alcohólicas a los menores y a estar atentos al bienestar de sus hijos. Tales acuerdos sensibilizan a los padres, pero también ayudan a reforzar su autoridad en casa, evitando la excusa de que a los demás los dejan. De este modo Islandia ha conseguido mejorar de manera asombrosa, situándose en el primer puesto de la clasificación europea en cuanto a adolescentes con un estilo de vida saludable. El porcentaje de chicos de entre 15 y 16 años que habían cogido una borrachera el mes anterior cayó del 42% en 1998 al 5% en 2016. El porcentaje de los que habían consumido cannabis alguna vez ha pasado del 17% al 7%, y el de fumadores diarios de cigarrillos ha caído del 23% a tan solo el 3%. Ante tal éxito quisieron exportar sus técnicas a otros lugares del continente creando en 2006 el programa Youth in Europe. Al cual se han ido sumando municipios de otros países europeos.

Ante esta problemática cabe concluir que en general ni nuestros representantes políticos ni otras autoridades están afrontando este triste problema, ya que la gravedad de la situación exigiría una actuación pública que vaya más allá de medidas fáciles y cortoplacistas para otorgar la trascendencia y celeridad que la situación requiere.