Otras miradas

El debate de la ‘Prostitución’ en el Teatro Español

La actriz Carmen Machi, durante el pase gráfico de la obra teatral 'Prostitución' en el Teatro Español. EFE/Mariscal
La actriz Carmen Machi, durante el pase gráfico de la obra teatral 'Prostitución' en el Teatro Español. EFE/Mariscal

El espectáculo teatral sobre la institución patriarcal más antigua no dejará indiferente a ningún espectador ni espectadora. Desde una mirada crítica feminista, los grandes ausentes de la obra son los puteros y proxenetas.

El mismo día del preestreno en Madrid de la obra Prostitución, la flamante ministra de Igualdad, Irene Montero, declaraba en televisión que su gestión de gobierno se centrará en la "trata sexual". Esta misma semana del estreno hemos leído en el Diario de Mallorca (sin que ocupara la primera plana de los grandes periódicos ni provocara revuelo política y social) que 15 niñas y un niño tutelados por el Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS) han sido víctimas de explotación sexual desde 2016 y que esta situación es generalizada entre las niñas de los centros de acogida de Mallorca, caso que convierte al Estado en proxeneta directo.

Es un acierto que la obra se llame Prostitución a secas, la palabra que mejor representa a la institución masculina patriarcal más antigua de la humanidad y que a veces políticos e incluso feministas en España tienen miedo a pronunciarla por las connotaciones de que su campo semántico se asocie actualmente a la palabra "abolición", en los albores del #MeToo y la cuarta ola del feminismo.

La puesta en escena explora el transgénero teatral: teatro-revista, teatro-burdel, teatro-documental, teatro-debate feminista, sin que pierdas la tensión durante el hilo del relato que interpretan Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste, documentado e inspirado en testimonios reales de mujeres prostituidas. Las tres alimentan un equilibrado duelo de actrices en el que cada una tienen su momento y espacio para desbordar y demostrar que dan la talla a una variación de registros que incluyen la interpretación musical, el monólogo y el humor. Y todo ello contribuye a hacer soportable como espectadora lo que en la vida misma sería sórdido, inhumano e insoportable, si tuvieras que ser penetrada por boca, vagina y ano por un precio determinado una y otra vez... La música y los vídeos son dos actores nada secundarios, sus intervenciones consolidan una dirección y puesta en escena de alto nivel, a la altura del actual Premio Nacional de Teatro, Andrés Lima.

De entrada, te sitúa en el lugar que hemos ocupado hasta ahora las mujeres en el patriarcado en general y en el mundo de las artes en particular: la mirada de la prostitución es masculina y se posa sobre el objeto del relato: la mujer. Mujeres, las "idénticas" que diría Celia Amorós, dizque individualizadas en un gran mosaico de voces de prostitutas: Amelia Tiganus, Virginie Despentes, la Sra. Rius, Ana María, Isabela, Lucía, Alexia, Alicia… Desde una crítica feminista, la obra parte de una falla básica: en el escenario desaparece por completo el gran actor que sostiene la prostitución a nivel global, el hombre-putero, que en consonancia con la industria del sexo, en el guión se lo denomina "cliente". Los autores han dejado que el putero sólo aparezca en un fondo borroso de vídeos o sentado en la butaca en algunos trozos de la pieza teatral ya que a él se dirige exclusivamente el texto por momentos para: ¿interpelarlo por su posición de dominación y ejercitante de la violencia machista? O, ¿legitimarlo como ausente en un problema que tienen que resolver las idénticas? Sea por lo uno o lo otro, nos deja un nuevo significado que una obra de estas características pueda ser vista en el Teatro Español y no en el circuito del teatro alternativo. Da cuenta de que el debate sobre la prostitución empieza a estar a flor de piel en la sociedad española por demanda del movimiento feminista que lo ha puesto en el centro de la agenda política y ya no va a salir de allí. La revolución feminista va a más y la abolición de la prostitución es una de las vindicaciones irrenunciables desde los orígenes del feminismo como teoría crítica y movimiento social.

Guarda especial relevancia el duelo de discursos entre las posiciones abolicionista y regulacionista, encarnados en el caso de Amelia Tiganus, por Nathalie Poza y de Virginie Despentes por Carmen Machi. Aquí se ve claramente la posición de las mujeres en el patriarcado con relación al debate de la prostitución. Muestra una falsa disputa de posiciones entre mujeres cuando del marco de fondo se ausentan las otras piezas fundamentales del sistema prostitucional: el Estado proxeneta, que permite la explotación sexual de mujeres y niñas; el lobby proxeneta (también completamente ausente en la obra) y resguardado entre los mal llamados empresarios de la industria del sexo, que en España gozan de total impunidad junto a los puteros que sostienen la demanda de prostitución, ambos han encumbrado a este país como el más putero de Europa.

La obra Prostitución no dejará indiferente a nadie que vaya a verla. Bertolt Brecht sostenía que una obra de teatro no debe terminar en reposo ni en equilibrio. Por el contrario, debe mostrar hasta dónde se desequilibra una sociedad y hasta dónde esta debe acelerar la transición hacia un cambio. En la poética de Brecht el mundo se revela transformable y la transformación empieza en el teatro mismo debido a que las y los espectadores ya no delegan poderes en los personajes para que piensen en su lugar, aunque deleguen poderes para que actúen en su lugar.  Prostitución evoca ese espíritu brechtiano de transformación subjetiva: ¿En qué me incumbe esto de la prostitución?

Como mujer feminista, hace tiempo ya que decidí dar un paso adelante e involucrarme en otra poética, la de las oprimidas, que también es una poética de la liberación. Mi liberación al terminar la obra Prostitución consistió en pensar: mientras exista una sola mujer explotada sexualmente en el mundo, ninguna mujer será libre. La prostitución nos afecta a todas las mujeres. También recordé lo que me enseñó un día Amelia Tiganus y que transformó mi vida: sumarme a su alegato y su lucha, la revuelta de las putas por la abolición de la prostitución.