Otras miradas

El ex de Corinna no tiene quien le escriba

Javier López Astilleros

Documentalista y analista político

El rey emérito Juan Carlo I, enuna corrida en la plaza de toros de Aranjuez (Madrid), con su huja Elena, su nieto Frolián, y su fallecida hermana Pilar, en junio de 2019. REUTERS/Juan Medina
El rey emérito Juan Carlo I, enuna corrida en la plaza de toros de Aranjuez (Madrid), con su huja Elena, su nieto Frolián, y su fallecida hermana Pilar, en junio de 2019. REUTERS/Juan Medina

El dinero ilícito acarrea una doble obligación: hay que devolverlo en favores y luego transferir una parte del botín al entorno amoroso y familiar. Quien está interesado en perpetuar su linaje, apellido y gloria, necesita un heredero. Sin medios, de nada sirve una familia extensa, bien nutrida y con un poder arbitrario desde tiempos remotos.

Estos días son muy duros, porque a la tremenda crisis sanitaria se unen las revelaciones nauseabundas sobre las comisiones recibidas por el rey emérito. El diario conservador The Telegraph desnuda la figura del monarca ya en su ocaso, y martiriza a la casa real por las comisiones cobradas por todo un ex jefe de Estado.

Hay quien señala que no es momento para criticar a la institución real, y que es necesario permanecer unidos ante las dificultades ¿Cuándo llegará el tiempo para saldar cuentas con el anterior jefe del Estado? La ruina del emérito se difumina ante esta vulnerabilidad y angustia generalizada.

La furia de Corinna se ha derramado sobre su amante, al que acusa de recibir 100 millones de dólares de la monarquía wahabí (saudi), con el fin de intermediar en la adjudicación de las obras del AVE en favor del consorcio español. Decía Margallo que, si no fuera por él, no se habría firmado tan magno contrato. Es una cifra campechana, pero no es la única. Según Pedro J cobró una cantidad similar de Kuwait, a través de KIO. Los kuwaitíes ansiaban calcinar a las tropas de Sadam, y granjearse el apoyo de los aliados, entre los que estaba España.

Felipe VI rechaza la herencia de su padre, lo que en realidad no es posible, pues éste sigue vivo. Su mensaje ha quedado diluido tras la nacionalización del terror vírico. En este contextotodo privilegiado queda reducido a un guiñapo. Poco importa la monarquía cuando peligran las vidas de los ciudadanos. Sin embargo, el emérito queda con el rostro picado por la viruela de las comisiones.

Toda transacción deja la mitad de su parte en el otro, de ahí que el apego surja con cierta facilidad. ¿Pensó el ex jefe del Estado que el amor de Corinna iba a ser eterno?

Cien millones es una cantidad rotunda para un hombre de campo que no necesita negociar las comas. Es un algoritmo de ida y vuelta que cierra y abre un ciclo.

El emérito cifró su intermediación acorde a su dignidad, como representante de un país acostumbrado al sobre y al picardeo en ciertas notarías. Es cierto que un tren de alta velocidad Meca- Medina es un hito que culmina una reconquista iniciada en una cueva de Asturias por un tal D. Pelayo. El valor del símbolo no es menor, pero es a costa de los borbones. Si el valor de la obra del AVE es de 6.000 millones, los ingenieros pusieron precio a la propia estabilidad de la monarquía.

A veces la mitología obra verdaderos milagros. La historia cuenta que hace centurias que furiosos árabes cabalgaron miles de kilómetros desde la Arabia Félix hasta Iberia. Bastaron 18.000 héroes y una sola batalla para someter a la monarquía gótica, y ocupar casi todo el solar patrio. En este viaje sin embargo no son necesarias batallas heroicas. Es suficiente una transferencia millonaria a través de una fundación para destruir la efigie del emérito. Su única salida es el retiro a un monasterio o casa de campo provista de gamos para entretener sus horas. Pero su suerte no tiene ninguna importancia hoy, sino más bien que sucederá con esta monarquía.