Otras miradas

Los políticos decentes como Julio Anguita siempre estarán en el corazón de la gente humilde

Julio Anguita González era un político honesto, decente y de izquierdas, un hombre forjado como la Piedra de Sílex, como el tronco de un olivo, firme y duro como la encina nacida y criada en nuestra Sierra Bética.

Sabemos que todos tenemos que irnos algún día, pero hay personas como él que cuando se van dejan un reguero de dolor, sentimiento y huellas profundas por su honestidad, ejemplo, dignidad y coherencia. Su vida política ha sido de verdad, no era ningún Superman y vivía tal y como pensaba, haciendo que sus discursos fueran contratos con el pueblo.

Tuve la suerte de militar con él durante 27 años, ya que desde el primer momento en el que se construyó Izquierda Unida Convocatoria por Andalucía, la formación a la que pertenezco, la CUT, formó parte de ese proyecto político. Para nosotros, Julio era un hombre creíble y un gran referente político, que con su práctica como alcalde en la ciudad de Córdoba nos daba confianza. Por eso, desde la CUT firmamos el protocolo de la creación de Convocatoria por Andalucía.

A lo largo de todos esos años, son muchas las vivencias que he tenido la suerte de compartir con él: asambleas, reuniones, mítines, actos, congresos... Recuerdo que en mi pueblo, El Coronil, estuvo muchas veces para participar en infinidad de actos. Respetaba mucho a nuestro pueblo y nuestra lucha, además de tener un profundo sentimiento por los jornaleros/as. De hecho, en el 2008 le hicimos un homenaje que nuestra organización celebraba cada año, creándose a raíz del cumplimiento de años de nuestro pueblo y fue titulado La lucha de un pueblo. Quiero resaltar que él no quería ni homenajes ni hacerse fotos con la gente. Era de esas personas que decía: "No me pidáis fotos y comprometeros más con la causa de la lucha votando a nuestro proyecto político, porque con fotos no cambiamos este sistema". Pero, sinceramente, y esto lo digo con humildad, creo que aceptó venir por la amistad que manteníamos. Un ejemplo más de lo que digo es que cuando se escribió mi libro, Diego Cañamero Valle, el hombre con los pies en la tierra, Joaquín Recio le pidió que hiciera el prólogo y él, sin pensárselo, le contesto: "Será para mí un honor escribir el prólogo de mi amigo Diego Cañamero".

También tengo presente la reunión que tuve con él en Córdoba, en el 2014, cuando estábamos analizando junto a otros sindicatos alternativos a nivel del Estado la idea del SAT de convocar las Marchas de la Dignidad. Yo le planteé que si lo hacíamos bien, enamorábamos al pueblo con nuestros mensajes y contábamos con su apoyo, sumaríamos en Madrid más de un millón de personas. Su reacción no fue otra que extrañarse por mi optimismo, pero me respondió: "Si tú lo crees, yo creeré en ti. Pa' 'lante, cuenta con mi apoyo". Poco después, el 10 de Enero, coincidimos en Mérida, en un acto donde intervinimos Pablo Iglesias, Julio Anguita y yo para explicar el objetivo de las Marchas de la Dignidad y motivar a la gente a que participara en ellas.

Su propósito, como el de cualquier persona que aspira a cambiar la correlación de fuerzas, es contar con la gente, porque el pueblo es el motor del cambio.

Creo que Julio ya creó Podemos en el 1986, pero con otro nombre, aunque tenía las mismas pretensiones. Pero la situación política y económica de esa fecha no favorecieron el cumplimiento de su objetivo. Solo pudo alcanzar 20 diputados en Andalucía y otros 20 a nivel del Estado. Al igual que el nacimiento de Podemos, la idea era crear una organización para la gente desde abajo. Ese era su proyecto, pero el sistema llamado "de libre mercado", el capitalismo, no se lo "permitió" y todos los enemigos del pueblo se unieron para desprestigiarlo a él como persona y a su proyecto político, exactamente igual que está pasando ahora con Podemos. Se quieren cargar a Pablo Iglesias y a su proyecto, pero, como él decía: "Mientras que los trabajadores sigan votando a sus verdugos y el pueblo no entienda y no vea quiénes son sus enemigos, no podremos cambiar esta sociedad".

Ahora todo el mundo habla bien de Julio Anguita, ¡hasta sus enemigos! A él le pasará lo mismo que al Che Guevara, que su nombre lo vemos en cualquier lugar como un héroe, incluso en las tiendas de Amancio Ortega o en El Corte Inglés. El problema es que los muertos no cambian una sociedad. Por eso, el apoyo hay que darlo en vida, para que estas personas puedan legislar y aprobar normas y leyes que mejoren la vida de la gente.

El apoyo lo necesitamos ahora para no sufrir, para mantenernos en pie, sonreír y poder mirar el sol al amanecer y al atardecer, sabiendo que al día siguiente la sonrisa seguirá en nuestros labios.

Los políticos decentes como Julio Anguita siempre estarán en el corazón de la gente humilde.