Otras miradas

Geografía carlista, independentismo y matemáticas

Escena de la guerra carlista en Catalunya.
Escena de la guerra carlista en Catalunya.

En los últimos años se ha abierto un filón histórico que vincula el independentismo catalán al carlismo, especialmente al del siglo XIX. Lo han hecho, tímidamente, historiadores especializados como Jordi Canal o Pedro Rújula. La geografía y el componente social generan ideologías políticas que se transforman en el tiempo, sin embargo, a menudo mantienen componentes originarios. Los centros carlistas del XIX en Cataluña coinciden con los focos independentistas actuales: enclaves en su mayoría del interior y, menos en la costa, que resistieron, de distintas formas, a la revolución liberal, ahora eligen ayuntamientos y diputados indepes en una proporción superior a la representación política de la urbana Barcelona y de centros de industrialización e inmigración. Ciudades como Berga, Amer (Girona), Vic, Olot o las orillas del Ebro son algunos de estos ejemplos que sustentan el vínculo político e histórico entre carlismo y separatismo o, si se prefiere, soberanismo.

La reivindicación de las raíces culturales, la idiosincrasia y la defensa de lo local y propio de la tierra contra lo de fuera (físico o cultural), y la insurrección vinculada al territorio emergen como pilares que arrebatan poder político al Gobierno central en forma de fueros o de competencias administrativas. Esta continuidad en el tiempo pervive hasta en el vocabulario: el catalán de soca-rel (algo así como pura cepa) es secesionista; semánticamente proviene del labrador que trabajaba la tierra. No es una casualidad -ni las palabras son inocentes- que surgiese el término ante el proceso de la industrialización, también fragmentada, en la geografía catalana. El carlismo, como el independentismo, no fue una doctrina estricta y ecuánime, sino que generó diferentes versiones, desde los apostólicos a los neocatólicos; en el siglo XX una sección se apuntó a los requetés. En la década de 1860, oficialmente, dejaron de defender el origen divino de la monarquía para creer que la institución surgía de la tradición. Igual hacía el absolutismo europeo. La religión se perpetúa. No tengo que anunciar aquí el variopinto panorama que ofrece el independentismo actual fraguado en cinco partidos políticos, que coinciden en poco más que en la abolición de la monarquía para diferenciarse también del lema histórico "Dios, Patria, Rey… y (no siempre) Fueros".

He tomado una nueva vara para medir estos vínculos geográficos e ideológicos: las matemáticas -ciencia inexacta en este caso-. A diferencia de la historia que interpreta los hechos, las matemáticas se acercan, estrambóticamente, a la historia. Y he concluido que un 20% de los dirigentes independentistas son de Barcelona –centro urbano e industrializado- y el 80% proviene de la Cataluña interior o de zonas no-urbanas con brotes aislados de industrialización. Barcelona y su área metropolitana reúne a 5.5 millones de habitantes de los 7.5 millones de toda Cataluña. En Barcelona se concentran también muchos catalanes de soca-rel.

Las páginas oficiales o webs de los partidos políticos incluyen datos biográficos de sus dirigentes. Son la fuente de este ejercicio matemático: el lugar de nacimiento y, más importante, de formación de los diez primeros cargos en el organigrama de cada partido -diez, porque en algún número hay que pararse-. Queda excluida la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) porque su organización asamblearia impide el liderazgo personal y omite la biografía oficial de sus cargos rotatorios; falta CUP en esta cábala matemática-política porque no proveen la información. No obstante, en su página oficial CUP se presenta como heredera del Moviment en Defemsa de la Terra. Los asamblearios tienen mayoría en el Ayuntamiento de Berga, capital del carlismo catalán en la Primera Guerra del XIX; el mayor consistorio en sus manos, con 16.000 habitantes. En el Parlament ocupan 4 de los 135 escaños y en el Congreso tienen dos diputadas.

Excluida CUP por el motivo citado, queda ERC y el trío de partidos neo convergentes, reconvertidos al independentismo para deshacerse de su propio pasado, presuntamente, corrupto y dirigido por Jordi Pujol. Estas tres formaciones son Junts per Catalunya (JxC), PDeCAT y Partit Nacionalita de Catalunya (PNC). En la procedencia geográfica de sus dirigentes, los tres partidos van al unísono. La diferencia entre ellos radica más en el proceso de reinvención que en la ideología. En lo económico forman la derecha con barretina que en otro momento intentó crear un banco al que llamó Banca Catalana; hoy pide a CaixaBank que regrese a casa.  ERC, por su parte, en algunos sitios como el Congreso, es de izquierdas y radical mientras que en otros, como ayuntamientos, es de derechas si atendemos a medidas económicas y sociales. ERC, nacida hace 80 años, lleva el cetro del independentismo histórico desde 1978 con un 8 o 10% del voto, aumentado hasta más del 30% desde 2012 con el procés.

Volviendo a las matemáticas y empezando por orden alfabético: ERC tiene 9, de los 10 primeros cargos, procedentes de zonas carlistas en el XIX. Raul Romeva viene a ser la excepción por nacimiento (Madrid) y formación, de aquí a allá; el resto son Oriol Junqueras (Sant Vicenç dels Horts), Marta Rovira (Vic), Pere Aragonés (Pineda de Mar), Marta Vilalta (Torregrossa), Sergi Sabrià (Palafrugell), Roger Torrent (Sarrià de Ter), Carmen Forcadell (Xerta), Dolors Bassa (Torroella de Montgri) y Ester Capella (Seu d’Urgell). Y aquí me salto el criterio del 10 para incluir el 11, a Gabriel Rufián, de Santa Coloma de Gramanet, que difiere de sus colegas por haber nacido y crecido adosado a la Barcelona industrial en donde los ciudadanos viven en barrios abiertos a la mayoría de (más o menos) recién llegados. El anonimato de estos barrios industrializados difiere de la vida en los pueblos o ciudades medias donde las generaciones de familias se conocen y perpetúan desde la cuna hasta la tumba, lo que influye también en la transmisión de ideas y posiciones políticas.

En ERC el 90% de los dirigentes son de soca-rel aunque hoy no toman el arado ni recogen aceitunas; y hasta Pere Aragonés tuvo abuelo alcalde franquista de Pineda de Mar. Si volvemos a la inocencia del vocabulario, citada más arriba, la izquierda de ERC sería el charnego Gabriel Rufián, que ha cometido la osadía de insultar a Joan Coscubiela, del barrio de la Barceloneta, y a Els altres catalans, de Paco Candel (1964), pero se le perdona como pecado de juventud. Por cierto, y hablando de carlismo, Joan Coscubiela tiene un excelente estudio titulado Empantanados. Una alternativa federal al sóviet carlista.

Siguiendo con los números en lugar de la dialectica, en Junts per Catalunya el número uno, Carles Puigdemont, nació, creció y se formó en Amer (Girona), capital del carlismo en la Segunda Guerra, en el seno de una familia con antecedentes carlistas. Los otros dirigentes, según la web, son Quim Torra (Blanes), Laura Borras (Barcelona), Josep Rull (Terrassa), Elsa Artadi (Barcelona), Quim Forn (Barcelona), Jordi Sanchez (Barcelona), Jordi Turull (Parets del Vallés), Roger Espanyol (Tarragona) y Albert Batet (Tarragona). Terrassa y Tarragona mantienen la doble calificación de zona industrial y ciudad mediana. Donde esté Barcelona, nada es centro urbano como ella. En JxC los dirigentes procedentes de la geografía carlista   alcanzan, al menos, un 50%.

De los 10 primeros cargos del Partit Nacionalista de Catalunya en el organigrama de la web, la presidenta, Olga Tortosa, esconde su lugar de nacimiento y formación así que el porcentaje será sobre 9 en lugar de 10. Los otros cargos son Marta Pascal (Vic), Alex Moga (Viella), Oriol Puig (Figueres), Pep Garcia (La Garriga), Merçe Dalmau (Cambrils), Bernat Orellana (Sant Esteva Sesrovires), Marc Tolra (Brugge), Manel Romans (se presenta de Torelló aunque no especifica lugar de nacimiento) y Jordi Gregori (Matadepera). Más cercanos al porcentaje de ERC que al de JxC; un 75% aproximadamente del PNC surge del interior de Cataluña colocando Vic, intenso foco en la Tercera Guerra Carlista, en lugar prominente en el independentismo con dos Martas, Rovira y Pascal. Otra Marta, Ferrusola, cuestionó la representatividad de un hombre llamado José Montilla, de Córdoba, para presidir la (su) Generalitat. Uno de sus hijos es Josep Pujol, aunque nadie es responsable de lo que hagan sus padres, hermanos, primos o sobrinos.

El PDeCAT, por sus 10 primeros cargos, se parece más a JxC que al PNC. También hay una (Susana Rivero Baughman) que omite su lugar de nacimiento y formación a pesar de que en twitter se presenta como "procedencia de Catalunya". De algún sitio tiene que salir si quiere acceder a cargos públicos. Los otros dirigentes son David Bonvehí (Fonollosa), Ferran Bell (Tortosa), Marc Solsona (Mollerusa), Lluís Font (Barcelona), Marc Castells (Igualada), Montserrat Candini (Barcelona), Genis Boadella (Barcelona), Josep Tarín (Bages), y Albert Pineira (Puigcerda). Contando sobre 9 que publican su origen geográfico, un 65% de los dirigentes del PDeCAT surgen de fuera de Barcelona.

Simbólicamente o vinculantemente, los carlistas en la primera guerra (1833-1840) llegaron hasta Gracia e intentaron tomar Barcelona por lo que hoy es el Paseo de Gracia, pero fracasaron en su cometido. De los 40 dirigentes secesionistas incluidos aquí, dos son de origen desconocido, siete de la Barcelona urbana y 31 de la Cataluña interior o ajena a zonas de gran concentración industrial. La correlación de estas cifras encaja en el devenir histórico de Cataluña, su geografía, economía e historia. ¿O quizás es todo pura casualidad y el independentismo anida en feudos carlistas, y clasistas, por capricho del azar?