Otras miradas

Lorca, La Barraca y el caso de Rocío Carrasco

Rocío Carrasco durante su entrevista en Telecinco
Rocío Carrasco durante su entrevista en Telecinco.- MEDIASET

La pregunta que más me han repetido estos días era por qué había ido al programa sobre la docuserie de Rocío Carrasco. Llevo tres temporadas en un plató intentando concienciar sobre la información de violencia de género y su alcance, y he recorrido España de conferencia en conferencia con el mismo objetivo. Y en los dos últimos años he sentido que, por mucha pedagogía que hiciera en esos espacios, había un público inalcanzable. Que, en esos espacios, hablamos al final entre personas que ya estamos convencidas de entrada, pero donde acuden pocas nuevas. 

Con todo eso, me acordé de cómo llegó Vox. No usaron canales elitistas. A más audiencia, más impacto de cualquier mensaje negacionista. Somos el país europeo que más noticias falsas consume. También me acordé de que la ley de Violencia de Género dice que los medios de comunicación tienen que sensibilizar y prevenir y, si eso no ocurre, hay que aprovechar cualquier grieta para hacerlo. Antes de que se cuele un mensaje que niegue esa violencia o que victimice, prefiero ocupar ese espacio y pararlo. 

¿Sobre mí? Me da igual. No es la primera vez que he puesto por delante mi compromiso a mi nombre. Tampoco dejaba de pensar en científicos como Juan José Badiola cuando fue a Sálvame durante la epidemia, comprendiendo que en momentos excepcionales había que hacer pedagogía a toda la población. ¿No se le criticó porque era hombre, porque el tema era científico, porque hablábamos de fallecimientos...? Creo que olvidamos que la violencia de género asesina y eso es grave. Y que contra eso no hay vacuna sino educación, buena información y pedagogía a todos los nieves. 

Mientras, leía artículos que casi condenaban a la hoguera a quienes decidieran poner un pie en Mediaset, a pesar de que dentro hay periodistas feministas que luchan muy solas por conseguir más minutos feministas en su cadena. Esa noche me fui a la cama y pensé en Federico García Lorca. Y, como casi siempre, volví a leer a Federico porque muchas veces me ha dado respuestas cuando no las tenía. Y leí: 

"El artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para buscar las azucenas. Yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás".

"Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas".

"En nuestra época, el poeta ha de abrirse las venas por los demás. Por eso yo […] me he entregado a lo dramático, que nos permite un contacto más directo con las masas."

Lejos de las enormes diferencias y de que las comparaciones no son justas, Federico volvió a darme respuestas. Porque en un momento crucial de la Historia de España, Lorca comprendió que había que hacer pedagogía, llevar cultura lejos de la burguesía y las exquisiteces, ocupar pueblos casi olvidados, personas que jamás habían conocido el arte y que eran considerados casi "animales" por las élites. 

Y por ello, como decía Ian Gibson, él estaba empeñado con La Barraca a llevar arte y no "literatura" a los pueblos. Por eso optó por el teatro, como el mejor canal para hacer llegar la cultura más básica, sin menospreciar. Él sabía que eran obras que ese público comprendería, frente a eruditos que descartaban llevarlas por los pueblos, movidos por los prejuicios y la poca consideración de los demás. 

Lorca fue muy criticado pero dio a todo el mundo una lección de que con el clasismo un país no avanza. Y menos frente a la extrema derecha y al fascismo, en un momento donde ahora también está aumentando y ganando terreno en la información. Y peligrosamente, normalizando su mensaje. O negamos con pedagogía sus mitos y falsa información o seguirán su camino. Recuerdo que Vox lleva la derogación de la ley de Violencia de Género en su programa electoral y que hay ayuntamientos y comunidades autónomas que no guardan ni minutos de silencio por sus víctimas. Me da igual hacer pedagogía con Belén Esteban o mi frutero porque si hay algo es que mucha gente no sabe de qué va esto y hay que enseñar.

Con Federico volví a callar los prejuicios que me llegaban, a saber que si tengo un mensaje que comunicar tengo que aprovechar todas las oportunidades, a que a veces no sirve un ensayo académico porque con eso no llegas a todo el mundo. Que al final tienes que desmenuzar tu mensaje porque estamos aún en un país que no sabe ni de feminismo ni de violencia de género (y menos psicológica), y que igual que la cultura salvaba a un pueblo quizás la información sobre la violencia que padecemos salve alguna vida y dañe menos a otras. 

Por eso, cuando vi las cifras del 016, mientras andaba por Gran Via, tuve que pararme y respirar hondo. Al final, las valientes habéis sido todas las que habéis llamado. Y que sepáis que por reaccionar e informarse en Telecinco y no en una conferencia no sois menos que las demás. Que nadie os haga sentir así.