Otras miradas

Alternativas a las políticas migratorias de la UE desde la izquierda

Sira Rego

Portavoz de Izquierda Unida y eurodiputada de Unidas Podemos

Jon Rodríguez

Responsable de Internacional de Izquierda Unida

Un blindado del Ejército de Tierra maniobra en la playa del Tarajal para evitar la entrada de marroquíes que se lanzan para cruzar nadando la frontera.- JAIRO VARGAS

Hace unos días, un periodista notable contestaba en Twitter con un "no" rotundo a alguien que se preguntaba si la izquierda tenía propuesta alternativa de política migratoria. La situación que se ha desencadenado estos días en Ceuta ha abierto, sin duda, un debate sobre el modelo migratorio, e inevitablemente ha pretendido señalar las costuras de la izquierda ante las acusaciones de "buenismo" jaleadas desde la extrema derecha, que siempre encuentra en las situaciones de máximo dolor y sufrimiento humano una oportunidad para alimentar su narrativa del odio.

La cuestión migratoria tiene una complejidad extraordinaria que debe ser considerada en una dimensión global y profunda. Es un proceso consustancial a los seres humanos, la humanidad en sí misma es el producto de los procesos migratorios históricos. Por eso, y porque es una idea profundamente racista, se equivocan quienes creen que es posible acabar con la migración. Ni es una opción ni sería deseable para nuestras sociedades. La migración genera problemas como los que hemos visto en tanto que se produce sin derechos, dado que las leyes europeas obligan a la gente a migrar o buscar asilo en la precariedad más absoluta. El problema no es la migración, sino las políticas migratorias y de asilo que tenemos. Pero, al contrario de lo que se pretende instalar en el imaginario colectivo, no sólo existe la opción de asumir la agenda de la extrema derecha de reforzar muros y militarizar fronteras, sino que hay decisiones inmediatas que deberían y podrían tomarse, y que serían capaces de poner fin a la actual situación y articular una política centrada en los derechos humanos.

Primero deberíamos reconocer algo sustancial: en la mayoría de los casos, la migración hoy es consecuencia de procesos post coloniales, del cambio climático o de conflictos bélicos, que han dejado desguazados económica y socialmente muchos países y sin posibilidad de futuro a muchos de sus habitantes. El ejemplo de África es paradigmático, un continente de extraordinaria riqueza de recursos pero en manos de multinacionales que quitan y ponen gobiernos títeres y cuyo resultado es la pobreza extrema para sus pueblos.

En cualquier caso, causas distintas con un denominador común: la acción y participación directa de muchas potencias europeas que han mantenido durante años y siguen manteniendo una presencia de ocupación económica e incluso militar en la zona. Países enormemente ricos en recursos naturales como Níger o Senegal tienen a la mayoría de su población en condiciones de pobreza, precisamente por esa ocupación económica que genera unas dinámicas relacionales neocoloniales con Europa. Los bancos pesqueros senegaleses esquilmados por las políticas pesqueras de la UE o la explotación por empresas europeas de los ingentes recursos mineros de Níger son prueba de ello.

Por eso, la propuesta de seguir bloqueando por todos los medios la llegada de quienes huyen como consecuencia de nuestro despliegue político y económico, es sencillamente obscena. Es decir, reforzando las fronteras exteriores de la UE con esos 79.500 millones de euros previstos para el periodo 2021-2027 (más 9.500 millones para intervenciones rápidas), a través de acuerdos con terceros países, sólo supone que la Comisión Europea normalice y asuma la política migratoria de la extrema derecha.

La asunción del discurso ultra de defensa de las fronteras como si estuviéramos sometidos a un ataque, de criminalización de las personas migrantes y hacer de las deportaciones el eje de las políticas migratorias es uno de los mayores éxitos de la extrema derecha que, a pesar de gobernar tan sólo en tres Estados miembros (Hungría, Polonia y Eslovenia), ha impuesto su agenda y su discurso sobre líderes de la UE como el vicepresidente Margaritis Schinas. La UE y sus Estados han decidido apostar por un modelo fracasado que nos lleva a ser rehenes de gobiernos autoritarios como el marroquí o el turco, que no dudan aplicar el chantaje utilizando vidas humanas para desplegar sus intereses geoestratégicos o áreas de influencia territorial.

El acuerdo de la UE con Marruecos hace que el país haya recibido más de 13.000 millones de euros desde 2007 para el control de la frontera sur aplicando la fuerza y la violencia sistemática contra seres humanos. Esto va acompañado de un acuerdo pesquero preferente y un acuerdo agrícola que explotan los recursos saharauis y que, a pesar de que el Tribunal de Justicia de la UE los ha puesto en evidencia, siguen vigentes. Por último, de una actitud pasiva de la UE y España frente a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental. La UE y España renuncian a apoyar la causa saharaui mientras que Marruecos custodie la llave de la entrada de personas migrantes y refugiadas a Europa, con el consiguiente poder que eso otorga .

Pero para resolver esta situación no sólo es necesario abandonar estos acuerdos con Marruecos, sino que hay que reorientar toda la política migratoria y de asilo europea. Y ahí, frente a quienes nos acusan de buenistas, o directamente de no tener propuestas, aquí hay algunas ideas que podrían implantarse mañana mismo y que evitarían imágenes como las de Ceuta.

Vías legales y seguras con visados en origen para que quien quiera migrar o se vea obligado a dejar su país pueda hacerlo con garantías, un simple procedimiento administrativo que desactivaría a las mafias y evitaría que nadie se juegue la vida en el mar, acabando con las rutas migratorias más peligrosas que obligan a personas migrantes y refugiadas a cruzar desiertos y mares en lugar de poder acceder a nuestro continente en un avión, tal y como viajaríamos nosotras al suyo.

Acabar con un régimen de visados intrínsecamente racista, que mientras nos permite a las europeas y europeos viajar a casi cualquier país del mundo, hace imposible que incluso quienes huyen de países en guerra puedan acceder a la UE.

Un cuerpo europeo civil y público de búsqueda y rescate en el mar. España es el único país de la UE con un organismo de este tipo: Salvamento Marítimo. Implantar un cuerpo de salvamento marítimo europeo es factible y sólo hace falta voluntad política. En lugar de seguir inflando con miles de millones las cuentas de Frontex, busquemos alianzas con todas las ONG que operan en el Mediterráneo salvando vidas y avancemos de verdad en la creación de un dispositivo público de búsqueda y rescate.

Reparto solidario y vinculante de personas migrantes y refugiadas entre los Estados miembros. Esto mejoraría la situación en los países del Sur, permitiéndoles organizar una acogida digna y evitaría la creación de macrocampamentos que están convirtiendo nuestras islas en un agujero negro para los derechos humanos.

Y la acogida digna debe ir acompañada de una fuerte inversión de fondos europeos en los territorios que somos frontera exterior. Lampedusa, las islas griegas, Canarias, Ceuta y Melilla son zonas a las que Europa les debe un plan de desarrollo específico. Ese dinero público debe ir orientado a reforzar el empleo, los servicios públicos y las oportunidades de las poblaciones de acogida.

Hay recursos suficientes y potencial humano para cambiar las cosas desde este preciso momento. Pero por desgracia, el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo que presentó la Comisión Europea en septiembre del año pasado no recoge ninguna de estas reivindicaciones básicas y ahonda en las políticas de violación de los derechos humanos que ya se aplican en las fronteras externas de la UE. Por ello, en el Parlamento Europeo trabajaremos por tumbar esta propuesta y poner sobre la mesa una legislación que verdaderamente confronte con la extrema derecha, que ponga en el centro los derechos humanos y la contribución positiva que hacen a nuestras sociedades quienes vienen de fuera. Nuestra humanidad depende de ello.